Cronología de un ocultamiento que no es ilegal, que es peor: es legal con mala fe.
📅 El dato maldito: una cronología que se lee sola
Según el propio Sistema de Boletines Oficiales Municipales (SIBOM) de la Provincia de Buenos Aires, la Municipalidad de Zárate publicó su Boletín N° 310 el 28 de septiembre de 2026. El lunes 5 de octubre apareció el N° 311, que contenía solo resoluciones: ningún decreto, ninguno, cero. Y a hoy no registramos en el SIBOM nuevos ejemplares con decretos publicados. Lo decimos con la precisión de quien no quiere regalarse: no podemos certificar que no haya salido nada en las últimas horas; lo que sí podemos afirmar es que los decretos firmados entre el 29 de septiembre y hoy siguen, como mínimo, inéditos para el público.
Dos semanas. Catorce días. El acto administrativo por excelencia del Intendente, la firma que mueve plata, designa gente, llama a licitaciones, desapareció del mapa institucional.
Pero ojo: los decretos no dejaron de existir. Dejaron de publicarse. Y de esa diferencia trata todo este artículo.
📸 La firma existe: está en Instagram, falta en el Boletín
Acá viene lo delicioso. Mientras el Boletín Oficial hacía dieta, el Gobierno no paró de anunciar firmas por todos los medios menos el único que obliga.
El 5 de octubre, en pleno apagón boletinero, el propio Matzkin apareció en las redes municipales presumiendo la modernización del expediente digital: ‘Antes el expediente era papel, no había Boletín Oficial, los decretos no se publicaban. Ahora la firma…’. Hermoso. Un intendente celebrando que ahora firma decretos digitales, mientras el portal donde deben publicarse esos decretos acumula telarañas. Es como festejar que compraste una impresora mientras te cortan la luz.
El 7 de octubre, el sitio municipal informaba los anuncios de obras en escuelas, infraestructura, industria y turismo. El 8 de octubre, en conferencia de prensa, Matzkin informó que ya había firmado el decreto para el relevamiento de reparaciones en edificios escolares, y anunció que licitaría la reparación integral del Colegio Industrial por $1.500 millones, con el decreto de llamado a licitación en camino. Días atrás, su equipo de prensa difundió que firmó el decreto para licitar el mantenimiento de calles no asfaltadas.
O sea: el Intendente firma, los medios anuncian, las redes celebran, y el Boletín Oficial… nada. Hay decretos en los titulares y en el aire. En el único lugar donde un decreto tiene existencia plena para el ciudadano, el Boletín, hay un pozo con dos semanas de profundidad.
¿Qué contienen esos decretos? ¿Qué montos económicos se han comprometido, de qué partidas presupuestarias provienen, qué beneficiarios? No lo sabemos. Nadie lo sabe. Esa es la gracia.
⚖️ La coartada legal: ‘como mínimo una vez por mes’
Antes de que algún funcionario salga gritando ‘fake news’ con el dedo en alto, hay que darles la razón en lo único en que la tienen: no es ilegal. El inciso 18 del artículo 108 de la Ley Orgánica de las Municipalidades, incorporado por la Ley 14491, exige que el Boletín se confeccione ‘como mínimo una vez por mes’. Matzkin podría publicar un solo ejemplar en todo octubre y seguiría dentro de la letra de la norma.
Pero justamente ahí está la trampa, y ya la señalamos hace meses en ‘La opaca transparencia municipal’: una ley que fija un piso mínimo mensual no es una licencia para publicar a destajo y en silencio, es el umbral de la vergüenza. El Gobierno se esconde en el mínimo legal como el estudiante que aprueba con un 4: técnicamente cumplió, moralmente raspa. Publicar todos los días cuesta exactamente lo mismo que publicar cuando pinta: nada. El SIBOM existe, la infraestructura existe, el personal existe. Lo que no existe es la voluntad.
Y la voluntad, en esta gestión, se reserva para otra cosa: para el relato.
🌲 El método del bosque: por qué acumulan decretos en lugar de publicarlos
¿Por qué un gobierno que firma decretos a diario decide no publicarlos durante días? La respuesta no es técnica, es estratégica. Ya lo anticipamos en ‘Una semana de silencio’: se trata de la técnica del bosque.
Si publicás un decreto solo, lo leen todos: el monto, la partida, el beneficiario, la fecha. Si publicás cuarenta decretos juntos, un martes a la tarde, en un PDF de cien páginas, la vista se pierde en el follaje. La ciudadanía no tiene tiempo de leer semejante fantochada; los medios locales, salvo contadas excepciones, ni siquiera lo intentan. Y en ese follaje es donde se esconden las cosas interesantes: una subsecretaría a medida, una escala salarial, una concesión, un canon que desaparece, una autorización de gasto ‘conforme a la disponibilidad presupuestaria’, la frase mágica que le permite al Ejecutivo mover fichas sin rendir cuentas previas, como ya documentamos cuando analizamos el Decreto 236/26 en nuestra nota ‘De Interés Municipal a Interés Oscuro’.
Este no es un error de calendario. Es diseño. No es un olvido del empleado de despacho. Es una política de comunicación institucional aplicada al instrumento que debería servir exactamente para lo contrario: para que nadie pueda ocultar nada.
🎭 El blindaje mediático: ocultar lo incómodo, vender lo conveniente
Y acá llegamos al corazón del asunto, porque el silencio del Boletín no existe en soledad: existe en simbiosis con un ruido permanente.
Fíjense el mecanismo, que venimos describiendo hace tiempo en este medio:
- Se oculta la información incómoda. Los decretos que deciden gastos de $1.500 millones esperan. Los números que nadie quiere mostrar se apilan en un ejemplar que saldrá cuando salga. La corrección nunca se publica con la misma energía con que se anunció el error, como retratamos en ‘La Fe de Erratas que erra’.
- Se impone la realidad paralela. Gacetillas, fotos, ‘primicias’ amigables, conferencias donde se anuncian obras sin decreto publicado, logros sin contraparte documental. El vecino ve escuelas, licitaciones, firmas digitales. No ve el expediente. No ve la partida. No ve quién se lleva qué. Como mostramos en ‘DAM gratis’, se puede presumir de transparencia mientras se entrega un estadio de forma gratuita sin publicar el acto que habilita su uso gratuito, ni el supuesto pacto por mejoras. Tres caminos, eximición, contrato o incumplimiento, y el Gobierno elige no definir cuál de las tres es. Esa indefinición, precisamente, es la política del gobierno municipal.
El blindaje no necesita mentir todo el tiempo. Le alcanza con elegir qué existe y qué no existe. Lo que existe es la foto del Intendente anunciando $1.500 millones para el Colegio Industrial. Lo que no existe, hasta nuevo aviso del SIBOM, es el decreto que lo respalda. Lo que existe es el reel de la firma digital. Lo que no existe es el texto del acto. La realidad que nos venden y la realidad documental son dos planos que, en Zárate, cada vez se cruzan menos.
🦗 ¿Y por qué nadie habla de esto? La pregunta incómoda
Acá está el pasaje que más duele. Porque si el Boletín estuviera vacío dos semanas en cualquier municipio con prensa mínimamente independiente y un Concejo mínimamente opositor, habría pedidos de informes, notas en diarios, preguntas incómodas en conferencias de prensa. En Zárate: silencio sepulcral.
¿Por qué? Analicemos sin anestesia.
Primero: porque el Concejo Deliberante funciona en modo aplauso reglamentado. Y sesionando cada 15 días, cuando cumplen con cierta frecuencia: sesiones de homenajes y protocolos, sin debate, sin audiencias públicas, sin publicación sistemática de expedientes, asistencias ni dictámenes. ¿Quién va a preguntar por los decretos inéditos en un cuerpo que se entera de los eventos después de que ya ocurrieron? El control político no está débil: está de licencia con goce de haberes.
Segundo: porque la discusión de los temas de fondo nunca se da. El expediente que entrega veinte años del Centro de Gestión del Conocimiento a una cámara sin antecedentes, el proyecto ómnibus de la Costanera, la designación de autoridades en entes autárquicos: temas que definen el distrito por décadas, tratados sin debate público, como advertimos al analizar el Presupuesto 2026 en su momento. Sin documentos completos no hay participación ciudadana: hay espectadores administrativos.
Tercero: porque a muchos medios locales les resulta más rentable, o más cómodo, reproducir el anuncio que pedir el decreto. La ‘primicia’ de la conferencia de prensa se publica el mismo día. El Boletín que tarda catorce días no es noticia para nadie. Así se construye el blindaje: no con mentiras, con omisiones.
Cuarto: porque a la sociedad le falta información para indignarse. Nadie puede indignarse por lo que desconoce. El ocultamiento no solo esconde: desactiva. Cada decreto que no se publica a tiempo es una decisión que vence sin escrutinio, un gasto que se ejecuta sin control ciudadano, una deuda que el vecino paga sin saber en qué se la gastaron.
🔍 Cierre: el día que nadie lea el Boletín, el Boletín dejará de importar
Dejemos algo en claro, una vez más: no nos oponemos a que se licite la reparación del Colegio Industrial ni al mantenimiento de calles. Se necesitan, y mucho. Lo que discutimos es el método. Un gobierno que presume de transparencia no puede anunciar obras por $1.500 millones en conferencia de prensa mientras el acto administrativo que lo habilita duerme en un limbo. La foto no es la rendición de cuentas. El anuncio no es la publicación. El reel no es el Boletín.
Nuestra invitación es la de siempre, pero con urgencia renovada: cuando aparezca el ejemplar con la manada de decretos acumulados, porque va a aparecer, va a ser el momento de leer todo. Uno por uno. Monto por monto. Porque los gobiernos que acumulan decretos para publicarlos de golpe saben algo que nosotros también sabemos:
El día que nadie lee el Boletín Oficial es el día que el Boletín deja de ser obligación y pasa a ser decoración.
Publicar es gratis. Ocultar también. La diferencia entre una cosa y la otra es, exactamente, la diferencia entre gobernar para los vecinos o administrar para el propio relato.
Y por ahora, en el Partido de Zárate, el relato tiene firma digital. El Boletín, no.
‘Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copias a sus amigos: nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad. Derrote el terror. Haga circular esta información’.
RODOLFO WALSH – AGENCIA CLANDESTINA DE NOTICIAS
