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    Cuando el voto del miedo se disfraza de confianza

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    By principedelmanicomio on 6 septiembre, 2026 Artículos periodísticos

    🎭 La paradoja de los dos índices que no se hablan

    Hace unos días escribíamos sobre el Índice de Confianza del Consumidor de la UTDT: 40,23 puntos, una caída del 1,08% en agosto, con las Condiciones Presentes desplomándose un 3,18% mientras las Expectativas Futuras subían un 0,44% como placebo de supermercado.

    La gente no cree que su situación mejore ahora, pero se agarra de un ‘mañana será mejor’ porque hoy no le queda otra.

    Ahora llega el hermano gemelo, el Índice de Confianza en el Gobierno (ICG), de la misma Universidad Torcuato Di Tella, y el resultado es exactamente al revés: 2,06 puntos, un aumento del 6,4% respecto a julio.

    Cuatro de los cinco componentes crecieron. Eficiencia subió un 12,6%. La preocupación por el interés general, ironía incluida, trepó un 12,8%.

    ¿Cómo puede ser? ¿Cómo el mismo país que no confía en su bolsillo, que ve caer la industria, que siente que el esfuerzo se va por la canaleta, le aumenta la confianza al tipo que está al mando? La propia Universidad reconoció que puede deberse al error muestral.

    Sin embargo no es la única explicación posible. La respuesta no está solo en los números. Está en el vacío.

     

    🏜️ El desierto opositor

    Miremos el ICG con lupa. Sí, subió 6,4% en agosto. Pero en términos interanuales cayó un 2,8%. Y desde fin de año acumula una baja del 16,5%.

    El promedio de la gestión Milei en el ICG es de 2,36 puntos, su registro más bajo hasta ahora.

    Es decir: el rebote de agosto es eso, un rebote. Como el que da una pelota contra el piso antes de quedar quieta.

    Pero acá viene lo jugoso. Si comparamos con presidentes anteriores en el mismo tramo de gestión, mes 32, Milei está por debajo de Néstor Kirchner (2,63) pero por encima de Macri (1,94), Cristina I (1,80), Cristina II (1,82) y Alberto Fernández (1,18).

    La pregunta que hay que hacerse no es por qué subió el ICG, sino por qué sigue siendo más alto que el de presidentes que, en teoría, gobernaron en momentos menos turbulentos.

    Y la respuesta está del otro lado de la vereda política. La encuesta de CB Global Data de fines de julio arrojó un dato demoledor: el 54,5% de los argentinos quiere un cambio de gobierno en 2027, frente a un 33,4% que apoya la continuidad.

    Otra encuesta, de Zuban Córdoba & Asociados, fue más contundente: el 61,9% votaría por un cambio.

    Entonces, ¿cómo es que la gente quiere cambio pero le sube la confianza al gobierno actual?

    Porque el cambio que imaginan no tiene nombre propio. Y eso, en política, es peor que no tener cambio.

     

    👻 Los fantasmas del 2027

    La Corte Suprema dejó firme en junio de 2025 la condena a seis años de prisión e inhabilitación especial perpetua para ejercer cargos públicos contra Cristina Fernández de Kirchner en la causa Vialidad.

    Aún así, cuando CB Global Data la incluyó en una encuesta hipotética, sacó el 15,2% de intención de voto.

    Axel Kicillof aparece como la alternativa más sólida. En la misma encuesta de CB Global Data sacó el 14,7% en primera vuelta, y en un balotaje contra Milei quedó a solo 1,4 puntos: 43% vs 41,6%.

    La consultora Trends, a su vez, midió un virtual empate en segunda vuelta: Milei 41%, Kicillof 40%.

    Pero acá está el problema. Kicillof no logra despegar de Milei en primera vuelta. Y el peronismo, como espacio, lidera la intención de voto con el 31-35% según distintas mediciones, apenas dos o tres puntos por encima de La Libertad Avanza.

    Es decir: la oposición existe, pero no asusta. No genera esa sensación de ‘acá viene el que nos salva’. Y en la Argentina de hoy, sin salvador, no hay miedo. Y sin miedo, no hay voto castigo masivo.

    Además, la encuesta de Giacobbe & Asociados reveló que el 50,1% de los argentinos no quiere que vuelva el kirchnerismo.

    Es el fantasma que no deja dormir al peronismo: una parte importante del electorado quiere cambio pero no quiere ese cambio. El que ya conoce, el que ya probó.

    Y si miramos al PRO, la cosa es peor. Macri tiene un 34,5% de imagen positiva y 55,1% de negativa.

    Patricia Bullrich, 27,4% positiva.

    Diego Santilli tiene exactamente los mismos números de imagen positiva y negativa que Milei: 33,9% y 57,2%.

     

    🧠 El voto del miedo se viste de confianza

    Volvamos al ICG. El componente de Capacidad para resolver problemas se mantuvo prácticamente sin cambios: 2,29 puntos, apenas un 0,3% de aumento.

    Es decir: la gente no cree que este gobierno sea particularmente capaz. Pero tampoco cree que haya otro que lo sea más.

    Eso explica la paradoja. El ICG sube no porque la gente esté contenta, sino porque la alternativa le genera más pánico que la realidad actual. Es el mismo mecanismo que te hace quedarte con un novio tóxico: no es que sea bueno, es que el prospecto de volver a salir te da más miedo que quedarte.

    La encuesta de Zuban Córdoba dejó en evidencia esta contradicción: el 65,3% desaprueba la gestión de Milei, el 61,3% tiene imagen negativa del Presidente, el 64% cree que Argentina va en la dirección incorrecta, y sin embargo, cuando se pregunta por espacios políticos, La Libertad Avanza compite cabeza a cabeza con el peronismo.

    Es el síndrome del ‘menos peor’ llevado al extremo. Y en la Argentina de 2026, el menos peor sigue siendo el tipo que dice que el país solo produce dulce de leche y biromes, pero que al menos no es el tipo que ya dejó el país sin reservas dos veces.

     

    👩‍🦰 La brecha que duele

    El ICG de agosto tiene otro dato que ilustra la fractura. La brecha de género se amplió a 0,47 puntos. Entre los hombres, la confianza en el gobierno trepó a 2,26 (+7,2%). Entre las mujeres, apenas llegó a 1,78 (+2,1%).

    Es una diferencia abismal. Y no es casual: la encuesta de Zentrix mostró que la imagen positiva de Milei entre los varones es del 36,8%, pero entre las mujeres cae al 25,1%.

    Entre las mujeres menores de 40 años, la desaprobación trepa al 60,9%.

    Y sin embargo, entre los jóvenes de 18 a 29 años, el ICG de agosto marcó un 2,80, un salto del 66,3%, dato que tras la publicación hizo dudar a la Universidad Di Tella.

    El propio informe de la UTDT advierte que esto probablemente sea error muestral, porque es el segmento con menor número de casos.

    Pero aun así, el dato asusta. Porque si hay algo que el oficialismo construyó, fue una identidad con los jóvenes. Y si esos jóvenes empiezan a dudar, como muestra el estudio del Instituto CIAS, donde el 75% de los jóvenes de barrios populares dice que la economía empeoró y el 42% de los que votaron a Milei en 2023 hoy cambiaría su voto, el castillo de naipes se empieza a resquebrajar desde la base.

     

    🗺️ La geografía del resignado

    Mirá el ICG por zona geográfica. El Interior del país sigue siendo el lugar donde más confianza hay en el gobierno: 2,25 puntos (+7,7%). La CABA se queda en 1,92 (+0,1%) y el GBA en 1,72.

    Es el mismo patrón que vimos en el ICC: el Interior tiene más confianza pero también está perdiendo más rápido. Es como si el campo y las provincias del norte hubieran apostado a este modelo y ahora empiezan a sentir que la apuesta no les rinde.

    Pero acá hay algo más sutil. El nivel educativo también marca. El ICG es más alto entre quienes tienen instrucción terciaria o universitaria (2,27, +11,6%) que entre los de secundario (1,75, -8,2%).

    Es decir: los que entienden el discurso de la motosierra, son los que más le creen al gobierno. Los que no terminaron la secundaria, los que laburan con las manos, los que no entienden de teoría austriaca pero sí entienden de precios en el supermercado, son los que más rápido le quitan la confianza.

    Con otros protagonistas y otros discursos el clivaje que sigue dividiendo a la sociedad argentina es el peronismo-antiperonismo.

     

    🎲 El tablero de 2027

    A un año de las elecciones, el escenario es este: Milei lidera individualmente con alrededor del 32% de intención de voto, pero no alcanza el 45% para ganar en primera vuelta ni el 40% con diez puntos de diferencia para ganar en primera vuelta.

    Kicillof compite en un balotaje virtualmente empatado. Cristina está inhabilitada pero sigue sacando votos. Bregman lidera la imagen positiva con un 44% según OPSA UBA, siendo la única dirigente con más imagen positiva que negativa, pero con escasísima intención de voto nacional. Como veinticinco años atrás con Luis Zamora, el voto trotskista de patear el tablero no pasa de una intención en ciertos centros urbanos, en los que tampoco recibe finalmente el voto.

    Y en medio de todo esto, el ICG sube un 6,4%. No porque la gente ame a Milei. Sube porque la alternativa es un laberinto sin salida. Porque el peronismo no se decide si es kirchnerista o no, si es Kicillof o si es Cristina, si es de centro o si es de izquierda. Porque el PRO está más ocupado en pelearse por la Ciudad que en construir una propuesta nacional. Porque la izquierda, aunque crece, todavía no tiene el peso para ser alternativa de gobierno.

    Es la paradoja de la democracia argentina en su máxima expresión: el pueblo quiere cambio, pero vota continuidad porque el cambio que se le ofrece le da más miedo que el presente que ya conoce. Es el voto del ‘y si vuelven y es peor’. Es el voto del ‘al menos este no roba’, aunque las pruebas digan lo contrario. Es el voto del cansancio, disfrazado de racionalidad.

     

    🃏 La última carta

    El informe de la UTDT termina con una advertencia técnica que, leída en clave política, suena a profecía. Dice que varios segmentos que mostraron los mayores aumentos en junio y las mayores caídas en julio, ahora vuelven a subir en agosto, lo que ‘sugiere que estos altibajos podrían deberse al error muestral más que a cambios reales en los parámetros de interés’.

    Traduzco: lo que parece confianza, a veces es ruido estadístico. Lo que parece recuperación, a veces es fluctuación del azar. Y lo que parece liderazgo, a veces es solo que del otro lado no hay nadie.

    Milei tiene un año para demostrar que ese rebote de agosto no fue ruido. Que la confianza que le dan los encuestados no es desesperación disfrazada. Que el 2,06 del ICG puede convertirse en votos reales. Pero sobre todo, tiene un año para que la oposición siga sin aparecer. Porque si hay algo que este gobierno aprendió rápido, es que en la Argentina no gana el que más convence. Gana el que menos asusta.

    Y hasta ahora, los únicos que asustan más que Milei son los que dicen que lo van a reemplazar.

    ‘Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copias a sus amigos: nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad. Derrote el terror. Haga circular esta información’.

    RODOLFO WALSH – AGENCIA CLANDESTINA DE NOTICIAS

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