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    La paz de los bravucones: cómo Estados Unidos llama “victoria” a una retirada

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    By principedelmanicomio on 12 abril, 2026 Artículos periodísticos

    En marzo pasado, en estas páginas, analizamos la lógica implacable de la ley del más fuerte como principio rector de las relaciones internacionales. Dijimos entonces lo que Hans Morgenthau lleva décadas diciéndole al mundo desde sus libros: que los Estados se mueven por el interés nacional y la maximización del poder, no por los valores que proclaman en sus discursos. Que la moral internacional es, en el mejor de los casos, un barniz elegante sobre la brutalidad de la geopolítica real. Que quien tiene el poder manda, y quien no lo tiene obedece.

    Pues bien. Lo que pasó entre el martes 7 y el miércoles 8 de abril de 2026 es la ilustración más perfecta, y más cómica, de que Morgenthau tenía razón, pero también de que la teoría tiene sus límites cuando el que pretende ser el más fuerte se termina sentando a negociar con quien, según él mismo, “no tiene marina, no tiene fuerza aérea, no tiene equipamiento”.

    Bienvenidos al ceasefire que nadie llama derrota pero todos saben que lo es.

     

    💣 El ultimátum que no fue

    Donald Trump amenazó con que “una civilización entera morirá esta noche, para no volver jamás” si Irán no cumplía con sus demandas antes de las 8 de la noche del martes, hora de Washington. La frase es tan desmesurada que no merece el menor análisis. Una civilización entera. Esta noche. Para no volver jamás. Irracional.

    Y entonces, menos de dos horas antes del deadline, Trump publicó en Truth Social que suspendía los bombardeos por dos semanas, sujeto a que Irán acordara reabrir el Estrecho de Ormuz.

    Así de sencillo. De “una civilización entera morirá esta noche” a “acordamos una pausa de catorce días”… ¿por qué?

    El presidente que prometió la destrucción total aceptó una mediación de Pakistán para evitar ejecutar su propia amenaza. Trump explicó que los próximos dos semanas se utilizarían para finalizar un acuerdo, señalando que “casi todos los puntos de contención del pasado han sido acordados” entre Estados Unidos e Irán. Curiosa forma de describir el resultado de una guerra que, según él mismo, estaba ganando de manera aplastante.

     

    🐉 El tercer actor: China, el mediador que nadie quiere mencionar… y quizás quien más ganó

    Pakistán se llevó el crédito público. Pero la diplomacia real, como siempre, ocurrió en otro lado.

    El plan de cese del fuego tomó forma durante la visita del canciller paquistaní a Pekín. La iniciativa conjunta China-Pakistán incluía un cese inmediato de hostilidades y la reapertura del Estrecho de Ormuz. Islamabad fue la vidriera. Pekín, el taller.

    Tres funcionarios iraníes le dijeron al New York Times que una intervención de último momento de China ayudó a Irán a aceptar la propuesta paquistaní para el cese del fuego temporal, lo que sugiere que Islamabad no fue el único actor en las negociaciones.

    Trump, que en otro contexto hubiera negado hasta el final cualquier protagonismo chino, confirmó el rol de Pekín con su habitual sofisticación diplomática. Cuando la agencia AFP le preguntó si Beijing había estado involucrado en llevar a Teherán a la mesa de negociación, respondió: “I hear yes.” Tres palabras. Toda una confesión.

    La portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores chino, Mao Ning, enumeró los esfuerzos que su país había realizado en las semanas anteriores para desescalar el conflicto, sin dirigirse directamente a los reportes de que China ayudó a convencer a Teherán de aceptar la tregua. El canciller Wang Yi realizó 26 llamadas telefónicas con partes que incluyen a Irán, Israel, Rusia y los estados del Golfo. Veintiséis llamadas. En silencio. Sin conferencia de prensa. Al estilo chino.

    China y Rusia vetaron en el Consejo de Seguridad de la ONU una resolución impulsada por Bahréin, apoyada por los estados del Golfo, que exigía a Irán reabrir el Estrecho de manera inmediata. La resolución recibió once votos a favor pero no prosperó. Open Magazine Beijing jugó en todos los tableros a la vez: medió para el cese del fuego bilateral y bloqueó el mecanismo multilateral que hubiera dejado a Irán sin margen de maniobra.

    En términos de Morgenthau puro: China maximizó su poder sin disparar un solo misil. Eso, en geopolítica, se llama victoria.

     

    🎯 La “victoria” más inverosímil de la historia diplomática

    Aquí viene el nudo del asunto, el detalle que convierte todo este episodio en una sátira que ni el más creativo humorista hubiera imaginado: El Estrecho de Ormuz estaba abierto antes de la guerra.

    El propio canciller iraní Abbas Araghchi lo dijo sin rodeos: “No hemos cerrado el estrecho. Está abierto.” Irán había impuesto restricciones a los buques de países que participaban en los ataques, no un cierre universal. Fue la guerra lanzada por Estados Unidos e Israel el 28 de febrero la que, con su caos y su escalada, efectivamente paralizó el tráfico comercial en la zona.

    Y ahora Trump presenta como su gran logro diplomático… la reapertura de algo que existía antes de que él empezara a bombardear.

    Es como incendiar tu propia casa, apagar el fuego con la manguera del vecino, y salir al balcón a recibir aplausos por haber salvado el barrio.

    En términos morgenthausianos, esto no es maximización del poder: es su simulacro. El poder, en Morgenthau, no es nunca la mera capacidad de destrucción: es la capacidad de convertir esa fuerza en resultados políticos concretos. Y en eso, Washington fracasó.

     

    🚀 Diego García: el día que el mapa cambió

    Mientras Trump tuiteaba amenazas, algo mucho más significativo ocurrió en el Océano Índico a mediados de marzo, y el ruido mediático casi lo enterró.

    Irán lanzó dos misiles balísticos de alcance intermedio contra Diego García, la base militar conjunta de Estados Unidos y el Reino Unido en el Océano Índico. La base está a 4.000 kilómetros de las costas iraníes.

    El incidente reveló una capacidad misilística iraní superior a todo lo estimado: Diego García está a una distancia similar de Teherán que las principales capitales europeas.

    Los misiles no impactaron. Según reportes de The Wall Street Journal y CNN, uno falló en pleno vuelo y el otro fue derribado por un interceptor disparado desde un buque de guerra estadounidense. Pero el punto no es si impactaron o no. El punto es que llegaron hasta ahí, y si lo lograron pueden lograrlo en Europa.

    El analista Trita Parsi, cofundador del Quincy Institute for Responsible Statecraft, señaló que el intento sugiere que bases que Estados Unidos creía fuera del alcance iraní podrían estar en realidad dentro de su rango, junto con buques americanos que habían sido mantenidos a 3.000 kilómetros de distancia.

    En términos estratégicos, esto recalibra el tablero por completo. Desde el punto de vista simbólico, el mensaje es claro: Irán puede alcanzar capitales europeas tan lejanas como Londres. No como amenaza inminente, pero sí como demostración de capacidad. Y en geopolítica, la demostración de capacidad es el poder.

    Aquí Morgenthau cobra una dimensión casi profética: en Politics Among Nations (1948), el politólogo alemán-americano argumentó que el poder militar es sólo una de las dimensiones del poder nacional, pero que la percepción de ese poder es, en muchos casos, más determinante que el poder real. Irán acaba de modificar radicalmente esa percepción.

     

    🏳️ La OTAN que no estuvo

    Si el episodio de Diego García revela los límites del poder militar estadounidense, el capítulo de la OTAN expone los límites de su poder político.

    Trump lanzó la guerra sin consultar a sus aliados y luego les exigió que sus marinas abrieran el Estrecho de Ormuz, que Irán había cerrado. Los aliados, que no habían tomado parte en la decisión de atacar, se negaron.

    La respuesta de Trump fue llamarlos “cobardes”. La respuesta de Europa fue un encogimiento de hombros diplomático con consecuencias históricas. Italia negó el uso de una base aérea en Sicilia para bombarderos estadounidenses. Francia rechazó dejar pasar aviones “cargados de suministros militares” rumbo a Israel por su espacio aéreo. El Reino Unido permitió el uso de sus bases sólo para “misiones defensivas”. España tampoco permitió el uso de las bases en su territorio. El Secretario de Estado estadounidense Marco Rubio dijo que la administración tendría que “reexaminar el valor de la OTAN”.

    Aquí la teoría de Relaciones Internacionales vuelve a ser más útil que ningún editorial. Kenneth Waltz, el arquitecto del neorrealismo estructural, argumentó que los aliados no son socios eternos sino instrumentos temporales de maximización del poder. Cuando el instrumento deja de ser útil, o cuando el socio mayor actúa de forma unilateral y reckless, la alianza se resiente. Lo que estamos viendo no es una crisis de la OTAN: es la confirmación de que la OTAN siempre fue un instrumento del interés norteamericano, y que cuando ese interés diverge del de los europeos, el andamiaje cruje.

    Para los aliados que comparten frontera con una Rusia expansionista, la perspectiva de una OTAN debilitada es profundamente preocupante. La guerra de Irán se perfila como un dividendo estratégico para Moscú: aumenta sus ingresos petroleros y desvía la atención occidental.

    Trump no dinamitó la OTAN con un misil. La fue vaciando de sentido con cada bravuconada, cada ultimátum, cada “cowards” publicado en Truth Social a las 3 de la mañana.

     

    🤝 Irán también “ganó”

    Lo más revelador del ceasefire no es lo que dice Trump. Es lo que dice Teherán.

    El Consejo Supremo de Seguridad Nacional iraní publicó un comunicado diciendo que “casi todos los objetivos de la guerra han sido alcanzados.” La propuesta de diez puntos que Irán entregó a Washington a través de Pakistán incluía, entre otras cosas, el levantamiento de todas las sanciones, la liberación de activos iraníes congelados en el exterior, la retirada de fuerzas de combate estadounidenses de bases regionales, compensaciones por daños de guerra, y el reconocimiento del derecho iraní al enriquecimiento de uranio.

    Cuando dos partes declaran simultáneamente que ganaron, normalmente es porque ninguna ganó del todo. Pero en este caso, la asimetría es elocuente: Irán mantiene en pie su régimen, su capacidad misilística demostrada, su programa nuclear en discusión (¿qué dirá ahora Rafael Grossi?) y una narrativa interna de resistencia heroica. Estados Unidos consigue… que se reabra un estrecho que estaba abierto hace cuarenta días.

    La escuela constructivista de Relaciones Internacionales, Wendt, Finnemore, Katzenstein, siempre insistió en que los Estados no sólo persiguen intereses materiales: también construyen identidades e imaginarios que dan sentido a sus acciones. En ese plano simbólico, Irán salió de esta ronda en mejores condiciones que su adversario. Y eso, en política internacional, importa tanto como los misiles.

     

    📋 El acuerdo según quién lo cuente

    Hay ceasefire. Lo que no hay es acuerdo sobre qué dice el ceasefire.

    En las horas posteriores al anuncio, cada parte publicó su propia versión del texto y ninguna coincide con la de la otra. No es un malentendido menor: son contradicciones de fondo sobre los puntos más sensibles del conflicto.

    Sobre el programa nuclear. Versiones del comunicado del Consejo Supremo de Seguridad Nacional iraní, distribuidas ampliamente por medios estatales iraníes tanto en farsi como en inglés, incluyen la afirmación de que Estados Unidos aceptó en principio el derecho de Irán al enriquecimiento nuclear. Trump, por su parte, escribió en Truth Social que “no habrá enriquecimiento de uranio” y que el material nuclear iraní sería “perfectamente resuelto”. Cuando Sky News le preguntó por los diez puntos filtrados por Irán, Trump sugirió que los puntos que los funcionarios iraníes habían filtrado formalmente eran diferentes de los que realmente se estaban negociando: “No son las demandas maximalistas que Irán está reclamando.”

    Dos partes. Un acuerdo. Versiones opuestas sobre el punto más importante de toda la guerra.

    Sobre el tránsito por el Estrecho. Bajo el acuerdo, el paso seguro será coordinado y tanto Irán como Omán podrán cobrar tarifas de tránsito a los barcos que atraviesen el Estrecho, con los fondos destinados a la reconstrucción postbélica. El gobierno estadounidense no confirmó ni desmintió esta cláusula.

    El vicepresidente JD Vance lo llamó una “fragile truce“. Fue, quizás, la descripción más honesta que salió de la Casa Blanca en toda la semana.

    Lo que tenemos, en definitiva, es un cese del fuego donde el fuego no cesó del todo, donde cada parte leyó un texto diferente, y donde los puntos más importantes, nucleares, sanciones, presencia militar, siguen completamente abiertos. En la jerga de Relaciones Internacionales, esto no es un acuerdo: es un paréntesis con fecha de vencimiento.

     

    💸 El precio de la bravuconada

    Hagamos el balance frío, sin retórica:

    Muertos: Más de 1.900 personas fallecieron en Irán desde el inicio de la guerra. En Israel, más de 1.400. Estados Unidos perdió 13 militares desde el comienzo del conflicto.

    Económico: Los precios del crudo se mantienen muy por encima de los niveles previos a la guerra. Las economías aliadas europeas sufrieron el shock energético que Trump les exigió resolver sin haberlas consultado al momento de generarlo.

    Arsenales: El gasto en munición, interceptores y sistemas de armas fue monumental para ambas partes, pero especialmente significativo para Washington, que debió demostrar capacidad de ataque sostenido durante más de cinco semanas.

    Alianzas: La relación transatlántica quedó, en el mejor de los casos, maltrecha. En el peor, redefinida.

    Prestigio: Un presidente que prometió la destrucción de “una civilización entera” terminó aceptando una mediación pakistaní dos horas antes de su propio deadline. No hay spin que alcance para cubrir eso.

    Morgenthau lo habría formulado con su precisión característica: el poder no es sólo lo que tienes, sino lo que podés usar, y lo que lográs con él. Estados Unidos demostró que puede bombardear. No demostró que puede convertir esos bombardeos en un orden regional favorable a sus intereses.

     

    📖 Epílogo: la ley del más fuerte, revisitada

    En aquel artículo de marzo, citábamos la premisa central de Morgenthau: que el interés nacional, definido en términos de poder, es la única brújula real de la política exterior. Hoy, cuarenta días después, podemos agregar un corolario que el propio Morgenthau habría suscripto: El poder tiene límites. Y quien no los conoce, los aprende en el campo.

    Irán no derrotó a Estados Unidos militarmente. No podría haberlo hecho. Pero demostró que puede sostener un conflicto asimétrico, dañar a su adversario en dimensiones inesperadas, económica, diplomática, simbólica, y salir del episodio sin rendirse. En la literatura realista, eso se llama disuasión exitosa.

    Y Trump, que llegó a esta guerra proclamando que Irán “no tiene nada”, se sentó a negociar vía Islamabad, aceptó una propuesta de diez puntos que incluye discutir el enriquecimiento nuclear, y presentó la apertura de un estrecho que él mismo cerró en los hechos.

    La bravuconada tiene fecha de vencimiento. La geopolítica, no.

    ‘Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copias a sus amigos: nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad. Derrote el terror. Haga circular esta información’.

    RODOLFO WALSH – AGENCIA CLANDESTINA DE NOTICIAS

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