Cuando el capitán del Titanic decide cambiar de camarote en lugar de evitar el iceberg
La danza de las sillas musicales: Torres, el todoterreno ideológico, vuelve a escena
Según trascendió de fuentes municipales, Zárate tendrá un nuevo Secretario de Gobierno. Tal como anticipó Divulgando Noticias se trata ‘un ex diputado y concejal, peronista, oriundo de La Plata e hincha de Estudiantes.’, c’est-à-dire el ex concejal kirchnerista, devenido en massista, más tarde cambiemita y ahora libertario Marcelo Torres.
Y aquí tenemos el primer acto del teatro del absurdo zarateño: Torres, el camaleón político por excelencia, que ha mutado más veces de color político que un pulpo en peligro. Su trayectoria política es digna de un manual de supervivencia partidaria: fue precandidato a intendente por el FPV en 2015, luego concejal por el Frente de Todos en 2019, para finalmente aterrizar en el gobierno de Matzkin como libertario. ¿Alguien puede explicar esta metamorfosis ideológica? ¿O acaso la ideología es solo un traje que se cambia según el clima político?
La pregunta del millón: ¿Cuántas convicciones puede abandonar un político antes de convertirse en una veleta sin rumbo? Torres parece haber encontrado la respuesta: todas las que hagan falta.
El premio consuelo: Suárez y su traslado horizontal al fracaso
Esto generaría el desplazamiento de Ignacio Suárez, quien como premio a su gestión (guiño guiño) ocupará la titularidad de la Secretaría de Desarrollo Humano que ocupa, desde hace muy poco tras la salida de Iván Gómez Gerez, Alejandra Lozano.
De Lozano nada se supo dónde irá. Porque en esta administración, las personas aparecen y desaparecen como en un truco de magia mal ejecutado. O quizás es que cuando alguien fracasa tan estrepitosamente, lo mejor es hacerlo invisible hasta que la ciudadanía olvide su existencia.
El caso Suárez es paradigmático: de Secretario de Gobierno a Secretario de Desarrollo Humano. ¿Es un ascenso? ¿Una degradación? ¿O simplemente otra jugada del ajedrez político donde lo importante no es la función sino mantener a los leales en el tablero, sin importar si saben jugar o no?
El espejismo del cambio: Cambiar todo para que nada cambie
El volantazo parece como importante, sin embargo es cambiar algo para que no cambie nada. Esta frase resume magistralmente la filosofía política de la era Matzkin: mucho ruido, pocas nueces, y cero transformación real.
Torres no llega al gobierno por su currículum sino por su relación personal con Matías Ranzini, quien franqueó su acceso al poder.
¿Acaso estamos ante un gobierno de amigos? ¿O directamente ante una cofradía del poder donde las relaciones personales superan cualquier consideración sobre idoneidad, capacidad o visión de gestión?
Consciente de la necesidad de mostrar reacción ante la realidad que apabulla al gobierno local, Matzkin aportó una propuesta para intentar retomar la iniciativa política, que por primera vez desde su asunción fue puesta en jaque. No es casual que su lista haya perdido contra Fuerza Patria en las últimas elecciones, evidenciando que el viento popular ya no sopla a su favor.
El historial de Torres: masterclass en la mediocridad política
Torres ya fue concejal en Zárate sin siquiera vivir aquí, incumpliendo muchas de las responsabilidades que tenía (sin tener consecuencias por ello) y ocupando un cargo en el gobierno de Alberto Fernández en simultáneo con el cargo local. ¿Pluriempleo político? ¿O simplemente la naturalización de la irresponsabilidad institucional? Ejemplo que también siguió la hoy Diputada Nacional Micaela Morán.
Su perfil de Facebook aún lo muestra como ‘Director Nacional @tarjetasube / Concejal en licencia @Todos Zárate’, una descripción que resume perfectamente su estilo multitarea: estar en varios lugares al mismo tiempo sin estar realmente en ninguno.
Su producción como edil pasó al olvido, no hizo absolutamente nada que sea digno de ser recordado, ni siquiera su figura merece serlo puesto que con su proceder colaboró para que el Concejo Deliberante sea lo que es hoy en día: un decorado democrático, una fachada institucional que legitima decisiones ya tomadas en otros ámbitos.
El Concejo Deliberante zarateño, gracias a figuras como Torres, se ha convertido en un teatro donde los actores fingen deliberar mientras los verdaderos directores toman las decisiones tras bambalinas. ¿Para qué necesitamos un Concejo si no delibera? ¿Para qué concejales si no representan a los vecinos sino a sus propias ambiciones?
El mensaje ignorado: Cuando la ciudadanía habla y el poder hace oídos sordos
Hacia el final de nuestra nota de ayer decíamos ‘Matzkin tiene ahora la oportunidad de demostrar si es líder o simplemente otro político más. Puede echar a Iglesias, puede reestructurar completamente su gabinete, principalmente en el área de seguridad, en definitiva puede empezar a gobernar en serio. O puede seguir haciendo conferencias de prensa vacías mientras los zarateños siguen sufriendo las consecuencias de su incompetencia.
La responsabilidad política en lo sucedido es ineludible. Matzkin e Iglesias no hicieron lo que debían hacer.‘
Lo que hará no es una restructuración del gabinete, apenas es un maquillaje para hacer como que se hace algo cuando en realidad no se hace nada. Es el equivalente político de cambiar las cortinas cuando se está incendiando la casa.
La radiografía del vacío: Marketing político vs. Gestión real
Una vez más queda claro que no tienen equipo, no tienen plan, no tienen idea, es todo marketing y puesta en escena. Mientras Matzkin tuitea invitando a Elon Musk a invertir en Zárate, los problemas reales de los vecinos siguen sin respuesta. ¿Vehículos eléctricos en una ciudad que no puede garantizar seguridad básica? Es como ofrecer wifi gratis en el Titanic.
En lugar de reconocer el reclamo ciudadano, escucharlo y accionar en consecuencia, tensionan la cuerda. ¿Qué pretenden? ¿Que los vecinos se acostumbren a la mediocridad? ¿Que normalicemos la falta de respuestas como parte del folklore político local?
Evidentemente no entendieron el mensaje del 7 de septiembre ni las marchas del domingo y ayer. O peor aún: lo entendieron perfectamente pero decidieron ignorarlo con la arrogancia típica de quien cree que el poder es un derecho adquirido y no una responsabilidad otorgada.
El Concejo Deliberante: Cómplices del naufragio
Y hablemos del elefante en la habitación: el Concejo Deliberante zarateño, esa institución que debería ser el contrapeso democrático del ejecutivo municipal pero que se ha convertido en su escribanía complaciente.
¿Dónde están los concejales cuando los vecinos reclaman? ¿Dónde están sus voces correctoras cuando la gestión Matzkin tambalea? El silencio cómplice es tan ensordecedor como revelador. Han convertido la deliberación en genuflexión, el control en complicidad, la representación en simulacro.
Los concejales zarateños han perfeccionado el arte de la irrelevancia institucional. Cobran altos sueldos públicos para aprobar sin chistar todo lo que viene del ejecutivo, para hacer preguntas sin respuestas y para representar a nadie más que a sus propias ambiciones políticas o personales.
¿Para qué sirve un Concejo que no controla? ¿Para qué mantener una institución que ha renunciado a su función esencial? Es como tener un guardián que duerme mientras roban la casa.
La profecía autocumplida: El cambio que no llega
La ciudadanía reclama cambios, y si no cambian, los cambiarán. Esta no es una amenaza, es una ley natural de la democracia: cuando los gobiernos no responden, los pueblos responden por ellos.
Matzkin llegó al poder con más del 42% de los votos, prometiendo cambio y renovación. Asumió en el 40º aniversario de la vuelta a la democracia, una fecha simbólica que debería haber inspirado un compromiso real con las instituciones democráticas.
Sin embargo, lo que vemos es más de lo mismo con nuevos actores, las mismas prácticas, los mismos vicios, las mismas excusas. Torres como Secretario de Gobierno es el símbolo perfecto de esta continuidad disfrazada de cambio: un político sin convicciones políticas sólidas, sin arraigo local real, sin plan más allá de la supervivencia en el poder.
El maquillaje no oculta la podredumbre
En definitiva, el nombramiento de Torres no es más que un parche en un barco que hace agua por todos lados. Es la respuesta típica de una gestión que confunde activismo mediático con acción política, que cree que mover fichas en el tablero equivale a resolver problemas.
De hecho personajes como Sergio Agostinelli o Juan Manue Iglesias que hace ya bastante tiempo debieran haber sido reemplazados, sigue firmes en sus puestos. ¿Qué servicios prestan que son inamovibles?
Zárate se merece más que este circo de mediocridades. Se merece funcionarios que vivan en la ciudad que gobiernan, que entiendan sus problemas, que tengan convicciones más sólidas que las oportunidades políticas del momento.
Pero mientras el Concejo Deliberante siga siendo un decorado y la ciudadanía no exija más, seguiremos asistiendo a estas comedias del poder donde los actores cambian pero la obra sigue siendo la misma: la tragicomedia de la política sin altura.
El maquillaje puede disimular las arrugas, pero no puede ocultar la decadencia. Y Zárate, lamentablemente, está viendo cómo su gobierno se descompone ante sus ojos, un nombramiento mediocre a la vez.
‘Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copias a sus amigos: nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad. Derrote el terror. Haga circular esta información’.
RODOLFO WALSH – AGENCIA CLANDESTINA DE NOTICIAS
