Los análisis serios no se construyen con retazos unidos caprichosamente, sino con el estudio profundo de toda la información disponible. Eso es lo que diferencia el debate democrático de la operación de prensa o judicial. Y la ciudadanía, a esta altura, ya sabe distinguir perfectamente entre uno y otras.
Buscando: Osvaldo Cáffaro
Como dijera Arturo Jauretche, lo importante no es cambiar de collar sino dejar de ser perro. En Zárate ni siquiera se cambió de collar, solo por un rato hay otro paseador, que sigue los mismos pasos, ¿terminará en el mismo destino?
Hoy, el Partido de Zárate celebra su 171° aniversario, un hito que invita a reflexionar…
La pregunta del título encierra una afirmación que ya todos intuíamos pero que nadie quería decir en voz alta: Fuerza Patria está jugando. El problema es que no sabemos exactamente a qué. O peor aún: sí lo sabemos, pero nos negamos a aceptarlo. Y ese es el interrogante que dispara esta columna. Porque cuando las fichas empiezan a caer, el tablero muestra un diseño que ya conocemos de memoria.
Cuatro años después, la Justicia nos dio su veredicto: en el reino del caffarismo, los errores no son delitos, son apenas inconvenientes administrativos. Y los Decretos firmados desde el futuro, bueno, son muestras de eficiencia anticipada.
Los hechos están sobre la mesa. Los documentos, expuestos. Las mentiras de Matzkin, evidenciadas. El doble discurso, desnudado. La pulsión autoritaria de Iglesias, documentada.
Sin alternativa no hay alternancia. Y sin alternancia, lo que tenés es una monarquía con urnas.
Torres no vino a gobernar para los zarateños. Vino a acomodarse, una vez más, en el lugar que le dieron. Y cuando ese lugar deje de servirle, saltará al próximo. Porque eso es lo que hacen los oportunistas profesionales: saltan. Siempre saltan.
Hoy el proceso electoral de dos tiempos expuso dos derrotas oficialistas consecutivas en menos de dos meses. Dos. Seguidas. Como si la ciudadanía estuviera tratando de enviar un mensaje en código Morse político: “Che, no nos gusta el rumbo”. Pero en el recinto parece que nadie tiene receptor.
Si la democracia se nutre de acceso, control y participación ciudadana -y no de oscuridad o silencio digital-, entonces la gestión que permite esto está fallando. En Zárate, los ciudadanos merecen algo más que pantallas de error: merecen instituciones que trabajen en la luz, no en la sombra.