Cómo en Zárate la censura tiene memoria selectiva, y el rodillo municipal sabe muy bien qué paredes pintar… y cuáles dejar pasar.
Hay gestos que, a simple vista, parecen insignificantes. Una bandera en una cancha de fútbol. Unas manos con aerosol sobre una pared de calle Comercio. Una frase que se repite tanto que a veces se vacía. Pero la verdad es que, en tiempos de hipocresía institucional, esos gestos pequeños terminan siendo el espejo más honesto que tenemos. Y lo que reflejan, en este caso, no es precisamente flattering para quienes gobiernan.
⚽ De Atlanta a Zárate: la tercera ley de Newton, versión nacional
El partido entre Argentina e Inglaterra en semifinales del Mundial 2026 dejó mucho más que un pase a la final. Dejó al descubierto algo que muchos ya sospechábamos: que la ‘neutralidad política’ es, ella misma, un mensaje político. Y no precisamente sutil.
La ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, había sido categórica en la previa. En una reunión del Centro Internacional de Cooperación Policial en Leesburg, Virginia, con representantes de FIFA, el FBI y delegaciones de ambos países, confirmó que no se permitiría el ingreso de banderas, remeras ni carteles alusivos a las Islas Malvinas. Nada que tuviera el ‘mapita de las Malvinas’.
Incluso, en declaraciones a la prensa, fue más allá: ‘Las Malvinas son argentinas es un mensaje político’, dijo, encuadrando cualquier referencia a las islas dentro de los ‘mensajes provocativos’ vedados por el Código de Conducta de FIFA.
Claro, la prohibición alcanzaba a los hinchas. No a los jugadores. Y mucho menos a la bandera que, según los propios futbolistas, les arrojaron desde la tribuna y que Giovani Lo Celso desplegó sobre el césped en pleno festejo, con la leyenda ‘Las Malvinas son argentinas’.
Leandro Paredes, cuando le preguntaron, redondeó con una contundencia que a muchos les faltó: ‘Y siempre serán argentinas’.
Ese ‘pequeño’ hecho, una bandera en una cancha, tuvo una reacción enorme. La cuestión malvinera volvió a ocupar el centro de la escena política argentina con una fuerza inesperada. Y el Presidente Javier Milei, en un giro que dejó a más de uno con la mandíbula en el piso, lo puso como eje de su gestión. Cadena nacional, base naval en Ushuaia, sanciones, medidas de acción directa para la custodia de la soberanía.
De repente, lo que hace unos meses parecía un tema incómodo o, peor, ignorado, se convirtió en bandera de campaña.
Pero la mayor reacción ocurrió en los ciudadanos. Proliferaron las imágenes de prendas estampadas con la bandera del mundial. Muchos clubes la replicaron en sus camisetas. La cuestión Malvinas pasó a ocupar un rol de mayor importancia en la cotidianeidad argentina. Y allí, querido lector, es donde empieza lo interesante.
🎨 La pared que habla… y la que se calla cuando conviene
En ese contexto, durante el último fin de semana, llamativamente no informado por los grandes medios locales, aunque sí por Infodelta, Artistas Autoconvocados de Zárate, junto a la Multisectorial, realizaron una nueva pintada artística en defensa de la soberanía sobre las Islas Malvinas. La intervención pacífica se llevó adelante en la calle Comercio, en el mismo lugar donde, el año pasado, el intendente Marcelo Matzkin censuró un mural por la paz en Palestina.
El mismo lugar donde anunciaron públicamente que habría una exposición de murales… que nunca hubo.
Sí, leíste bien. El mismo muro. El mismo espacio. El mismo grupo de artistas. Pero un mensaje diferente.
Y acá viene lo que, para cualquiera que haya seguido la historia de cerca, resulta casi escandaloso: el mural no fue tapado. Al menos, no con la celeridad, ni la violencia institucional, con la que el Municipio actuó en julio de 2025, cuando primero envió patrulleros y personal de ‘protección ciudadana’ mientras los artistas pintaban, y luego cubrió la obra con pintura celeste.
En aquella ocasión, el expediente de Oscar Barone, presentado el 24 de junio de 2025, con número 3703, solicitando formalmente permiso para realizar el mural, quedó en el limbo administrativo hasta que la respuesta llegó en forma de rodillo.
Los funcionarios Juan Ignacio Novelli y Julio Belando se reunieron con los artistas, se declararon ‘en contra’ de tapar el mural, pero dijeron que no podían hacer nada porque, atención, generaba ‘discordia, violencia social o sexuales’, aunque no supieran citar qué ordenanza lo establecía.
Y cuando el mural fue repintado por segunda vez, horas después volvió a ser tapado. Esta vez, para redondear el papelón, alguien pintó encima un stencil que decía: ‘Prohibido fijar carteles/pintar. Ord. 4174/13’. El problema: esa ordenanza, de 2013, habla de un comodato con la Asociación de Básquet Zárate–Campana. Nada de murales, nada de arte, nada de censura.
Matzkin, por su parte, no se quedó atrás. En una entrevista que circuló por redes, defendió la decisión de cubrir el mural con una frase que, hoy, suena a profecía autocumplida: ‘No voy a permitir que desafíen la figura del Estado’.
🤔 Entonces, ¿qué cambió?
La pregunta que queda flotando en el aire, y que no tiene una respuesta cómoda, es simple: ¿por qué el mural de Malvinas sigue en pie mientras el de Palestina fue borrado dos veces?
¿Será que el Intendente entendió, de golpe, que los graffitis son mensajes callejeros que expresan significados y que, al estar escritos en lugares públicos, generan repudio? ¿Que la contracultura, ese término que acuñó Theodore Roszak para referirse a valores y formas sociales opuestas a las establecidas, tiene derecho a existir? ¿Que Claudia Kozak tenía razón cuando afirmó que ‘las paredes limpias no dicen nada’?
¿O será que, en realidad, el problema nunca fue el mural en sí sino la ideología?
¿Será que el problema del mural anterior es que reivindicaba el derecho que tiene el pueblo palestino de vivir en paz? ¿Que denunciaba el genocidio que el Estado de Israel está cometiendo en Gaza? ¿Que hablaba de niños muertos, de bombas sobre hospitales, de un mundo que mira para otro lado mientras el silencio cómplice se viste de neutralidad?
La verdad es que no lo sabemos con certeza. Y eso, en sí mismo, es una respuesta.
🎭 El doble rasero, ese arte que no necesita pinceles
Porque si hay algo que este episodio deja en evidencia, es que la censura en Zárate no es ciega. Sabe muy bien qué mirar y qué ignorar. Sabe que un mural que dice ‘Basta de genocidio’ en referencia a Palestina es ‘discordia social’, pero uno que dice ‘Las Malvinas son argentinas’, en pleno momento donde hasta el Presidente de la Nación hace cadenas nacionales sobre el tema, es, de repente, aceptable. Incluso, podríamos arriesgar, conveniente.
Y es que el doble rasero no es un defecto del sistema: es su modo de funcionamiento más honesto. Cuando el poder decide qué arte se puede ver y qué arte debe desaparecer, no está regulando el espacio público: está dibujando los límites de lo pensable. Lo que no se puede pintar en una pared, tampoco se puede pensar en voz alta. Lo que se tapa con pintura celeste, se intenta tapar con silencio en el resto de la ciudad.
¿El intendente Matzkin seguirá pensando lo que pensaba hace poco más de un año?
Lo que cambió no fue su criterio sobre el arte callejero. Lo que cambió fue el mensaje. Y el mensaje, en política, es todo.
🏛️ De Sarmiento al rodillo: una tradición que no se pinta
Si uno rasca un poco la historia zarateña, encuentra que la Escuela N° 10 lleva el nombre de Domingo F. Sarmiento. Y Sarmiento, que vivió por estas tierras, fue quien sintetizó en una frase una idea vital dela democracia que todavía resuena con mjucha fuerza: ‘¡Bárbaros! Las ideas no se matan’.
En 2025, agregamos un corolario: las ideas no se matan, pero se tapan con pintura barata. Y en 2026, parece que descubrimos una excepción: las ideas que le convienen al poder no hace falta ni matarlas ni taparlas. Se las deja ahí, quietas, como decoración. Como fondo de pantalla para la foto del acto. Como eslogan que no molesta porque, en el fondo, no desafía nada.
Porque el mural de Malvinas no desafía al Estado. No le exige que deje de vender armas a quienes bombardean civiles. No le pregunta por qué mira para otro lado ante un genocidio reconocido por la ONU, UNICEF y Amnistía Internacional.
No incomoda porque se comparte el mensaje.
El mural de Palestina, en cambio, sí incomodaba. Y por eso fue borrado. Dos veces.
🔮 ¿Y ahora qué?
Hasta el momento de escribir estas líneas, el mural de Malvinas en calle Comercio sigue en pie. Afortunadamente, diría yo. Pero la pregunta que queda, y que solo el tiempo responderá, es saber si el Intendente mandará a taparlo ahora que la cuestión de Malvinas está tan presente en la sociedad argentina y que él mismo se reconoce como malvinero, ya que al fin de cuentas está ‘tan mal’ como el anterior. O si, por el contrario, lo dejará ahí como trofeo de una gestión que sabe muy bien cuándo hacerse la distraída.
¿Están dispuestos a violar las normas vigentes que, con errores y todo, decían querer hacer cumplir? ¿O será que, en realidad, nunca fueron normas que hay que cumplir sino excusas?
Si no lo hicieran, entonces la censura sería indisimulable.
Lo que sí sabemos es esto: las paredes vuelven a hablar. Siempre. Y los artistas, también. Porque la paz no se borra, y los murales no se manchan. Pero sobre todo, porque en Zárate, como en todo el país, hay gente que todavía cree que las calles no son de los vecinos. Son de quienes las caminan, las sueñan y, cuando hace falta, las pintan… y no para ser vendidas al mejor postor.
‘Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copias a sus amigos: nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad. Derrote el terror.’
RODOLFO WALSH – AGENCIA CLANDESTINA DE NOTICIAS
