Tal como lo anunciáramos la semana anterior Osvaldo Cáffaro volvió a asumir como Intendente Municipal de Zárate. Cualquiera diría que su carta del 10 de febrero fue la reacción a nuestro artículo del día anterior en el que expusimos públicamente que había renunciado a tener lo que nunca había tenido y que, en consecuencia, estaba en infracción, pero nosotros no somos cualquiera. Como dijera el Chavo del 8 en el festival de la buena vecindad, ‘Vuelve el perro arrepentido, con sus miradas tan tiernas, con el hocico partido, con el rabo entre las piernas…’.
Este hecho, que cualquier desprevenido puede creer que aporta certezas a la realidad política local suma más incertidumbres que las muchas que había hasta ayer.
En primer lugar cabe preguntarse por qué si Osvaldo Cáffaro pidió la licencia en función de la nota que hiciera el Ministro Jorge Ferraresi pidiendo su nombramiento temporario, tras renunciar a esa posibilidad irreal el pasado 3 de febrero, se tomó ocho días para reasumir como titular del Departamento Ejecutivo local. Porque la licencia se la dieron por una razón que ya no existía y ni el oficialismo ni la oposición, valga la redundancia, hicieron algo en consecuencia. La situación era irregular y los veinte concejales fueron cómplices de dicha irregularidad.
Pero no solo por ello hay incertidumbre, también por las consecuencias de su reasunción, y curiosamente las mayores incertidumbres se dan en el Departamento Deliberativo, en el Concejo Deliberante, porque la vuelta oficial de Cáffaro a la titularidad de la Intendencia trae como consecuencia el regreso de Ariel Ríos al Concejo Deliberante, y al respecto aparecen otras dudas.
Ríos antes de asumir como Intendente ya había pedido licencia como concejal y formaba parte del gabinete municipal, ahora al volver al Concejo se abren dos posibilidades, o vuelve a pedir licencia o sigue ejerciendo como concejal. Si se diera el primer escenario, ¿Qué hará el Interbloque minoritario de Juntos? Siguiendo la lógica implementada hasta ahora ¿Votarán con la mayoría dado que siendo minoría no pueden lograr algo diferente y, en consecuencia, validaría una vez más las puertas giratorias en las que los concejales van y vienen del Ejecutivo como quien va al mercado o asumirán la responsabilidad política de representar a la porción de ciudadanos que los votó y dejarán a un lado la complicidad permanente con el oficialismo gobernante? Es difícil creer que Ríos pueda ocupar un lugar en un gabinete local que se rige con un organigrama secreto, ya que si bien la Ordenanza 4911, que establece el organigrama está publicada, sus anexos permanecen ocultos y el Expediente 276/2021, que le diera origen, ni siquiera fue dado a publicidad, y en el que la esposa del Intendente luego de su increíble gestión como Diputada Provincial, porque realmente es increíble la intrascendencia de su labor como legisladora, ocupa el lugar de Secretaria General y virtual número dos municipal. A menos que Florencia Diez o Juan Manuel Arroquigaray fueran desplazados para hacerle lugar al ex putativo, es difícil suponer otro destino que no sea el Concejo Deliberante.
Si en cambio se diera el segundo escenario, con Ariel Ríos como concejal, ¿Seguiría siendo Aldo Morino el Presidente del Concejo Deliberante? Es difícil imaginar una realidad con dos verdaderos pesos pesado del municipalismo local en un mismo ámbito, y es difícil imaginar un Concejo Deliberante con Ríos como concejal y sin Ríos como Presidente del Cuerpo.
¿Habrá un efecto cascada y Ríos reemplazará a Morino y éste fungirá como Presidente del Bloque oficialista desplazando a Tania Caputo quien ocupó el cargo durante la primera mitad del cuarto mandato de Osvaldo Cáffaro? A propósito, ¿Caputo seguirá siendo Concejal o habrá enroque?
¿Habrá fuego amigo? ¿Caerá en desgracia Morino por el accionar de los propios ante la falta de valor de los ajenos? Mucho desgaste político tuvo en el poco tiempo que lleva de gestión con la convocatoria a sesión preparatoria sin cumplir la ley Orgánica de Municipalidades, su elección como Presidente violando las normas vigentes, la convocatoria a una sesión para aumentar las tasas sin respetar las normas, su negativa a convocar a sesión extraordinaria pese a cumplirse los requisitos legales requeridos para ello, bien podrían sintetizar sus menos de dos meses al frente del Concejo Deliberante como una Presidencia al margen de la ley.
¿Aprovecharán propios y ajenos para reemplazar al titular del Concejo Deliberante incluso con acuerdos circunstanciales y específicos para esta cuestión? ¿Habrá valor para explorar esa posibilidad y hacer lo que un concejal debe hacer?
Si así fuera, ¿Alguno de ellos, propios y ajenos, tendrá el valor de ejercer su rol y controlar el Ejecutivo cuestionando el manoseo de las instituciones realizado por Osvaldo Cáffaro? Ya sabemos que no tuvieron las agallas de hacerlo hasta ahora.
Cáffaro le mintió al Concejo Deliberante y el Concejo Deliberante validó su mentira.
Cáffaro le ocultó información al Concejo Deliberante y el Concejo Deliberante validó su ocultamiento.
Cáffaro denigra al Concejo Deliberante y la representación ciudadana y el Concejo Deliberante le hace la claque en silencio.
Decíamos al inicio que ‘Vuelve el perro arrepentido, con sus miradas tan tiernas, con el hocico partido, con el rabo entre las piernas…’ pero la realidad es que nunca fue a ningún lado y pidió licencia por una mera jugarreta electoralista para poder volver a presentarse como candidato a intendente en 2023, dada la falta de aparición de un candidato potable que pueda enfrentarlo y la inutilidad del entorno para erigirse como continuadores de un proceso personalista en exceso que comienza a mostrar claros signos de agotamiento, pero que cuenta con la fortuna de la falta de surgimiento de un proyecto alternativo que sea visto por la ciudadanía como una verdadera opción de poder.
Hoy todo está claro y expuesto, y comienzan a verse, y sentirse, las consecuencias del proceder personalista e individualista del Intendente, quien estuvo dispuesto a mentir, usar las herramientas y las instituciones democráticas, y jugar con los zarateños si eso era útil a sus intereses.
Ese accionar no puede no traer consecuencias. Ese accionar debe traer consecuencias. ¿Tendrán valor y coraje los concejales para hacer lo que no hicieron hasta ahora y debieran haber hecho hace mucho tiempo?


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