Hoy el proceso electoral de dos tiempos expuso dos derrotas oficialistas consecutivas en menos de dos meses. Dos. Seguidas. Como si la ciudadanía estuviera tratando de enviar un mensaje en código Morse político: “Che, no nos gusta el rumbo”. Pero en el recinto parece que nadie tiene receptor.
Si la democracia se nutre de acceso, control y participación ciudadana -y no de oscuridad o silencio digital-, entonces la gestión que permite esto está fallando. En Zárate, los ciudadanos merecen algo más que pantallas de error: merecen instituciones que trabajen en la luz, no en la sombra.
En Zárate ganó Fuerza Patria el 7 de septiembre y ganó Fuerza Patria el 26 de octubre, los números así lo reflejan, pero si a este análisis cuantitativo sumamos la variable cualitativa, además perdió Marcelo Matzkin.
El león libertario rugió fuerte y el eco se escuchó desde La Quiaca hasta Ushuaia, pasando por el obelisco y llegando hasta el Congreso, donde las nuevas bancas violetas cambiarán las reglas del juego político.
Que gane la democracia. Pero sobre todo, que gane el sentido común a la hora de analizar los resultados.
¿Qué opinarán Matzkin y los ediles abstencionistas sobre la privatización de NASA ahora que ‘el crá’ la apoyó abiertamente? ¿Seguirán con el cuento de que ‘no tenemos información suficiente para opinar’? ¿O finalmente asumirán que están del lado de la privatización pero no se animan a decirlo?
¿Tendrá consecuencias electorales mañana?
El ladrón cree que todos son de su condición. Quien se vende al mejor postor cree que puede comprar cuánto quiere. Pero acá viene el detalle que estos iluminados no entienden: no es lo mismo tener valor, que tener precio.
El poder sin control es tiranía. El control sin poder es decorado. En Zárate tenemos ambas cosas: un Ejecutivo que hace lo que quiere y un Concejo que mira para otro lado. Y mientras tanto, los vecinos pagan el precio de este circo institucional.