Cuando la limosna es grande, hasta el santo desconfía dice el dicho, y nosotros sin ser santos ni siquiera creyentes desconfiamos y mucho de quienes dicen una cosa y hacen otra.
Matzkin prometió austeridad y gobierna con privilegios. Prometió transparencia y administra opacidad y silencios. Prometió cambio y perpetúa prácticas.
Torres no vino a gobernar para los zarateños. Vino a acomodarse, una vez más, en el lugar que le dieron. Y cuando ese lugar deje de servirle, saltará al próximo. Porque eso es lo que hacen los oportunistas profesionales: saltan. Siempre saltan.
¿Habrá que esperar a una nueva campaña electoral para que los vecinos puedan tener limpio su barrio? ¿Deberán esperar que las ratas salgan en la foto para que tomen conciencia de la realidad?
Mientras en el relato se gobierna para los que menos tienen, los datos demuestran que lo que se prioriza es la posibilidad de negocio de los que más tienen.
Tenemos que dar la batalla.
Una vez más.
Tenemos la obligación de hacerlo.
Comemos lo que queremos, cuándo queremos. Nos bañamos con agua caliente, dormimos en una cama cómoda, nos calefaccionamos en invierno y nos refrigeramos en verano. Nosotros, los que tenemos estos privilegios, no tenemos excusas.
Porque si no la damos nosotros, que podemos, ¿quién carajo la va a dar?
El problema no es la temática en sí misma. Al fin de cuentas, somos muchos los argentinos que importamos costumbres culturales de otros lados. El problema -el verdadero, el que duele, el que no sale en las fotos- es que mientras hablamos de ‘la festividad de Halloween’, dejamos de hablar de lo que realmente importa.
Torres llega al Palacio Municipal con la misión imposible de ordenar el desorden, de dar volumen político a un gobierno que nunca lo tuvo, de negociar con una oposición que huele sangre.