30 años atrás Argentina daba uno de los mayores retrocesos en términos de justicia cuando el entonces Presidente de la República, el peronista Carlos Saúl Menem, firmaba una batería de Decretos, numerados seguidamente desde el 2741/90 al 2746/90 por el que indultaba a los jerarcas de la Dictadura Militar, Jorge Rafael Videla, Emilio Massera, Orlando Ramón Agosti, Roberto Viola, y Armando Lambruschini que habían sido condenados en el denominado Juicio a las Juntas, y Mario Eduardo Firmenich, condenado también durante el Gobierno del entonces Presidente de la Nación, Raúl Alfonsín. La medida también alcanzaba a Ramón Camps. Ovidio Riccheri, Norma Kennedy, Duilio Brunello, José Alfredo Martínez de Hoz y Guillermo Suárez Mason.

Si bien la decisión presidencial, prevista en la Constitución Nacional vigente entonces, generó fuerte rechazo en la ciudadanía, Menem decidió seguir adelante con el apoyo implícito y explícito de su partido, del que solo el denominado ‘Grupo de los 8’, integrado por Germán Abdala, Darío Alessandro, Carlos ‘Chacho’ Álvarez, Luis Brunati, Juan Pablo Cafiero, Franco Caviglia, Moisés Fontela y José ‘Conde’ Ramos, había decidido dar un paso al costado y criticar abiertamente la medida separándose del bloque oficialista en la Cámara de Diputados de la Nación, algo no muy común por entonces. Este grupo fue el germen del Frente Grande, partido que hoy integran muchos que entonces callaron y avalaron que los genocidas caminaran libremente por la calle.
No hay registros que quienes en 2006 pedían la anulación de los indultos, con el ex Presidente Néstor Kirchner al frente, se hayan expresado en el mismo sentido una década y media atrás, porque fue recién en 2006 que Kirchner se expresó públicamente esperando una resolución de la Justicia respecto a la constitucionalidad de los mismos.
Sin lugar a dudas los indultos fueron un retroceso enorme para los derechos humanos en el país, y aún hoy estamos pagando las consecuencias y es necesario saber qué papel jugó cada uno en la historia.
El tiempo le dio la posibilidad a Néstor Kirchner de corregir lo que, a mi juicio y evidentemente al suyo también, se trató de un error una década y media atrás. Bienvenido sea, pero no es cuestión de colgarse medallas ajenas.


30 años después de los insultos, legalizados a través del indulto, es necesario recuperar la memoria para que nunca más en la Argentina la sociedad tolere hechos como los que hoy recordamos.
Porque como dijera Alejandro Lerner ‘es por eso que no voy a olvidar, por los que han sufrido y por los que no están […] porque después de tanto llorar los veo salir de nuevo’.
Juicio y Castigo.
Memoria.
Verdad.
Justicia.
