Al final del día, lo que estamos presenciando en Zárate no es construcción política. No es gobernabilidad. No es búsqueda del bien común. Es simple y llanamente negocio personal. Es la vieja y conocida práctica de usar el Estado como agencia de empleos para los amigos políticos. Es la puerta giratoria que gira y gira y gira, siempre con los mismos apellidos rotando de cargo en cargo.
Buscando: Matías Ranzini
al final del día, la política bonaerense es eso: una escalera caracol donde todos suben pensando que van hacia arriba, pero en realidad solo están dando vueltas en el mismo lugar. Y Ranzini, con su nuevo cargo en el BAPRO, acaba de completar una vuelta más. ¿Cuántas le quedarán? El tiempo lo dirá. Pero apostamos a que muchas. Porque en este circo, los que saben hacer malabares con sus convicciones siempre tienen trabajo.
La diferencia entre Maradona y Unrein es simple: el Diego ponía la cara, asumía, bancaba. Walter busca culpables, se victimiza, esconde la mano después de tirar la piedra.
El Diego tenía razón en aquellas declaraciones de 2009. Walter, claramente, no la tiene hoy.
Sin alternativa no hay alternancia. Y sin alternancia, lo que tenés es una monarquía con urnas.
Los zarateños se hartaron, y tienen razón para estarlo. Ahora falta ver si quienes gobiernan están dispuestos a escuchar ese hartazgo o si preferirán seguir viviendo en su mundo de fantasía y nubes de pedo hasta que la realidad los termine por llevar puestos.
Los zarateños ya dieron su veredicto. Solo resta ver si la dirigencia política está a la altura de interpretar correctamente el mensaje que enviaron a través de las urnas.
Sesión para el mes pasado, campaña adelantada y un Concejo que firma sin leer.
Ranzini cambia de distrito para seguir cobrando: otra trampa legal, misma vieja política.
Una elección distinta en un país que cambió El año 2025 no es uno más.…
Quizás sea el cambio de año o quizás sea que el nuevo año es electoral,…