El eterno retorno de las mismas caras 🎭
La teoría democrática vs. la realidad zarateña (spoiler: perdió la teoría)
Dos de las principales características de la democracia para ser considerada como tal son la alternativa y la alternancia democráticas. Ambos conceptos deben entenderse no solo como potenciales, sino fundamentalmente, como de ejercicio efectivo. Porque en democracia, como en el tango, no alcanza con saber los pasos: hay que bailar. Y en Zárate, hace rato que están todos sentados esperando que empiece la música.
La alternancia se refiere al relevo de quienes gobiernan, en un contexto de elecciones libres y competitivas, lo que permite que distintos partidos o fuerzas políticas asuman el poder en momentos diferentes. Es una pieza elemental del engranaje democrático: sin alternancia, la democracia se debilita porque se instala la continuidad indefinida o el monopolio. Como bien señala la investigación latinoamericana sobre sistemas de partidos, la alternancia política no solo implica cambios de personas o partidos políticos en el poder, sino también es un proceso que permite reforzar la confianza en las instituciones electorales y políticas de las democracias representativas.
Como bien apunta Pedro Isern, la alternancia no es un evento aislado sino parte de un proceso temporal más amplio: ‘La alternancia alcanza su significado dentro de la democracia y deviene una condición necesaria no suficiente para la consolidación de una polis de alta calidad.’, de este modo, la alternancia es una condición necesaria para la riqueza democrática (ya que evita el estancamiento, la perpetuación de élites, el debilitamiento del control ciudadano) pero no suficiente: tener alternancia sin otras garantías democráticas (libertades, competencia, institucionalidad) no asegura una democracia plena.
O dicho en criollo: que cambien las figuritas no significa que cambie el álbum. Y en Zárate venimos coleccionando el mismo álbum hace décadas, solo que con figus recicladas.
Dieciséis años de lo mismo con diferentes disfraces 🎪
Durante mucho tiempo no hubo en Zárate una alternancia real, puesto que durante 16 años gobernó el mismo partido, el mismo grupo dirigencial, el mismo Intendente. Con diferentes andamiajes y ropajes, supo adecuarse a la realidad coyuntural del momento para erigirse como el único capacitado para llevar adelante el gobierno local. No hubo alternancia, pero fundamentalmente, no había alternativa.
El caffarismo supo transformar la gestión municipal en una especie de reality show permanente donde siempre ganaba el mismo concursante. Y lo curioso es que muchos de los que hoy se rasgan las vestiduras criticando esa época estaban allí, aplaudiendo, votando a favor en el Concejo, haciendo la plancha y esperando su turno. Porque en la política zarateña, como en las telenovelas turcas, los malos de hoy fueron los buenos de ayer, y viceversa.
¿Qué es una alternativa democrática? (y por qué no la encontrás ni con Google Maps)
El concepto de ‘alternativa democrática’ está menos sistematizado en la ciencia política latinoamericana que la alternancia (quizás por ello menos usado y más polisémico). En el uso que propongo, podemos definirla como la capacidad de presentar opciones reales -no triviales- para el gobierno que cuestionen el statu quo político-institucional, ofrezcan otro rumbo y permitan a la ciudadanía elegir entre rutas distintas.
Si aceptamos que la democracia implica pluralismo, competencia, opciones efectivas, entonces la ‘alternativa democrática’ es la existencia de opciones políticas viables, con vocación de asumir el poder y de transformarlo. Pero no se trata de solo existir, puesto que debe ser una alternativa real. Y acá viene lo jugoso:
Alternativa vs continuismo: Una ‘alternativa’ genuina desafía las rutinas, las élites, los modos de hacer política; si no lo hace y se reduce a más de lo mismo, pierde su carácter. Es como cambiar el nombre del negocio pero seguir vendiendo los mismos productos vencidos.
Alternativa vs mera oposición: No basta con estar en la oposición; ser alternativa implica articular proyecto, organización, viabilidad de gobierno. Porque quejarse en Facebook no es un programa de gobierno, por más likes que tenga.
¿Por qué importa todo esto?
Bajo las condiciones de competencia política de un sistema democrático, se plantea la probabilidad de que haya alternancia. Así, para un cierto segmento de la Ciencia Política, la consolidación de la democracia se vincula con la posibilidad y la probabilidad de alternancia política. Porque si no hay alternativa real, la democracia puede quedar reducida a un formalismo: elecciones que no permiten elegir entre rumbos distintos. Esto erosiona la legitimidad democrática. Es como ir a un restaurant donde todos los platos del menú son el mismo guiso recalentado con distinto nombre.
Sin alternativa no hay alternancia. Y sin alternancia, lo que tenés es una monarquía con urnas.
La pregunta del millón (o del déficit municipal, según se mire) 💰
Surge entonces la pregunta de fondo que dio origen a este artículo. ¿Existe alternativa política en Zárate? La respuesta es concreta y contundente. No.
No la hubo durante el caffarismo y no la hay hoy. Y la cosa se pone más turbia cuando se analiza la continuidad estructural.
Durante el gobierno de Osvaldo Cáffaro gran parte de la dirigencia política local fue socia y cómplice del gobierno, incluso quienes hoy ocupan el gobierno con Marcelo Matzkin y Matías Ranzini a la cabeza, quienes supieron hacer de los acuerdos políticos la razón de ser de su proceder, esperando agazapados tener la oportunidad de cambiar el capital accionario de la sociedad.
La literatura académica sobre élites políticas en América Latina nos advierte sobre este fenómeno: la circulación público-privada se caracteriza por la existencia de un grupo estable de individuos que desarrollan sus carreras laborales ocupando alternativamente cargos en distintas esferas de poder. En términos más directos: la misma rosca, distinto logo.
Y esto ocurrió en diciembre de 2023, donde no cambiaron los socios, sino que solo cambió quién tenía más acciones y, por ende, mayor poder de decisión. Matzkin y Ranzini no derrotaron al caffarismo: lo heredaron. Como quien hereda un departamento: te cambian el nombre en el contrato pero la humedad en las paredes sigue ahí, igual de persistente.
El presente: más de lo mismo, pero con mejores community managers
Esta matriz se mantiene durante el gobierno de Marcelo Matzkin, donde no aparece una alternativa real que cuestione el poder local. Lo que aparece es el simulacro de la oposición, ese teatro político donde todos conocen el guión pero fingen sorprenderse en cada escena.
Fuerza Patria, que podría presentarse como la oposición al gobierno municipal es cómplice de este en los principales trazos, y solo se desmarca en cuestiones inocuas que no modifican el esquema de poder. Es una puesta en acción para hacer como que se actúa distinto cuando en realidad se hace lo mismo, por acción u omisión.
Basta ver el funcionamiento del Concejo Deliberante para corroborar esta aseveración… y si se mira fuera se ve una lucha fratricida que lo único que hace es garantizar que nada cambie, que todo siga igual. La interna peronista zarateña es el mejor seguro de vida del oficialismo: mientras Matilla y Propato se pelean por quién sale más bonito en la foto con Kicillof, Matzkin gobierna sin contrapesos.
Y esto no significa que se deba ser verticalista, sino que con discursos flamígeros no se cambia la realidad, con publicaciones en Instagram no se modifica lo que se critica. Como dijera Rodolfo Terragno, citando a Felipe González, ‘no se modifica la realidad desde la orilla. Si quieres modificarla has de mojarte.’ Pero en Zárate, la oposición prefiere quedarse en la costa, gritando muy fuerte pero sin meter los pies al agua.
El resto del zoológico político 🦁🐘🦒
Y lo mismo ocurre con las restantes fuerzas. La Unión Cívica Radical y La Libertad Avanza se encuentran subsumidas en el oficialismo y no cuestionan el status quo. El radicalismo zarateño es una efímera sombra de lo que fue: pasó de ser el partido de Alem y Alfonsín a ser el partido de ‘sí, señor intendente’.
Zárate al Futuro juega de líbero pretendiendo ejercer un poder del que carece puesto que en el esquema actual su voto no tiene valor. Es el jugador que entra cuando el partido ya está definido y después dice que participó del triunfo.
El Partido Socialista, en una lenta agonía, va perdiendo su representación gubernamental sin pena ni gloria lejos de aquel partido que supo marcar el pulso de la política local. El PS zarateño es hoy un recuerdo nostálgico, como esos negocios que todavía tienen el cartel pero adentro no queda nada.
El Partido Demócrata, que supo comenzar con muchas ínfulas pretendiendo erigirse como eje rector del buen proceder y el respeto a las normas rápidamente sucumbió en la intrascendencia y la inacción. Llegaron hablando de republicanismo e institucionalidad, y terminaron siendo un sello más en el álbum de la coalición oficialista.
Todos son cómplices de la situación actual, y llamativamente nadie pretende sacar los pies del plato. Porque seamos honestos, ¿para qué arriesgarse cuando el sistema funciona tan bien para todos ellos?
El funcionariado público como ‘beca temporal’: la gran estafa conceptual 🎓➡️💼
Acá llegamos a uno de los núcleos del problema zarateño: la noción del funcionariado público como ‘beca temporal’ y no como servicio público. Esta perversión del concepto de función pública es quizás la mejor explicación de por qué no existe alternativa real.
La captura del Estado se produce cuando los sectores económicos o políticos toman el control de las instancias decisorias de gobierno de forma directa (puerta giratoria de entrada) o indirecta (lobby), beneficiándose de la acción de las agencias públicas. En Zárate, esto se traduce en una clase política que ve los cargos públicos como escalones en una carrera personal, no como una responsabilidad hacia la comunidad.
El funcionario zarateño promedio no piensa en términos de ‘¿cómo mejoro la vida de los vecinos?’ sino en ‘¿cuánto dura este puesto y qué consigo después?’. Es la lógica del becario eterno: entrás al Estado para hacer contactos, acumular poder, construir tu red, y después saltar a algo mejor. El problema es que ese ‘algo mejor’ nunca implica dejar el poder, solo cambiar de silla.
Como señala la investigación sobre élites en América Latina, en nombre de la tecnificación del Estado se consigue una perpetuación del bloque habitual de poder y la conservación de antiguos intereses elitarios. La ‘profesionalización’ de la política zarateña no significó mejores funcionarios, sino funcionarios más hábiles para perpetuarse.
Y así se construye una fraternidad del poder: todos pasan por todos los espacios, todos se conocen, todos se deben favores. El peronista de ayer es el cambiemita de hoy, el radical de mañana será el libertario pasado mañana. Cambian los colores de la camiseta pero los jugadores son siempre los mismos, rotando en ese carrusel infinito donde nadie se baja nunca del todo.
Esta es la verdadera ‘puerta giratoria’ zarateña: no la que conecta el sector público con el privado (que también existe), sino la que conecta un cargo público con otro cargo público, en una danza eterna donde la música nunca se detiene y los que bailan nunca cambian.
Los que están afuera: ¿alternativa o utopía? 🌈
Por otro lado, las fuerzas sin representación institucional no aparecen como alternativa real de construcción de un proyecto diferente, ese es su desafío. Y es un desafío titánico, porque cuando todo el sistema está armado para que los de adentro sigan adentro, los de afuera no tienen ni la tribuna ni el micrófono.
Las experiencias latinoamericanas muestran que el proceso de cambio político requiere no solo una crisis del régimen anterior, sino también la construcción de alternativas viables que permitan la participación ciudadana en las decisiones públicas, la equidad y la igualdad en el desarrollo social y en la competencia política. En Zárate, la crisis del caffarismo no generó una alternativa, generó un reacomodamiento.
‘Pero perdieron dos elecciones’ (o el arte de confundir rechazo con alternativa)
Seguramente habrá quien crea que existe una alternativa puesto que en menos de dos meses Marcelo Matzkin y La Libertad Avanza perdieron dos elecciones en Zárate, lo cual es, como diría Manu, ‘un facto’, pero la realidad es que la elección municipal se resolvió más como rechazo y llamado de atención a la gestión actual que como el aval a una alternativa política real, en tanto que la elección nacional tuvo un componente más extra Zárate que un diagnóstico local.
Porque una cosa es decir ‘no’ y otra muy distinta es construir un ‘sí’ alternativo. El voto castigo no es lo mismo que el voto proyecto. Y en Zárate, lo que hubo fue castigo, no proyecto. La gente no votó por una alternativa, votó en contra. Que no es lo mismo, aunque se parezca.
Es la diferencia entre romper con tu pareja porque encontraste a alguien mejor y romper porque ya no la bancás más, aunque no tengas idea de qué hacer después. Zárate hizo lo segundo en las dos elecciones. Y ahora está en esa incómoda situación de haber dicho ‘no’ sin tener muy claro cuál es el ‘sí’.
El diagnóstico final: democracia a media máquina ⚙️
Hoy en Zárate no existe alternativa, y sin alternativa no hay alternancia. Lo que existe es una rotación de élites que, como documenta la literatura académica, no implica necesariamente un cambio en las políticas ni en la dinámica ideológica del sistema, sino simplemente un ajuste en quién ocupa temporalmente los espacios de poder.
La construcción democrática, que siempre es continua y siempre está inacabada, requiere de ambas condiciones. No alcanza con votar. La democracia es mucho más que eso. La democracia es debate, es control, es alternativa, es riesgo. Es la posibilidad real de que las cosas cambien, no solo de que cambien los nombres en las placas de las oficinas.
Y acá está el problema de fondo: en Zárate tenemos democracia electoral pero no democracia sustantiva. Votamos cada dos años, sí. Pero votamos entre opciones que, en el fondo, no difieren en lo esencial. Es como elegir entre distintas marcas del mismo producto: el packaging cambia, los colores son diferentes, pero el contenido es idéntico.
Una transición democrática se considera finalizada cuando existe posibilidad real de alternancia partidista, cambios en las políticas pueden resultar de la alternancia en el poder, y un efectivo control civil sobre los militares ha sido establecido. En términos municipales zarateños: una democracia madura requiere que la alternancia produzca cambios efectivos en las políticas públicas, no solo en los apellidos de los funcionarios.
El desafío (o cómo salir del loop infinito) 🔄
Ese es el desafío que los zarateños tenemos por delante. Y no es un desafío menor, porque implica romper con décadas de lógica política instalada. Implica dejar de aplaudir el ‘mal menor’ y empezar a exigir el ‘bien posible’. Implica entender que el voto no es el final de la participación democrática, sino el principio.
Porque mientras los zarateños sigamos conformándonos con elegir entre opciones que en el fondo son lo mismo, mientras sigamos aceptando que la política es un negocio de iniciados donde los ciudadanos somos meros espectadores para actuar cada dos años, mientras sigamos pensando que ‘son todos iguales’ y por lo tanto da lo mismo… bueno, seguiremos teniendo exactamente lo que merecemos: una democracia de baja intensidad, una alternancia sin alternativa, un cambio que no cambia nada.
La pregunta ya no es si existe alternativa en Zárate. La pregunta es: ¿vamos a construirla o vamos a seguir esperando que alguien lo haga? Porque la alternativa no va a caer del cielo como un mesías político. La alternativa se construye, se organiza, se pelea. Todos los días.
Y mientras tanto, el carrusel sigue girando, las caras siguen rotando, y todo sigue igual. Como siempre. Así es en Zárate. 🎠
‘Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copias a sus amigos: nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad. Derrote el terror.’
RODOLFO WALSH – AGENCIA CLANDESTINA DE NOTICIAS
