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    El anexo que existe pero no está, y el empleado que sigue en el limbo

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    By principedelmanicomio on 25 julio, 2026 Artículos periodísticos

    O cómo en Zárate una auditoría que ‘exime’ no alcanza para reincorporar, pero tampoco para despedir. Magia negra, monotributista de por medio.

     

    📅 El tiempo pasó, el balón rodó, el anexo sigue en el limbo

    Hace una semana, mientras el país gritaba goles contra Inglaterra, el municipio de Zárate publicaba en el Boletín Oficial Municipal N° 276 del 15 de julio, el Decreto 235/26. Un decreto que, en teoría, cerraba la auditoría sobre Alejandro Ferreyra. Un decreto que, en su texto, juraba y perjuraba que el informe de la Subsecretaría de Asuntos Legales formaba parte integrante como ‘Anexo Único’.

    El problema, como ya contamos, es que el anexo no estaba. Ni rastro.

    Pero acá viene lo nuevo: ya pasaron los días, ya salió el BOM 277 el 17 de julio, el BOM 278 el 22 de julio y el anexo sigue sin aparecer. No hubo fe de erratas, no hubo corrección, no hubo ‘ups, se nos cayó del PDF’. Nada. El decreto sigue ahí, colgado del SIBOM, citando un documento que los vecinos no pueden ver en el único lugar donde la ley dice que debe estar: el Boletín Oficial Municipal.

    Y la verdad es que esto ya no da para más excusas. No es un error de tipeo. No es un ‘se nos pasó subir el archivo’. Es una omisión que se sostiene en el tiempo, que sobrevive a dos ediciones del boletín, que parece diseñada para que nadie la note. ¿O es que alguien en el Palacio Municipal cree que si no está en el BOM, no existe?

     

    🔍 La ‘auditoría’ que vive en la web y muere en el boletín

    Acá viene el giro que convierte esta historia de incompetencia administrativa en algo mucho más inquietante. Porque el documento sí existe. No es un fantasma. No es un invento del decreto.

    Está publicado en el sitio web de la Municipalidad de Zárate, fechado el 7 de julio de 2026, firmado por la Subsecretaría de Asuntos Legales a cargo del monotributista Hugo Albesa: https://zarate.gob.ar/auditoria-administrativa-decreto-n-185-26/

    Y dice, en síntesis, que no surge vinculación alguna entre Alejandro Ferreyra y los hechos investigados en las causas penales que motivaron su desafectación. Que compulsaron expedientes, que pidieron autorización a la Justicia, que revisaron papeles. Conclusión: nada. Ferreyra, según este texto, no tiene nada que ver.

    Es decir: el Municipio tiene el documento listo, redactado, firmado. Lo subió a su página web. Pero cuando firmó el decreto que daba por cumplida la auditoría, no lo incluyó como anexo en el Boletín Oficial. El decreto lo cita, lo nombra, le da rango de ‘Anexo Único’, pero el documento no está donde debería estar.

    Y entonces la pregunta ya no es ‘¿existe el informe?’. La pregunta es: ¿por qué no está en el BOM si ya está en la web?

    Hay dos respuestas posibles, y ninguna es tranquilizadora.

    La primera: alguien se dio cuenta de que publicar el informe en el Boletín Oficial le daría rango legal, accesibilidad permanente y posibilidad de que cualquier vecino lo descargue, lo archive, lo cite. Y prefirieron dejarlo fuera. Dejarlo en la web, donde las páginas pueden cambiar, moverse, desaparecer. Donde no hay número de boletín, no hay fecha de publicación oficial, no hay respaldo legal irrefutable.

    La segunda: el informe dice algo que incomoda, y aunque la conclusión formal sea que Ferreyra no está vinculado, el camino para llegar a esa conclusión, las actuaciones, las compulsas, lo que se pidió y a quién, no es algo que quieran tener en el Boletín Oficial para siempre. Porque en el BOM queda. En la web, no.

    Elijan la que prefieran. Las dos huelen mal.

     

    🎭 El informe no es la auditoría: es lo que Albesa decidió contar

    Pero hay algo más grave, y es que lo que está en la web no es la auditoría. Un informe no es una auditoría, es un informe. Una síntesis. Un resumen redactado por Hugo Albesa, el mismo subsecretario que ya habíamos analizado en De la usurpación a la promoción inmobiliaria: el arte de convertir un baldío en negocio millonario, el que como monotributista modificó la postura del Municipio a favor de un desarrollador privado.

    Ese Albesa ahora es el único narrador de lo que pasó en la auditoría. No hay actas públicas de las diligencias. No hay registro de a quién se le pidió qué. No hay copias de las presentaciones ante la Justicia. Solo hay un texto de seis párrafos, en la web municipal, donde Albesa dice que revisó papeles y no encontró nada.

    ¿Y si la auditoría completa dice otra cosa? ¿Y si hay matices, advertencias, recomendaciones que Albesa decidió no incluir en su ‘síntesis’? ¿Y si el informe es exactamente lo que el Ejecutivo necesitaba escuchar para cerrar el tema sin reincorporar a Ferreyra ni explicar por qué lo apartaron en primer lugar?

    En cualquier lugar serio, una auditoría administrativa sobre un funcionario desafectado produce un expediente grueso, con anexos, con copias, con constancias. Acá tenemos un texto de blog. Un PDF sin firma digital visible, sin numeración de folios, sin posibilidad de que un vecino verifique si lo que dice Albesa coincide con lo que realmente pasó.

    El informe no es la auditoría. Es lo que Albesa quiere que creamos que fue la auditoría. Y eso, en boca de un funcionario municipal con su historial, no alcanza ni para tapar un agujero, menos para cerrar una crisis institucional.

     

    ⚖️ El limbo de Ferreyra: ni adentro ni afuera, ni reincorporado ni despedido

    Pero acá viene la pregunta que realmente incomoda. La que nadie en el Palacio Municipal quiere responder. La que los veinte concejales de Zárate prefieren no hacer en voz alta.

    Si la auditoría, o el informe de Albesa, que es lo único publicado, concluye que no hay vinculación entre Ferreyra y los hechos investigados, ¿por qué no se lo reincorpora?

    No es una pregunta retórica. Es una pregunta de lógica básica. Si un funcionario es desafectado preventivamente porque se investiga su posible vinculación con hechos delictivos, y la investigación interna concluye que no hay tal vinculación, el paso siguiente es obvio: se levanta la medida y se lo reincorpora. O, si el gobierno considera que hay otros motivos para mantenerlo afuera, se le realiza un sumario, se lo desafecta o no definitivamente. Se hace algo. Se decide. Lo mismo que Matzkin le pide a los concejales… pero que él no hace.

    Pero en Zárate, no. En Zárate, Ferreyra sigue en el limbo. Desafectado desde el 26 de mayo. Sin goce de haberes. Sin cargo. Sin reincorporación. Pero tampoco con un despido firme. Ni adentro ni afuera. Un zombie administrativo.

    ¿Por qué? ¿Por qué ese limbo eterno?

    La respuesta, claro, no está en el decreto. Está en lo que el decreto no dice. Si Ferreyra fuera reincorporado, el gobierno tendría que admitir que lo apartó sin razones sólidas, que la crisis fue un show montado para la tribuna, que el Secretario Iglesias y el Intendente Matzkin se contradijeron públicamente por algo que, al final, no existía. Y si lo despiden definitivamente, tendrían que probar otra cosa, algo que la auditoría de Albesa no encontró.

    Entonces, la solución Matzkin es la que mejor le funciona: no decidir. Dejarlo colgado. Dejarlo en la nada administrativa. Que Ferreyra siga sin cobrar, sin trabajar, sin saber si algún día vuelve o si ya no. Que el tema se enfríe. Que la gente se olvide. Que otro escándalo ocupe la portada.

    Y mientras tanto, el cargo de Subsecretario de Prevención y Seguridad está ocupado por otra persona. El área funciona sin Ferreyra. El gobierno sigue. Y Ferreyra sigue pagando el pato de una crisis que, según el propio informe del gobierno, no tenía fundamento.

    ¿Eso es justicia administrativa? ¿Eso es transparencia? ¿O es simplemente venganza política disfrazada de prudencia?

     

    🤐 Veinte concejales, veinte silencios, veinte cómplices

    Y acá viene la parte que realmente duele. Porque no es que nadie se dio cuenta. Es que nadie quiere darse cuenta.

    Desde que estalló la crisis de Ferreyra, el Concejo Deliberante de Zárate demostró una habilidad casi artística para no hacer su trabajo. Como contábamos en ¿Quién es el mentiroso: Matzkin o Iglesias?, la contradicción entre el intendente y su secretario de Protección Ciudadana quedó flotando en el aire sin que ningún bloque la agarrara. Como señalamos en Iglesias va a la Comisión: el circo sigue, pero ahora en una sala más chica, la ‘convocatoria’ al Secretario fue una invitación informal sin acta vinculante. Como mostramos en No aclaren que oscurecen, Iglesias corrigió lo secundario y se calló lo fundamental.

    Y ahora, frente a un decreto que cierra una auditoría sin publicar su resultado en el Boletín Oficial, y frente a un funcionario que sigue en el limbo a pesar de que el propio gobierno dice que no tiene culpa, el silencio sigue siendo total.

    ¿Por qué? ¿Por qué nadie pide explicaciones?

    La respuesta, lamentablemente, no es misteriosa. En Zárate, el Concejo Deliberante no funciona como contrapeso. Funciona como anexo decorativo del Ejecutivo. Se usa para que un grupo de personas, supuestamente concejales, cobren cifras millonarias a fin de mes. Los bloques que deberían controlar prefieren no incomodar. Los que podrían interpelar eligen no hacerlo. Y los que tienen la lapicera para pedir informes formales la dejan en el cajón, porque pedir significa enterarse, y enterarse significa tener que actuar. Y actuar, en este distrito, cuesta caro.

    Veinte concejales en silencio y el resultado es siempre el mismo: el Ejecutivo hace lo que quiere, publica lo que quiere, omite lo que quiere, deja a quien quiere en el limbo, y nadie le dice nada.

     

    🎯 El modus operandi que ya no es error: es arquitectura

    Si algo queda claro con el paso de los días, es que esto no es una serie de deslices aislados. Es un patrón. Un diseño.

    Ya pasó con el Decreto 185/26, que tuvo que ser ‘corregido’ con una fe de erratas que reemplazaba un artículo entero. Ya pasó con el Decreto 227/26, que citaba la norma provincial equivocada. Ya pasó con otros decretos que, apenas los señalamos, aparecían correcciones a contrarreloj. Y ahora pasa con el 235/26: el anexo existe en la web, pero no existe en el Boletín Oficial. Y Ferreyra sigue desafectado, aunque el informe del gobierno supuestamente dice que no debería estarlo.

    La estrategia es evidente: publicá lo incómodo en el momento exacto en que nadie mira, ocultá los anexos donde la ley exige que estén, dejá a los funcionarios en el limbo para no tener que explicar nada, y si alguien se da cuenta, corregí a contrarreloj para que parezca un descuido. Pero los descuidos no se repiten sistemáticamente. Los descuidos no eligen siempre el día del partido. Los descuidos no dejan a un empleado sin trabajo ni reincorporación durante meses.

    Esto es, pura y duramente, gestión de la información a favor del poder y en contra del ciudadano. Es usar el Boletín Oficial como escaparate de lo que quieren que se vea, y como caja fuerte de lo que no. Es tratarnos como tontos. Y lo peor es que, mientras tanto los concejales miran para otro lado, el truco funciona.

     

    🐭 ¿Y ahora qué? La fe de ratas que no llega, y el limbo que no termina

    Seguramente, después de esta nota, alguien en el Palacio Municipal se va a acordar de que ‘faltaba subir el anexo’. Aparecerá en el SIBOM con una disculpa de colegial distraído. Una fe de ratas, como bien llamamos a estas correcciones que huelen a pánico.

    Pero el daño ya está hecho. El decreto se publicó el 15 de julio sin anexo. Pasó el 17, salió el BOM 277, y el anexo siguió sin estar. Pasaron los días, y nadie del Concejo, ningún bloque, ningún concejal, pidió explicaciones formales. El informe vive en la web, pero no en el boletín oficial. Ferreyra sigue desafectado, aunque la auditoría dice que no hay razones. Y el cargo sigue ocupado por otra persona, sin que nadie explique cuándo ni cómo se cubrió.

    ¿Por qué no lo reincorporan si la auditoría lo exime? ¿Por qué no lo despiden definitivamente si creen que debe seguir afuera? ¿Por qué ese limbo eterno, esa incomunicación administrativa, esa ausencia de decisión?

    Esas preguntas, como tantas otras en Zárate, no tienen respuesta pública. Porque en Zárate, la respuesta pública es exactamente lo que el Ejecutivo decide que sea. Y el Concejo Deliberante, con su silencio, lo ratifica todos los días.

    Mientras tanto, Ferreyra sigue esperando. Y los zarateños seguimos mirando.

    ‘Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copias a sus amigos: nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad. Derrote el terror.’

    RODOLFO WALSH – AGENCIA CLANDESTINA DE NOTICIAS

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