¿El Ejecutivo municipal radicará la denuncia correspondiente contra el Hotel Days Inn? ¿Actuará de oficio alguno de los Juzgados de Faltas de Zárate? ¿O se harán los boludos como siempre?
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Bienvenidos a Zárate: donde la información pública es una matrioshka infinita y el organigrama municipal es tan real como el Cuco. Donde prometer es gratis y cumplir es opcional. Donde la democracia es un espectáculo y la transparencia, una ilusión óptica.
Bienvenidos a Zárate: donde la información pública es una matrioshka infinita y el organigrama municipal es tan real como el Cuco. Donde prometer es gratis y cumplir es opcional. Donde la democracia es un espectáculo y la transparencia, una ilusión óptica.
El futuro que Matzkin promete está encerrado en un pliego que nadie puede ver. Y eso, queridos vecinos, tiene un nombre: opacidad. Con inteligencia artificial o sin ella.
El futuro que Matzkin promete está encerrado en un pliego que nadie puede ver. Y eso, queridos vecinos, tiene un nombre: opacidad. Con inteligencia artificial o sin ella.
¿Qué hay detrás de Zara? La pregunta sigue ahí, flotando en el aire zarateño, esperando una respuesta que nunca llegará. Porque en esta gestión, las respuestas son tan no humanas como la nueva funcionaria.
Mientras exista este sistema donde el poder económico compra al poder político, mientras sigan los contratos millonarios para los mismos empresarios, mientras el Concejo Deliberante siga siendo una escribanía del Ejecutivo, Zárate seguirá siendo una plutocracia disfrazada de democracia.
Mientras en el relato se gobierna para los que menos tienen, los datos demuestran que lo que se prioriza es la posibilidad de negocio de los que más tienen.
El ladrón cree que todos son de su condición. Quien se vende al mejor postor cree que puede comprar cuánto quiere. Pero acá viene el detalle que estos iluminados no entienden: no es lo mismo tener valor, que tener precio.
El poder sin control es tiranía. El control sin poder es decorado. En Zárate tenemos ambas cosas: un Ejecutivo que hace lo que quiere y un Concejo que mira para otro lado. Y mientras tanto, los vecinos pagan el precio de este circo institucional.