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    Paliza electoral: el inevitable colapso del experimento Matzkin

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    By principedelmanicomio on 8 septiembre, 2025 Artículos periodísticos

    No hay otro título posible para semejante debacle

    La elección de ayer fue una paliza contundente para La Libertad Avanza de Zárate y especialmente para el intendente Marcelo Matzkin, quien pretendía consolidar su proyecto político a través de una estrategia errática que terminó siendo su sentencia de muerte electoral.

    Perdió Stefanía Rodríguez Schatz, su candidata local y carta fuerte para mantener el control territorial.

    Perdió Natalia Blanco, su candidata seccional que no logró conectar con el electorado provincial.

    Perdió, y quedó fuera de la Legislatura provincial, Matías Ranzini, su referente provincial y pieza clave del armado territorial.

    Cristian Ritondo no perdió porque no se candidateó, pero está claro que su estrategia política fracasó estrepitosamente. Y fracasó porque apostaron a la polarización extrema sin comprender que esa táctica no basta en elecciones legislativas, donde el ‘voto útil’ no opera de la misma manera que en una elección presidencial.

    Perdió Marcelo Matzkin.

     

    La Teoría de Juegos aplicada a la política electoral: cuando la estrategia se vuelve autodestructiva

    Para comprender la magnitud del error estratégico del oficialismo zarateño, resulta fundamental analizar la competencia electoral desde la teoría de juegos, diferenciando entre juegos de suma cero y juegos de suma positiva.

     

    Elecciones de suma cero: la lógica del todo o nada

    Las elecciones de suma cero son aquellas en las que el beneficio de un actor político supone necesariamente la pérdida de otro en la misma magnitud. El caso paradigmático es la elección presidencial en sistemas uninominales: un solo candidato o fórmula obtiene el cargo, mientras que el resto de los competidores queda completamente excluido del poder.

    Este tipo de competencia concentra la atención en el desenlace binario: ganar o perder. Por ello, los incentivos predominantes son la polarización extrema, la construcción de mayorías amplias a cualquier costo y el despliegue de estrategias agresivas, dado que el ganador se lleva todo y los derrotados no obtienen ningún espacio de poder institucional.

    En este contexto, las campañas negativas, los ataques personales y la construcción de un enemigo se vuelven herramientas legítimas y hasta necesarias para movilizar al electorado propio y desmovilizar al ajeno.

     

    Elecciones de suma positiva: la lógica de la distribución proporcional

    En contraste a lo apuntado, las elecciones de suma positiva se caracterizan porque más de un actor puede obtener beneficios simultáneamente. Las elecciones legislativas constituyen el mejor ejemplo: las bancas se distribuyen entre las fuerzas políticas de acuerdo con la proporción de votos obtenidos, no mediante un sistema de ganador único.

    En este escenario, la ganancia de un partido no implica necesariamente la pérdida total de otro. Aunque las fuerzas difieren en su magnitud de representación, casi todas las que superan un umbral mínimo logran escaños. Se trata, por tanto, de una competencia donde existen múltiples ganadores y donde la moderación puede ser más efectiva que la radicalización.

    Esta diferencia no es meramente técnica. En elecciones de suma positiva:

    • Se promueve la pluralidad en la representación parlamentaria, lo que obliga a los partidos a moderar sus posiciones para no alienar sectores del electorado.
    • Surgen incentivos para la negociación y la cooperación legislativa, dado que pocas veces un solo partido alcanza la mayoría absoluta necesaria para imponer su agenda.
    • Se abre espacio para partidos medianos y pequeños, que pueden incidir en la agenda legislativa aun sin ser la primera fuerza electoral.

    En cambio, las elecciones de suma cero consolidan un esquema de fuerte concentración del poder, en el que el ganador adquiere legitimidad exclusiva para gobernar sin necesidad de negociar con otras fuerzas.

     

    El error estratégico del oficialismo: confundir el tablero de juego

    Las elecciones de ayer: cuando la angurria supera a la estrategia

    El oficialismo local podría haber apelado a esta lógica diferencial y comprender que las elecciones de medio término, como ha sucedido mayoritamente en Zárate, son estructuralmente difíciles para el gobierno de turno. Sin embargo, por pura angurria política, pretendieron llevarse todo por delante aplicando una lógica presidencial a una contienda legislativa.

    Matzkin y su entorno apostaron al todo o nada, decidieron plebiscitar la gestión poniendo al Intendente Municipal al frente de la campaña electoral, y el resultado fue absolutamente catastrófico. Esta estrategia reveló no solo una profunda incomprensión de las dinámicas electorales, sino también una arrogancia desmedida que terminó siendo su perdición.

    El oficialismo local apostó a polarizar artificialmente una elección que, por su naturaleza proporcional, requería de construcción de consensos y moderación discursiva. En lugar de presentar una propuesta de gestión sólida y defendible, optaron por atacar sistemáticamente a todas las fuerzas opositoras, creyendo que podían replicar el esquema de ‘grieta’ que había funcionado en otros contextos.

    Matzkin perdió, y con él se desplomó toda la alianza local que había construido junto a La Libertad Avanza y la Unión Cívica Radical, una coalición que desde su origen lucía forzada y oportunista.

     

    Los números de la debacle: anatomía de una derrota anunciada

    Primer indicador: la desmovilización electoral

    Los resultados son absolutamente contundentes. El primero de ellos, la baja participación: 10 puntos porcentuales por debajo de la última elección parlamentaria. Este dato no es menor, ya que revela que el oficialismo no logró entusiasmar ni siquiera a su propio electorado, mientras que la oposición tampoco consiguió generar una movilización masiva.

    Esta desmovilización generalizada es síntoma de una sociedad hastiada de la política municipal y el desencanto con las opciones disponibles. Sin embargo, es especialmente grave para el oficialismo, que contaba con todas las herramientas del Estado para movilizar a sus simpatizantes.

     

    Segundo indicador: la inversión del resultado de 2023

    El segundo dato demoledor es el resultado total del Distrito, donde Matzkin perdió por más votos que la cantidad por la que había ganado dos años atrás. Esta inversión completa del resultado electoral demuestra que no hubo consolidación del proyecto político oficialista, sino todo lo contrario: una erosión sistemática del apoyo ciudadano.

    Si en 2023 Matzkin había logrado imponerse con poco más del 42% de los votos sobre una oposición fragmentada, en esta ocasión ni siquiera pudo retener a una parte significativa de ese electorado que había confiado en su propuesta de cambio.

     

    Tercer indicador: la pérdida del control territorial

    El tercero, y quizás el más revelador, es el reparto por circuito, donde queda absolutamente claro que al perder injerencia en el eje Justa Lima – Félix Pagola, la derrota estaba cantada. Allí se disputa tradicionalmente la elección zarateña: si el PJ en sus variadas vertientes logra emparejar la elección en esa zona, tiene el triunfo prácticamente asegurado.

    Y eso fue exactamente lo que ocurrió, aún después del espectáculo deplorable dió el peronismo local en el último tiempo con sus internas públicas y sus disputas de poder. Esto demuestra que el voto peronista en Zárate tiene una solidez estructural que trasciende las coyunturas. Al votante peronista lo mueven otras motivaciones ajenas a lo que pasa en el interior del Partido.

    El Concejo Deliberante: un equilibrio inestable

    Con estos números, el Concejo Deliberante queda en un frágil equilibrio político: 9 legisladores de la entente oficialista, 9 concejales de Fuerza Patria, 1 del Partido Demócrata y 1 de Nuevos Aires. Estas dos últimas fuerzas se presentaron a los comicios y fueron derrotadas con contundencia, lo que las convierte en actores marginales del nuevo escenario político.

    Sin embargo, aquí surge una complicación adicional para el oficialismo. Habría que hacer una salvedad importante en el bloque oficialista, que contabilizamos con 9 integrantes ‘en los papeles’, pero que podrían ser efectivamente 8, dando lugar a la formación de un nuevo monobloque.

    ¿Qué rol desempeñará Viviana Nazábal, quien se había candidateado inicialmente por una fuerza opositora, luego renunció a dicha lista, y ahora debe asumir en diciembre por el oficialismo como reemplazo de la derrotada Natalia Blanco? Esta jugada política de último momento revela las contradicciones internas y la falta de coherencia del armado oficialista.

    ¿Podrá Nazábal mantener lealtad política a un proyecto en el que originalmente no creía? ¿Su voto será confiable para el oficialismo en las decisiones cruciales que se avecinan? Estas preguntas agregan incertidumbre a un panorama ya complejo para Matzkin.

    Las causas profundas de la debacle: más allá de la coyuntura electoral

    La gestión municipal: promesas incumplidas y oportunidades desperdiciadas

    Las razones de la debacle son múltiples y profundas. La primera y fundamental es la mala gestión del Intendente Marcelo Matzkin al frente del gobierno municipal, algo que desde www.principedelmanicomio.ar venimos señalando sistemáticamente desde los primeros meses de su mandato.

    Lejos de sus promesas de campaña, Matzkin amplió la estructura municipal en lugar de reducirla, desmintiendo así su compromiso original de optimizar los recursos y dar oportunidades a empleados de carrera. Esta contradicción entre discurso y práctica se convirtió en una constante de su gestión.

    La gestión Matzkin se dedica a postear en las redes mientras los problemas estructurales de la ciudad se profundizan, replicando exactamente los mismos vicios que había criticado en su antecesor. La diferencia es que ahora la situación está peor, y los zarateños pueden comparar con claridad meridiana entre promesas y realidades.

     

    La arrogancia del poder: cuando los colaboradores se vuelven un problema

    Pero la mala gestión no es la única causa. La arrogancia con la que gestionan varios de los colaboradores del Intendente, con Sergio Agostinelli y Juan Manuel Iglesias a la cabeza, debiera hacerle pensar en una urgente oxigenación de la gestión si pretende recuperar la confianza ciudadana.

    Estos funcionarios han convertido la prepotencia en método de gobierno, tratando a los vecinos, a los concejales opositores y hasta a los propios empleados municipales con desdén y autoritarismo. Esta actitud no solo genera rechazo social, sino que también erosiona la legitimidad del proyecto político en su conjunto.

     

    El triste papel de la UCR: inmolación sin rédito político

    También contribuyó significativamente el triste papel desempeñado por la Unión Cívica Radical local, que se inmoló traicionando sus principios históricos sin siquiera obtener una banca que justificara semejante claudicación ideológica. Solo privilegió el interés personal de su máxima dirigente.

    La UCR zarateña abandonó su trayectoria y su ideología para subordinarse completamente a un proyecto político ajeno, y el grueso de su magra cantidad de afiliados terminó engrosando los porcentuales de Hechos y otras fuerzas opositoras. Esto demuestra que las bases radicales no acompañaron la decisión de su dirigencia de aliarse con Matzkin y La Libertad Avanza.

    Ni siquiera logró ubicar a su candidata en el Concejo Deliberante.

     

    Los desafíos inmediatos: la disputa por el Departamento Legislativo

    La presidencia del Concejo Deliberante: primera prueba de fuego

    La primera discusión política que se avecina es la Presidencia del Concejo Deliberante, y aquí se juegan definiciones cruciales para el futuro de la gobernabilidad local.

    ¿Mantendrá la palabra el oficialismo local de apoyar para la Presidencia del Cuerpo a quien triunfó en los comicios como lo sostenían cuatro años atrás? Esta será la primera prueba de si Matzkin tiene grandeza política suficiente para reconocer la derrota y actuar en consecuencia, o si intentará obstaculizar institucionalmente el normal funcionamiento democrático.

    ¿Fuerza Patria hará valer esta vez lo que no acompañó cuatro años atrás? La coherencia exige que ahora, desde la victoria electoral, reclamen lo que por derecho les corresponde según los usos y costumbres de la democracia local.

    ¿Será Matilla, quien comandó la postura de negar la Presidencia al ganador de las elecciones de medio término pasadas, el elegido para presidir el Concejo, o su pasado lo condena y Fuerza Patria buscaría otro candidato con menor carga política negativa?

    La nueva correlación de fuerzas y sus implicancias

    En un Concejo Deliberante equilibrado, los acuerdos que se logren alcanzar serán absolutamente determinantes para el futuro de la gestión municipal. Matzkin deberá aprender a negociar y consensuar, habilidades que evidentemente no desarrolló durante sus primeros dos años de gobierno, cuando contaba con mayoría automática y el Concejo Deliberante funcionaba como una escribanía.

    La gestión seguirá enviando sus propuestas al Deliberativo, pero ya no contará con la escribanía de la que gozó durante los dos primeros años. Cada ordenanza, cada presupuesto, cada decisión importante deberá ser genuinamente debatida y eventualmente modificada si pretende obtener los votos necesarios para su aprobación.

    La primera muestra será de aquí a diciembre. ¿Aprovechará el oficialismo de la escribanía de la que gozará hasta diciembre para hacer lo que no podrá hacer después del recambio de concejales? Estrategia caffarista.

    Lecciones de la derrota: más allá de los números electorales

    El fin definitivo del caffarismo

    La elección de ayer también sepultó definitivamente al caffarismo como fuerza política relevante en Zárate. Aún con el ex Intendente Osvaldo Cáffaro al frente de la campaña y desplegando todos sus recursos de imagen y experiencia, apenas superó el 5% de los votos.

    Este resultado demuestra que el electorado zarateño ya pasó página respecto de esa experiencia política y que 16 años de gobierno dejaron un saldo más negativo que positivo en la memoria colectiva. El caffarismo como proyecto político está definitivamente agotado.

     

    Los partidos se ganan en la cancha, no en los escritorios

    Otro aprendizaje fundamental es que los partidos se ganan en la cancha y no en los escritorios. La candidatura de Natalia Blanco a legisladora provincial no traccionaba nada, tanto por su propia impronta personal como por su nula militancia seccional.

    Era una candidatura puramente testimonial, sin arraigo territorial real, y los votantes se dieron cuenta inmediatamente. No basta con tener un cargo o con ser ungido desde arriba; la política requiere trabajo territorial, construcción de vínculos y legitimidad ganada en el territorio.

    No se trata de los años ochenta, hoy la ciudadanía cuenta con más y mejores recursos informativos. Ya no se engaña tan fácilmente.

    El engendro de Ranzini: cuando la picardía no alcanza

    El engendro de la candidatura de Matías Ranzini en la cuarta Sección Electoral, falseando el espíritu de la Constitución también fracasó estrepitosamente. Como habíamos anticipado hace un mes y medio: ‘Con el ‘pase’ del Intendente de Junín Pablo Petrecca a Somos Buenos Aires encabezando la lista de Senadores de este sector es de imaginar una elección de tercios, entre La Libertad Avanza, Somos Buenos Aires y Fuerza Patria. Como los puestos en disputa son siete, el reparto sería 3 bancas para quien triunfe y dos bancas para cada una de las dos fuerzas restantes. La pelea está en quién triunfa.’

    No triunfó La Libertad Avanza y Matías Ranzini quedó afuera de la Legislatura. Las operaciones de escritorio y los arreglos de cúpula no pueden suplir la falta de representatividad real y la ausencia de construcción política genuina.

     

    La persistencia del voto peronista: más allá de las crisis de conducción

    Una lección adicional es que, aún de manera desorganizada y a los tumbos, el voto peronista en Zárate es fuerte y estructural. No depende del oficialismo en el gobierno nacional o provincial, puesto que aún tras el espectáculo dado en el cierre de listas y los días posteriores, logró erigirse como alternativa de poder.

    Esto demuestra que el peronismo zarateño tiene raíces sociales profundas que trascienden las coyunturas políticas específicas. Es un voto identitario que se activa especialmente cuando percibe amenazas externas o cuando las gestiones no peronistas no logran satisfacer las expectativas de cambio.

     

    La negación de la realidad: cuando la soberbia supera al análisis

    Las primeras reacciones: viviendo en una nube de pedos

    Lamentablemente, el oficialismo, en sus primeras declaraciones tras la contundente derrota, demostró que siguen viviendo en una nube de pedos y que no tienen la menor capacidad de autocrítica ni de análisis objetivo de lo ocurrido.

    Rodríguez Schatz afirmando que el 63% de participación ‘es bueno’, cuando es 10 puntos menos que cuatro años atrás, pretende hacer una interpretación de la realidad que lejos está de lo que realmente sucedió. Esta negación sistemática de los hechos objetivos es síntoma de una dirigencia política desconectada de la realidad social.

    La lógica electoral argentina indica que si hay involucramiento ciudadano se ubicaría entre el 75 y 80% la participación en las elecciones.

    A propósito ¿asumirá Rodríguez Schatz su banca en un Concejo Deliberante donde, de cara a las elecciones de 2027, habrá que hacer política en serio, o se refugiará en la comodidad del Departamento Ejecutivo donde puede seguir fingiendo que todo está bien?

     

    Matzkin: el berrinche del poder derrotado

    Matzkin, como nene caprichoso al que le sacaron el juguete, reaccionó mintiendo descaradamente sobre la realidad electoral. Dice que sacó ‘5 puntos y pico abajo’ cuando la realidad objetiva es que su lista perdió por más de 6 puntos.

    Habla del ‘techo del peronismo’ pretendiendo erigirse como líder del antiperonismo zarateño, afirmando que si todos los que no comulgan con el peronismo los hubieran votado, hubieran ganado. Una entelequia. Es como decir que si mi abuela tuviera bigotes sería mi abuelo, cuando en realidad sería mi abuela con bigotes.

    Esta lógica contrafáctica demuestra una incapacidad total para asumir la responsabilidad de la derrota y una tendencia preocupante a culpar a terceros por los propios errores estratégicos.

     

    La responsabilidad de Marcelo Gómez: cuando la aritmética no cierra

    Matzkin centraliza su crítica en la lista de Marcelo Gómez, sosteniendo que si hubiera acompañado a LLA hubieran triunfado. Pero esto es absolutamente falso: no le alcanzaban los votos ni aun sumando todos los sufragios de Gómez para revertir la derrota.

    Esta manipulación de los números revela que Matzkin no solo no entiende lo que pasó, como otras tantas veces, sino que además pretende construir un relato falso, como siempre, para justificar su fracaso político personal.

     

    Los votos en blanco: otro argumento falaz

    Tampoco tiene sustento el planteo que realizó respecto a los votos en blanco. Si bien fueron superiores a los de la última elección de medio término, están en el orden de magnitud de la elección de ocho años atrás y bastante por debajo de las dos elecciones parlamentarias anteriores a aquella.

    No saben de lo que hablan, no estudian ni analizan la realidad y pretenden erigirse como eruditos del análisis político. Esta ignorancia disfrazada de sabiduría es quizás el síntoma más preocupante de una dirigencia que perdió completamente el contacto con la realidad social y política.

     

    El balance final: consecuencias de dos años de mala gestión y política de redes

    Los errores que cometieron son groseros, la gestión es objetivamente mala y los resultados están a la vista de todos los zarateños. No se puede tapar el sol con las manos ni pretender que una derrota electoral categórica sea producto de factores externos.

    Los zarateños los castigaron duramente en las urnas, y lo hicieron después de darles una oportunidad real de demostrar que podían gobernar mejor que sus antecesores. No lo hicieron. En lugar de hacerlo negociaron con Osvaldo Cáffaro y pretendieron instalar una realidad paralela… pero ya se sabe, dato mata relato. Si siguen negando la realidad y refugiándose en explicaciones conspirativas o en culpabilización de terceros, la situación será aún peor en las próximas elecciones.

    Lo que ocurrió en las elecciones no es más que la consecuencia lógica de lo que fueron estos dos años de gobierno de Marcelo Matzkin: promesas incumplidas, soberbia en el trato, improvisación en las decisiones, incumplimiento de las normas, apañamiento del gobierno caffarista, falta de planificación estratégica y ausencia total de autocrítica.

    Como habíamos anticipado desde www.principedelmanicomio.ar, esta era una debacle anunciada, producto de una gestión que desde sus inicios mostró todas las señales de lo que terminaría siendo: un experimento político fallido que no logró conectar con las necesidades reales de los zarateños.

     

    Quedó absolutamente claro que el cuco solo proyectaba su sombra, y que, como diría Joan Manuel Serrat, ‘no son nada si les quitas las sábanas’.

    La gran pregunta que surge ahora es: ¿habrá alguien dispuesto a quitarle definitivamente las sábanas a este cuco en serio, o la oposición se contentará simplemente con seguir asustando al fantasma?

    El futuro político de Zárate dependerá, en gran medida, de la capacidad que tenga la nueva mayoría legislativa para construir una alternativa sólida de gobierno y de la posibilidad de que el oficialismo aprenda de sus errores modificando sustancialmente su forma de gobernar.

    Pero si las primeras reacciones tras la derrota son indicativas del futuro, todo sugiere, hasta aquí, que Matzkin y su equipo seguirán viviendo en su mundo paralelo, negando la realidad y preparándose para una nueva derrota aún más contundente en 2027.

    Los zarateños, mientras tanto, ya dieron su veredicto. Solo resta ver si la dirigencia política está a la altura de interpretar correctamente el mensaje que enviaron a través de las urnas.

    ‘Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copias a sus amigos: nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad. Derrote el terror. Haga circular esta información’.

    RODOLFO WALSH – AGENCIA CLANDESTINA DE NOTICIAS

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