La irrupción de la pandemia el año pasado hizo que muchos se replantearan, cuasi filosóficamente, la vida propia y la vida en comunidad. La noción de finitud que impuso el COVID-19, que atacaba sin lógica precisa y la falta de respuestas para hacer frente limitándose tan solo a ‘tratar de aguantar’, hizo que muchos creyeran que era la posibilidad de repensar los valores que nos rigen como sociedad procurando recuperar nociones de altruismo y solidaridad perdidas hace tiempo.
Rápidamente quedaron atrás las ideas de ayuda a los mayores, el sector más castigado, y el reconocimiento de quienes más se expusieron ante el virus, el personal de Salud, para muchos cuando estuvo la posibilidad de sacar tajada propia lo hicieron. Aunque públicamente se defendiera que ‘de esta nos salvamos entre todos’ o ‘nadie se salva solo’, lo que en realidad primaba era el ‘yo me salvo’, y si se salva alguien más bienvenido sea… pero yo primero.
Quedó demostrado que la labor de construir una sociedad mejor es una tarea mucho más compleja de lo que varios creían, porque son muy pocos los que mantienen en los hechos lo que pregonan en palabras.
Cada vez más la ciudadanía se maneja por la llamada política del metro cuadrado, donde sólo le importa lo que ocurre a su alrededor sin importarle lo de más allá, ni siquiera en términos egoístas de pretender que al otro le vaya bien para que no salga a buscar soluciones fuera de su metro cuadrado y comprometa su propia tranquilidad.
Esto que planteamos es una constante a todos los niveles de la sociedad y en Zárate se exacerba.
En cuanto vieron la posibilidad, la exprimieron al máximo.
Primero fue la vacunación del Intendente, bajo el falso argumento de generar conciencia en la ciudadanía, aunque si tomamos por válidas sus palabras, esperó a vacunarse a que se publicaran en una revista especializada las cualidades de la vacuna.
Luego nos enteramos que se vacunó a funcionarios de su gobierno, por ejemplo Lilian Burroni y Rodrigo Girard, quienes aún no explicaron las condiciones en que obtuvieron su ‘lugar en la fila’.
Ahora su chofer.
¿Es cierto que se vacunó su chofer, Intendente? ¿Por qué? ¿Cuáles son los criterios que se toman? ¿Recibió un turno de la Provincia? ¿Cuántos otros casos ‘raros’ como este hay que aún no sabemos?
Y además, se utilizaron vacunas destinadas a nuestro Distrito para vacunar a gente que no es de Zárate. ¿Lo sabía Intendente? ¿A qué se debe? ¿Solidaridad? No pareciera, porque más que ‘nadie se salva solo’, lo que primó fue ‘nadie se salva antes que yo’.
No coincido con ese pensamiento. No son esos mis valores.
Aunque soy consciente que somos una mínima minoría quienes creemos que los proyectos colectivos y a largo plazo son los que valen la pena, estoy convencido que no hay que bajar los brazos. Sé que el trabajo es más arduo, pero no se trata de ganar una elección, se trata de generar nuevas mayorías que compartan ideales, valores y principios para construir otra sociedad. Para nosotros y para las generaciones futuras.
No es fácil. No es rápido. Y lo más probable es que ni siquiera veamos los resultados de lo que hagamos, pero vale la pena hacer el esfuerzo de intentarlo.
Hay quienes no tienen límites para sacar provecho, nuestro límite es el infinito.
También será posible
Que esa hermosa mañana
Ni tú, ni yo, ni el otro
La lleguemos a ver;
Pero habrá que forzarla
Para que pueda ser.

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