🎭 El recinto lleno, la silla vacía
Hay una frase que los políticos zarateños repiten como un mantra: ‘a la gente no le interesa la política’.
Ayer, con el recinto del Honorable Concejo Deliberante colmado de vecinos, algo que, seamos honestos, no se veía hace muchos años, quedó demostrado que la frase está mal formulada. A los vecinos les interesa la política. Lo que no les interesa es participar de un paso de comedia donde el guion ya viene subrayado, los aplausos ensayados y el final decidido en una mesa que no es la del recinto. La convocatoria había circulado días antes, puerta a puerta y de boca en boca, ante la continuidad del tratamiento del Expediente 205/26.
Vinieron. Y algunos de los que ellos eligieron… se fueron.
🚪 Salida por la izquierda, ausencia por derecha
El bloque de Somos Zárate anunció su retiro de la sesión, tal como adelantó Gallea. Un derecho, dirán algunos. Lo es. Pero hay algo que cuesta digerir: retirarse del recinto en el momento exacto en que la posición que uno defendía acababa de ser derrotada no es ejercer un derecho, es un berrinche institucional. Los vecinos los pusieron ahí para que trabajen, los representen, no para que los representen solo cuando ganan.
Más llamativo aún fue el bloque de La Libertad Avanza, que acompañó la retirada sin haberla anunciado, con lo que se incumplió el artículo 45 del Reglamento Interno del Cuerpo. A nadie le llamó la atención porque todos están acostumbrados a no respetar el Reglamento Interno. Queda una pregunta dando vueltas: ¿en qué parte del manual del liberalismo dice que el Reglamento se respeta solo cuando conviene?
Y vale una pincelada aparte para las abstenciones de la semana pasada. La Libertad Avanza se abstuvo por ‘falta de tiempo de análisis’ del proyecto. Siete días después, con una semana entera para analizarlo, optaron por irse. Parece que el análisis no les alcanzó ni para votar ni para quedarse. Ni siquiera lo expresaron, rara actitud partidaria. Y la concejal Nazábal, que también se abstuvo pero por discrepancias con el proyecto oficial, eligió contarle sus objeciones a la almohada: los vecinos de Zárate no la escucharon opinar ni una sola vez en el recinto.
🪟 Ingresos por la ventana
Con el 205/26 todavía sobre la mesa, Borrelli mocionó el ingreso fuera del Orden del Día del Expediente 445/26, un proyecto de ordenanza titulado con esa prolijidad que ya da desconfianza: ‘Defensa judicial del patrimonio municipal y de los espacios de uso público del sector Costanera’. El texto ordena al Ejecutivo seguir todas las instancias judiciales, prohíbe transar entre las partes sin autorización del Concejo, inventa un régimen de contralor legislativo sobre los juicios y hasta remite a la Ordenanza 4.851 de Contribución por Valorización Inmobiliaria, la misma que el Municipio hizo la vista gorda en el truco fiscal del 30 al 05.
Un detalle que no es menor: la autoría del 445/26 figura como ‘varios concejales’, pero luego el propio Borrelli se encargó de destacar que el proyecto era de su autoría. Ingresó por unanimidad de los 11 presentes y se lo envió a Comisión de Legislación.
Ahí, como si el recinto necesitara respirar, Schiavoni pidió un cuarto intermedio de una hora. También aprobado por unanimidad. El suspenso, se ve, era insoportable.
📦 Archivo, rechazo y la falacia del plazo expirado
Retomada la sesión, Fenestraz pidió el archivo del decreto 205/26. No el rechazo: el archivo. Su argumento, repetido después por Schiavoni, Borrelli y Matilla, es que si se rechazaba el proyecto no podría tratarse otro sobre la misma materia durante el período legislativo. Hay quienes lo argumentan por lo que dice el artículo 107 de la Constitución de la Provincia de Buenos Aires, que señala que ‘Ningún proyecto de ley rechazado totalmente por una de las Cámaras, podrá repetirse en las sesiones de aquel año.’
Acá hay que ser precisos, porque de esto se habla mucho y se lee poco: ese artículo establece un marco general sobre la iniciativa legislativa y la sanción de leyes provinciales, pero en el Reglamento Interno del Concejo Deliberante de Zárate no consta ninguna norma que impida tratar un nuevo proyecto sobre la misma materia tras un rechazo anterior. Si alguien lo encuentra, que lo comparta: el debate enriquece. Pero presentar como obstáculo legal lo que es, en el mejor de los casos, una lectura forzada, huele a excusa preparada. ¿Por qué tanto esfuerzo por archivar en lugar de rechazar, si el resultado práctico sería el mismo?
Ayala pidió la palabra en respuesta a la propuesta de Fenestraz y Matilla dejó pasar el pedido antes de las Efemérides, dejando entrever que el cronograma estaba escrito en otra sala. Ayala pidió el rechazo. Budano quiso pasar a los proyectos nuevos. Nadie sabía muy bien dónde estaba parado el debate, y eso, en este Concejo, es sinónimo de normalidad.
🎪 El debate libre, o el festival de las posiciones
La situación se había empantanado, porque la propuesta de Fenestraz generó rechazo y Matilla pretendió cercenar el debate, entonces propusieron posponer la votación de la moción a posteriori de escuchar a todos los concejales que quisieran hablar. Aprobado el debate libre, con los votos de cada uno registrados de forma tan opaca que no quedó claro quién votó qué, pasó algo insólito: por primera vez en la historia reciente, todos hablaron. Algunos, incluso, leyeron.
Borrelli dijo que rechazaba el proyecto del 205/26… pero no votó el dictamen que lo rechazaba. Y se despachó con un furcio delicioso: ‘no hay que tener memoria de la Carbonilla’. La frase merecía mejor destino. Además, se encargó de destacar que el nuevo proyecto era de su autoría, en una demostración de que la defensa del espacio público, en algunos casos, tiene copyright.
Castiglioni defendió el rechazo y apuntó al hueso político: la Costanera como patrimonio de todos. Fenestraz y Schiavoni insistieron con el archivo, con Schiavoni de regalo: una dúplice de críticas al Ejecutivo. Grassi, en un lapsus que vale más que cinco discursos, habló de ‘nuestro proyecto y el de Castiglioni’, refiriéndose al texto de Borrelli, exponiendo que más allá que muchos se esmeraron en hablar de bloque, había dos posiciones enfrentadas.
Matilla, en lugar de cerrar el debate del expediente en tratamiento, se puso a debatir el nuevo proyecto y argumentó que el archivo era ‘la salida’. La pregunta quedó flotando en el aire del recinto: si estaba convencido de que había que rechazarlo, ¿por qué no tuvo el coraje de rechazarlo? Y entonces propuso reemplazar el texto oficial por los proyectos de Borrelli y Castiglioni. Cuando tampoco eso prosperó, Castiglioni salió con la tercera vía: devolver el 205/26 a Comisión, para tratarlo en conjunto con los proyectos recién ingresados.
¿Y los dictámenes que estaban en discusión? Bien, gracias. Comisión a la vista.
🐈 El expediente con siete vidas
Leamos juntos lo que pasó, porque el titular fácil, ’Matzkin perdió’, ‘ganó la oposición’, queda corto… y quizás no sea la mejor definición. El Concejo no rechazó el Expediente 205/26, lo devolvió a Comisión. O sea: lo dejó con vida. Y mientras un expediente está vivo en comisión, puede modificarse, fusionarse, mutar. Puede convencerse a un edil. Puede invitarse a otro a faltar. Quienes ya saben lo que quieren hacer en la Costanera no suelen desaprovechar esos vericuetos.
Muchad curiosidades en el Concejo Deliberante, ‘curiosamente’, quienes rechazaban el 205/26 no lo rechazaron. ‘Curiosamente’, el 445/26 entró por la ventana con la sesión en pleno desarrollo y sin autores identificables. ‘Curiosamente’, los que se quejaban de la falta de tiempo para analizar eligieron, una semana después, el retiro de la sala sobre el análisis. Tantas curiosidades juntas ya no son curiosidades: es un patrón de funcionamiento.
🧾 La deuda pendiente
La verdad es que en la tarde de ayer hubo una imagen valiosa que rescatar: un recinto lleno de vecinos que se quedaron hasta el final, escuchando a once concejales hablar de su Costanera, esa que algunos quisieron convertir en negocio millonario, esa que algunos lloran en público y negocian en privado. Pero también dejó el regusto amargo de siempre: proyectos sin firma, mociones que se presentan y se retiran, reglamentos que se invocan, se ignoran, siempre se trasgrede, según convenga, y un expediente clave que muere todos los días a las 20 horas y resucita a la mañana siguiente.
El Concejo Deliberante de Zárate sigue en deuda. No con Matzkin, ni con los bloques, ni con los desarrolladores que esperan su oportunidad como quien espera la marea. Está en deuda con toda esa gente que ayer llenó el recinto y que solo pidió, pidiendo poco, que se vote lo que se piensa y se diga por por qué se vota.
El decreto 205/26 volvió a comisión. Los vecinos, mientras tanto, siguen esperando. Y el Expediente, que muchos daban por muerto, tan solo estaba de parranda…
🃏 ¿Te gustó que te cuente lo que otros callan?
Sumate al canal de WhatsApp del Príncipe del Manicomio.
Sin filtros, sin vueltas, sin decretos truchos.
Tocá acá…
👉 https://whatsapp.com/channel/0029Vb8JfImLNSa4LGW84625
y enterate antes que nadie.
‘Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copias a sus amigos: nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad. Derrote el terror. Haga circular esta información’.
RODOLFO WALSH – AGENCIA CLANDESTINA DE NOTICIAS
