Hemos hablado de la vacunación del Intendente Osvaldo Cáffaro, de su Secretaria Privada Lilian Burroni, de su Director de Políticas de Juventudes Rodrigo Girard, de su chofer y hasta de la esposa de éste, todos ellos vacunados en circunstancias poco claras y todos, absolutamente todos ellos, inscriptos como personal de salud. Y ninguno de ellos, hasta el momento, ha dado las explicaciones de cómo obtuvieron su turno de vacunación, cómo lograron ser incluidos en un grupo de privilegio del que, a priori, no debían formar parte.
Y esa es, quizás, la cuestión central del inicio del proceso de vacunación, la escasa exactitud del concepto de personal de salud y la amplitud del mismo.
En el primer caso, se permitió que se consignara como personal de salud a ciudadanos que lejos están del mismo pero que fraguaron su pertenencia a fin de poder ser incluidos en la etapa inicial de vacunación. A todas luces fue un proceder inmoral, tosco y grotesco que mostró un desprecio por quienes, respetando las reglas que se habían impuesto, esperaron y esperan su turno para recibir la vacuna.
El segundo, en cambio, es mucho más sutil y tiene que ver con el concepto de trabajador de la salud. Tal como se tomó el término al momento de la vacunación, tuvo una amplitud desmesurada puesto que se vacunó a profesiones que lejos estaban de ser personal esencial en la lucha contra el COVID-19, pero en la documentación oficial pasaron a ser profesionales de la salud, y a trabajadores que, sin ser directamente trabajadores de la salud fueron asimilados como tales, con tal de vacunarlos.
Así se vacunó a profesionales, a sus secretarias, a quienes decían ser sus secretarias, y a todo aquel que pudiera ‘justificar’ ser un ‘trabajador de la salud’, lo cual en sí mismo se trata de discriminación puesto que no hay forma de demostrar que una secretaria de un consultorio odontológico u oftalmológico está más expuesta a contraer el virus por su labor profesional que una cajera de supermercado, quien sin embargo no se encuentra entre los grupos priorizados para recibir la vacuna.
Decía Voltaire que el sentido común es en realidad el menos común de los sentidos, y la realidad una vez más lo prueba, puesto que se privilegió en la vacunación a ciudadanos con menor exposición al virus que aquellos que por sus labores, conviven con la posibilidad de contagiarse… pero no tenían completados estudios relacionados con la salud.
Por si esto fuera poco, no queda en claro cuál fue la forma en la que lograron obtener su dosis de vacuna. No se puede afirmar que fue de forma irregular porque no hay constancia de ello, pero a todas luces es curioso que quienes tienen cierta proximidad con el poder hayan logrado estar entre los primeros inoculados, incluso relegando a muchos compañeros de ellos que estaban más expuestos.
A tal punto llega esta realidad que ahora se supo que uno de los empleados municipales vacunados es un trabajador de la salud… de los animales. Sí, el veterinario Álvaro Battista Palacios fue vacunado contra el COVID-19 con la primera camada de vacunas recibidas en el Hospital Intermedio Dr. René Favaloro, pero hay que reconocer que Battista Palacios no es un veterinario cualquiera puesto que como él mismo lo anuncia en su perfil de Twitter trabaja en Zoonosis del Municipio de Zárate. Ahora bien, ¿Por qué este empleado municipal es más imprescindible de vacunar que otros empleados municipales que trabajan en la calle a diario, como por ejemplo, los inspectores municipales? ¿Por haber estudiado una carrera universitaria relacionada con la salud? ¿Hasta dónde llega, en consecuencia, la noción de trabajador de la salud?
O el caso de Graciela Guzmán, quien desde su puesto de trabajo en la Universidad Popular contribuye a la salud psíquica de los jóvenes de Zárate, pero ¿Es trabajadora de la salud? ¿Era tan esencial su labor respecto al COVID-19 que se la incluyó en el quinto día de vacunación? ¿O acaso colaboró su militancia en el Movimiento Evita para que estuviera en el lugar adecuado en el momento preciso mientras miles de adultos mayores siguen esperando su lugar? ¿Por qué ella sí? ¿Por qué los otros no? Si no hay para todos hay que priorizar a quienes más lo necesitan en función de las necesidades de la comunidad. ¿Graciela Guzmán es una prioridad? ¿Por qué?
Este tipo de situaciones solo suman oscuridad a un proceso que debiera ser lo suficientemente transparente para que ningún ciudadano dude que fueron vulnerados sus derechos porque, una vez más, Martín Fierro tenía razón.
Dijo Ariel Ríos que en Zárate no funcionó un vacunatorio VIP porque se vacunó en el Hospital Intermedio Municipal Dr. René Favaloro y en el Hospital Zonal Virgen del Carmen, pero sí queda claro que hubo vacunados VIP. La inmoralidad al palo. La ciudadanía merece que sus gobernantes asuman responsabilidades y den las explicaciones del caso.

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