El 7 de septiembre los vecinos dijeron ‘basta’. Que el proyecto de Matzkin no convenció. Y eso se tradujo en el Concejo Deliberante, pero en lugar de hacer autocrítica, en lugar de repensar estrategias, decidieron hacer lo que mejor saben: manipular las reglas del juego para seguir en la cancha.
Buscando: Stefanía Rodríguez Schatz
La sesión de ayer fue apenas el primer capítulo de esta nueva temporada del circo político zarateño. Y si arrancó así, con irregularidades, un presidente que no estuvo a la altura, negociaciones a puertas cerradas, cuartos intermedios interminables y malabares legales, no queremos ni imaginar cómo va a terminar.
Puede pasar de todo en la sesión de hoy. O puede que no pase nada, que es lo más probable. Pero estaremos atentos, porque alguien tiene que hacer las preguntas incómodas en este Distrito.
El próximo viernes comienza una nueva etapa. Veremos si es mejor o peor que la actual… aunque por imposible que parezca, todo indica que continuará la debacle. Veremos si los nuevos equilibrios obligan a gobernar mejor o solo generan más acuerdos de pasillo. Veremos si la democracia zarateña madura o sigue siendo este circo que todos conocemos.
¿Alguien pidió explicaciones sobre este presupuesto? No. ¿Alguien solicitó acceso al expediente? Tampoco. ¿Alguien cuestionó la contratación de una empresa marplatense? Menos.
La derrota electoral de septiembre no fue casualidad ni producto de fuerzas externas. Fue la consecuencia lógica de una gestión que prometió cambio y entregó continuismo, que habló de renovación pero practicó el reciclaje político.
La democracia local se fortalece con diálogo, debate constructivo y exigencia ciudadana. Zárate merece una gestión que esté a la altura de los zarateños y su historia.
Los zarateños ya dieron su veredicto. Solo resta ver si la dirigencia política está a la altura de interpretar correctamente el mensaje que enviaron a través de las urnas.
El silencio de hoy será la impunidad del mañana. Y Zárate no puede permitirse más años de instituciones débiles y funcionarios que se creen intocables.
Había un reglamento que cumplir, y La Libertad Avanza pretendía violarlo. Pero en la Argentina de los últimos años, donde las instituciones son más sugerencias que normas, cumplir un reglamento parece casi un acto revolucionario.