Lo más triste de todo esto no es ni siquiera la maniobra en sí, que ya de por sí es grave. Lo más triste es el descaro. La impunidad con la que operan. La certeza de que nadie va a hacer nada, que el Concejo seguirá durmiendo la siesta, que la paga mensual no corre riesgo, que los medios locales alineados seguirán mirando para otro lado, y que la oposición seguirá siendo funcional al poder.
Buscando: Sergio Agostinelli
En Zárate tenemos una larga y prestigiosa tradición de usar lo público como si fuera privado. Maquinaria municipal que aparece mágicamente en donde no debe. Camionetas del municipio que se utilizan de manera particular. Combustible que se evapora. Empleados municipales que trabajan en casas privadas en horario laboral… y no por hacer homeoffice.
Mientras exista este sistema donde el poder económico compra al poder político, mientras sigan los contratos millonarios para los mismos empresarios, mientras el Concejo Deliberante siga siendo una escribanía del Ejecutivo, Zárate seguirá siendo una plutocracia disfrazada de democracia.
Desde la llegada de Marcelo Matzkin al Palacio Municipal, esta práctica de la campaña permanente se ha convertido en una constante, con la lógica de pretender mostrar un gobierno en permanente acción y procurando exhibir ante los vecinos que reclaman que no es que no se hagan cosas, sino que son tantas las cosas que se deben hacer que aún no les tocó el turno.
La realidad zarateña exige respuestas urgentes. La complicidad del oficialismo local con las políticas destructivas del gobierno nacional no puede seguir siendo tolerada. Es hora de que los trabajadores y las familias de Zárate tengan dirigentes que realmente los representen.Cáffaro fue un experto y Matzkin, como buen alumno, heredó un sistema de contrataciones discrecionales y, lejos de modificarlo, lo ha perfeccionado. La diferencia con gestiones anteriores no está en los métodos, sino en la sofisticación legal para justificar lo injustificable.
Esta no es solo la historia de una obra mal hecha, es el retrato de una forma de gobernar que prioriza imagen por sobre la sustancia, marketing por sobre planificación, la foto por sobre la solución real de los problemas.
La transparencia no es un slogan de campaña: es una obligación democrática. Y cuando esa obligación se traiciona, la ciudadanía tiene el derecho y el deber de exigir explicaciones.
Los zarateños ya dieron su veredicto. Solo resta ver si la dirigencia política está a la altura de interpretar correctamente el mensaje que enviaron a través de las urnas.
La transparencia no es un slogan de campaña: es una obligación democrática. Y cuando esa obligación se traiciona, la ciudadanía tiene el derecho y el deber de exigir explicaciones.
La decisión está en manos de los zarateños: seguir siendo cómplices de este círculo vicioso o apostar por una transformación real que coloque las necesidades populares en el centro de las políticas públicas.