La pregunta del título encierra una afirmación que ya todos intuíamos pero que nadie quería decir en voz alta: Fuerza Patria está jugando. El problema es que no sabemos exactamente a qué. O peor aún: sí lo sabemos, pero nos negamos a aceptarlo. Y ese es el interrogante que dispara esta columna. Porque cuando las fichas empiezan a caer, el tablero muestra un diseño que ya conocemos de memoria.

Todos los actores políticos son cómplices de esta degradación institucional. No importa el partido, no importa el color, no importa el discurso marketinero que vendan en las redes sociales. Más allá de lo que dicen en sus comunicados pomposos y sus posteos de Facebook, en los hechos terminan reproduciendo exactamente lo mismo que dicen querer combatir.

Mucho hemos escrito respecto a las consecuencias de que el Secretario de Prevención Ciudadana Juan Manuel Iglesias no viva en Zárate. Y la verdad es que ya cansa repetir lo obvio, así que esta vez iremos directo al hueso con una serie de preguntas incómodas. Cortitas y al pie.

¿Marcelo Matzkin hará lo que dijo que iba a hacer o reculará ante Mónica Federicci? Porque ese es el tema de fondo: ¿quién tiene realmente el poder en este gobierno?
Matzkin puede tener el sello y el despacho del intendente, pero si cada vez que intenta tomar una decisión tiene que negociar con los dueños de las parcelas del poder municipal, ¿de qué sirve el cargo?

Lo más triste de todo esto no es ni siquiera la maniobra en sí, que ya de por sí es grave. Lo más triste es el descaro. La impunidad con la que operan. La certeza de que nadie va a hacer nada, que el Concejo seguirá durmiendo la siesta, que la paga mensual no corre riesgo, que los medios locales alineados seguirán mirando para otro lado, y que la oposición seguirá siendo funcional al poder.

Un funcionario que no tolera la crítica, que bloquea en lugar de debatir, que miente en su Declaración Jurada, que usa bienes del Estado para su beneficio personal, que direcciona licitaciones, que contrata conocidos, es un funcionario que no respeta las instituciones democráticas. Es un funcionario no puede ni debe ser funcionario.

Al final del día, lo que estamos presenciando en Zárate no es construcción política. No es gobernabilidad. No es búsqueda del bien común. Es simple y llanamente negocio personal. Es la vieja y conocida práctica de usar el Estado como agencia de empleos para los amigos políticos. Es la puerta giratoria que gira y gira y gira, siempre con los mismos apellidos rotando de cargo en cargo.

al final del día, la política bonaerense es eso: una escalera caracol donde todos suben pensando que van hacia arriba, pero en realidad solo están dando vueltas en el mismo lugar. Y Ranzini, con su nuevo cargo en el BAPRO, acaba de completar una vuelta más. ¿Cuántas le quedarán? El tiempo lo dirá. Pero apostamos a que muchas. Porque en este circo, los que saben hacer malabares con sus convicciones siempre tienen trabajo.