La Municipalidad que no lee, pero pinta
En un Distrito donde cada vez cuesta más que te atiendan un reclamo básico o te respondan un expediente, sí hay un área municipal que funciona con eficiencia quirúrgica: la que tapa murales. Y no cualquier mural, claro. Sólo los que incomodan.
Hace unos días, un grupo de artistas volvió a pintar -por segunda vez- un mural por la paz y contra el genocidio del pueblo palestino. Lo hicieron sobre una pared en la calle Comercio, con permiso del dueño del inmueble. Con cuidado. Con amor. Y con un mensaje fuerte, claro y profundamente humano.
Pero la respuesta institucional no tardó en llegar. Y no fue ni un llamado, ni una nota, ni una conversación civilizada. Fue lo de siempre: rodillo, pintura, y el triste ritual de la censura encubierta.
El Municipio: entre el patrullero y el papelón
La verdad es que la escena da para tragicomedia. Mientras los artistas trabajaban en el mural, llegaron patrulleros y personal de ‘protección ciudadana’, como si estuvieran enfrentando a un grupo de vándalos peligrosos. Spoiler: eran muralistas. Con pinceles y pinturas.
Y uno podría pensar que fue una descoordinación. Un malentendido. Pero no. Era parte del operativo de rutina que la Municipalidad de Zárate parece tener reservado para quienes se animan a expresar algo más que eslóganes vacíos.
Lo más insólito vino después. Cuando alguien -quizás un funcionario, quizás un burócrata con aires de policía del arte- pintó encima del mural un stencil que decía: ‘Prohibido fijar carteles/pintar. Ord. 4174/13’.
Y ahí ya no quedó ninguna duda: además de censores, son ignorantes. Porque la Ordenanza 4174, de 2013, no dice absolutamente nada sobre murales, ni carteles ni expresiones artísticas. Habla de un comodato con la Asociación de Básquet Zárate–Campana. Nada que ver.
Pero claro, ¿quién necesita leer cuando tiene pintura y obediencia automática?
Es increíble el nivel paupérrimo de los funcionarios actuantes que no están en condiciones de interpretar textos correctamente.
Las leyes, la brocha y la confusión funcional
Vamos a ayudar un poco: la ordenanza que quizás querían citar es la 2242, de 1988. Esa sí menciona la prohibición de fijar carteles… pero solo en frentes de edificaciones abandonadas o desocupadas. Además, habla de carteles, no de murales pintados con permiso de los dueños de los muros.
Es decir: ni siquiera eso les sirve como excusa. No saben leer, pero pintan con convicción.
Y a esta altura, ya no es un error: es una política de Estado. Una política gris, con olor a humedad, y con una enorme carga de torpeza institucional. Porque cuando se combinan ignorancia, autoritarismo y cobardía política, el resultado es esto: la censura del arte, la persecución del mensaje y el papelón jurídico.
El expediente que nunca tuvo respuesta (hasta que lo taparon)
Oscar Barone, uno de los artistas que impulsó el mural, presentó un expediente el 24 de junio. Lo hizo por derecha. Legal, prolijo. Pidió permiso como corresponde. Esperó. Pero la respuesta nunca llegó. O sí… pero disfrazada de gris.
Porque eso fue lo que hizo el Municipio: dejó vencer el silencio administrativo y luego respondió con pintura. Ni una línea. Ni una observación. Ni siquiera un ‘no se puede’. Nada. Sólo un rodillo, una patrulla y una ordenanza mal citada.
Y después se preguntan por qué la desconfianza ciudadana hacia el funcionamiento del Estado municipal crece como el yuyo.
Novelli y Belando: los funcionarios que no pueden, no saben y no quieren
Intentando evitar una nueva censura, los artistas pidieron una reunión con el autopercibido Jefe de Gabinete, Juan Ignacio Novelli, y con el Secretario de Cultura, Julio Belando. Dos figuras que, en teoría, deberían entender algo de gestión y cultura. O al menos, eso dice el organigrama.
¿Y qué pasó? Lo de siempre. Se declararon ‘en contra’ de tapar el mural, pero dijeron que no podían hacer nada porque generan -atenti- ‘discordia, violencia social o sexuales’ y hay una Ordenanza en ese sentido… aunque no saben cuál es.
¿En serio este mural tenía mensajes de discordia, violencia social o sexuales? ¿De verdad?
Lo único que tenía el mural era una denuncia pacífica contra un genocidio. Pero parece que para esta gestión, la palabra ‘paz’ es más subversiva que la palabra ‘negociado’.
Lo que molesta no es el mural: es el mensaje
Porque acá no se trata sólo de una pared pintada. Se trata de lo que el mural dice, de lo que representa, de lo que desnuda. Y eso, en una ciudad gobernada con slogans y oportunismo, molesta.
El mensaje incomoda. Obliga a tomar posición. Y en Zárate, prefieren no tomar ninguna, salvo la que les garantice la obediencia partidaria.
El intendente Marcelo Matzkin, fiel a su estilo de ‘gestión sin riesgo’, sigue repitiendo frases de autoayuda institucional mientras se esconde del barro. Y cuando finalmente responde, lo hace con brochazos.
‘El vecino no sé si va a tener siempre la razón, lo que siempre tiene que tener es una respuesta.’
Bueno, Oscar Barone y el Grupo de Artistas Autoconvocados de Zárate la tuvieron. Les pintaron encima de su mural artístico.
Un Concejo Deliberante de utilería
Y como era de esperarse, el Concejo Deliberante hizo lo que mejor sabe hacer: nada. Ninguna declaración. Ninguna voz disonante. Ningún repudio. Ninguna defensa del derecho a expresarse.
Salvo alguna que otra excepción que se cuenta con los dedos de una mano mal cerrada, el resto del cuerpo deliberativo prefirió mirar para otro lado, no vaya a ser cosa que opinar les quite el viaje de la semana o la foto en algún acto irrelevante.
Porque en Zárate, el problema no es sólo el Ejecutivo. Es también un Legislativo cómplice que se acostumbró a ser obediente, sumiso y funcional.
Censurar lo que no entienden: el nuevo modelo de gestión
Lo más preocupante no es, solamente, que no comprendan una ordenanza. Lo verdaderamente alarmante es que usen el aparato del Estado para esconder lo que no entienden, para perseguir lo que les molesta y para neutralizar todo lo que escape al decorado institucional.
Y es que, cuando el poder no lee, no escucha y no siente… lo único que le queda es pintar encima. Tapar. Silenciar. Callar.
Pero las paredes vuelven a hablar. Siempre.
Y los artistas, también.
Final sin sorpresa: son burros… y además gobiernan
Sí, ya lo dijimos antes y lo volvemos a decir: son burros. Pero eso no sería tan grave si no fueran, además, burros con poder, con presupuesto y con una Policía a disposición.
Lo que hacen con los murales, lo hacen también con los datos, con los expedientes, con los reclamos, con la historia. Pintan encima. Callan. Borran. Y en el proceso, dejan un rastro de ignorancia maquillada de legalidad.
Porque al final del día, no es sólo un mural lo que están tapando. Es una ciudad entera la que intentan acallar con pinceladas de autoritarismo.
‘Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copias a sus amigos: nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad. Derrote el terror.’
RODOLFO WALSH – AGENCIA CLANDESTINA DE NOTICIAS

1 comentario
Que los gobernantes de la ciudad de Zárate- intendente, funcionarios, concejales sean burros y también puedan ser y son prepotentes, autoritarios y gasten dinero, esfuerzos en atacar a simples pintores de consignas pacifistas no me sorprende y lo repudio. También digo que esa inscripción no es sólo “un humanista llamado a la PAZ “. Es un posicionamiento-aunque los participantes en esa pintada lo sepan o no vos no lo podés ignorar – a favor de uno de los bandos de esa tragedia cuando piden Palestina Libre…Esta tragedia extranjera al igual que las de nuestro país en el 70 y la de Malvinas no tiene buenos y malos sólo es tragedia y sí es necesario la paz.