Tras doce años como concejal oficialista, cumpliendo con todos los deberes que se le solicitaron y habiéndose convertido en la primera mujer elegida como Presidente del Concejo Deliberante de Zárate, uno imaginaba otro futuro para Ana Laura Allemann.
Si uno repasa brevemente su inolvidable gestión en el Deliberativo (cabe consignar que para olvidar primero hay que recordar y no hay nada importante que merezca ser recordado de su paso por el Cuerpo) solo encuentra hitos como la defensa de pago de sobreprecios en compras gubernamentales, utilizando para ello el dinero de los vecinos y pretendiendo igualar a todos bajo sus ilegales métodos, reconocer y estimular el financiamiento ilegal de Nuevo Zárate, y la frutilla del postre con la que se despidió de su puesto convocando de manera ilegal a la sesión preparatoria del Concejo Deliberante arrogándose un poder del que carecía. Imaginábamos otro futuro para Allemann.
En silencio pasó de la luminosidad del despacho del Presidente del Concejo Deliberante a un oscuro escritorio, que ocupa poco por cierto porque trabaja a distancia, en la Subsecretaría de Medio Ambiente de la Municipalidad de Zárate, previo raudo paso, aunque a los gritos, por el Tribunal de Trabajo.
¿Está preparada para dicho cargo? ¿Tiene preparación técnica al respecto? No se sabe, no se le conoce labor en la materia que avale una formación y expertise como para desarrollar esa tarea en un Municipio en el que las cuestiones ambientales a atender son numerosas y urgentes. Basta pensar en el desarrollo nuclear, las plantas industriales, los basurales oficiales y clandestinos, la contaminación de las napas de agua, la contaminación por desagües. Las tareas son muchas. ¿Qué proyectos tiene al respecto Allemann?
Por ahora lo único que hizo es lo que hace la enorme mayoría de los funcionarios locales, la claque. Se dedicó a repostear en las redes la comunicación oficial municipal respecto al acontecer diario, pero de la tarea por la que cobra, hasta ahora nada de nada. No se conoce discurso alguno sobre la materia que administra. De hecho en los últimos días Zárate debió afrontar varios focos ígneos en su territorio insular y en línea con la tarea del Municipio, que trabajó muy poco al respecto, la tarea de Allemann fue nula.
¿Qué esperar entonces?
El nombramiento (¿Lo hay? ¿Por qué no se hace público?) tiene más que ver con garantizar un estipendio mensual que con un proyecto municipal en la temática que ponga al frente del mismo a los que mejor capacitados están para llevarlo adelante.
Lamentablemente no es más que una práctica común a la que el caffarismo ha recurrido frecuentemente cada principio de año, y mucho más si se trata de un año post electoral en el que hay quienes dejan de tener trabajo.
Porque el caso de Allemann no es el único, quien también pasó al ostracismo es la otra power girl del Deliberativo modelo 2020/21, Laura Fangio, quien canjeando cargo con Alan Fortune recaló en la Subsecretaría Legal y Técnica. ¿Se dedicará a hacer lo que Fortune no hizo y cumplirá con la ley o será cómplice también de su violación?
Ella quería ser Jueza de Faltas, como Florencia Robbiano, la hija de Lilian Burroni, pero no le dio el piné.
Pese a que en el discurso se las señalaba como la renovación femenina del caffarismo el tiempo demostró que tan solo era una puesta en escena para mostrar diferente lo mismo de siempre. Aunque en público le mostraran agradecimiento, en privado, ‘les explicaron cuántos pares son tres botas’ y el poder en serio sigue repartido entre los de siempre.
Las mujeres del poder caffarista no son ni Allemann ni Fangio, aunque se los hayan hecho creer. Sólo son comodines todólogas serviles al Jefe.
El poder pasa por Florencia Diez, quien desde la Jefatura de Gabinete brindó el apoyo con su firma a gran parte de los hechos que el caffarismo tendrá que explicar ante la justicia cuando llegue el momento.
El poder pasa por Lilian Burroni, que pese a todo y a todos, sigue en la Secretaría Privada aunque haya prometido asumir como concejal, y solo lo hizo como rueda de auxilio cuando Nuevo Zárate lo necesitó engañando a los vecinos zarateños.
El poder pasa, fundamentalmente, por Patricia Moyano, intrascendente ex legisladora provincial quien hoy ocupa la Secretaría General del Municipio, un cargo que el Concejo Deliberante nunca aprobó y que los concejales ni se preocupan en investigar porque llevan, por ejemplo, un mes desde la asunción y aún no sesionaron para buscar soluciones a los problemas zarateños… y eso que Zárate algunos problemas tiene.
Moyano, junto a Burroni y Ríos son el núcleo duro del caffarismo y quienes garantizan que las cosas sigan como siempre mientras Cáffaro juega a tratar de ser funcionario nacional.
Las power rangers deberán seguir esperando la necesidad de mostrar una renovación inexistente para volver a salir a la luz. Mientras tanto, a seguir esperando, retwitteando mensajes y cobrando a fin de mes… bastante poco y triste por cierto.
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