El Índice de Confianza del Consumidor de la UTDT dibuja una Argentina partida en dos: el que mira el dólar y el que mira la heladera vacía.
📉 El número que no miente
El Índice de Confianza del Consumidor (ICC) se ubicó en 40,23 puntos, una caída del 1,08% respecto a julio y apenas un suspiro positivo del 0,71% contra el mismo mes del año pasado.
La verdad es que, si uno mira la serie histórica, estamos exactamente donde estábamos en agosto de 2024 y de 2025. Como si el tiempo hubiera decidido congelarse en el momento en que la promesa de cambio se convirtió en esta sensación extraña de que nada cambia, o que cambia para peor.
Y es que el pico de confianza en la gestión de Javier Milei se registró en enero de 2025, con 47,38 puntos. Desde entonces, el índice acumula una caída del 15,09%.
Fue justo después de esa euforia inicial, cuando todavía se creía que el ajuste dolería un ratito nada más, cuando la cuenta empezó a llegar.
🏭 Fábricas de humo
Porque si la confianza es baja, la producción industrial está directamente en terapia intensiva. Un informe de la consultora Audemus reveló que la actividad fabril argentina cayó un 7,9% entre 2023 y 2025, el peor registro entre 80 países analizados.
No fue la crisis global, no fue la guerra, no fue el clima. Fue política económica local, pura y dura. Mientras la industria de Brasil crecía 3,5% y la de Chile 5,3%, acá se perdieron 79.150 empleos industriales y cerraron 2.894 fábricas desde la llegada de Milei a la Casa Rosada.
La capacidad instalada se desplomó al 54,1%, el nivel más bajo en once años.
Y si uno mira el EMAE de mayo de 2026, el último dato oficial del INDEC, la industria manufacturera ya acumulaba una caída del 5,6% interanual.
Es decir: el motor productivo no solo no arranca, sino que está perdiendo piezas.
🛒 El supermercado de la resignación
Pero claro, sin industria no hay trabajo, y sin trabajo no hay consumo. La Cámara Argentina de Comercio midió en junio de 2026 una caída del 1% interanual en el consumo de los hogares, con un retroceso del 1,6% frente a mayo.
La consultora Scentia, por su parte, fue más implacable: el consumo general se derrumbó un 2,7% interanual en junio, y el consumo básico, el de los almacenes de barrio, el de la leche y el pan, cayó un 2,1%.
Los rubros más golpeados no sorprenden: transporte y vehículos (-7,4%), recreación (-8,1%) e indumentaria (-4,6%).
Es la tristeza hecha estadística: la gente dejó de comprarse un par de zapatillas para el pibe, dejó de soñar con un gustito, y si sale a pasear es para caminar, no para gastar. El único rubro que creció fue vivienda, alquileres y servicios públicos, impulsado por un salto del 18,5% en la demanda eléctrica.
Claro, con el aumento de las tarifas, ¿cómo no iba a crecer?
💸 La pobreza que vuelve a tocar la puerta
Mientras tanto, el Observatorio de la Deuda Social de la UCA publicó en agosto de 2026 que la pobreza alcanzó al 30% de la población en el primer trimestre del año, y la indigencia trepó al 6,5%.
La recuperación social que se vislumbraba a finales de 2025 se esfumó como agua entre los dedos. La Canasta Básica Alimentaria subió un 11,6% en esos tres meses, mientras los salarios crecieron apenas un 8,6%.
El dato más desgarrador no es el agregado, sino el desagregado: el 42,5% de los adolescentes entre 13 y 17 años es pobre. El 40,9% de los niños de 5 a 12 también.
Es una generación entera que está aprendiendo a leer y a contar en un país que no les garantiza el plato de comida. Y el desempleo, lejos de bajar, se ubicó en el 7,8% en el primer trimestre de 2026, tres décimas por encima del trimestre previo.
🎭 Expectativas vs. realidad
Volvamos al informe de la UTDT, porque ahí está la foto más honesta de esta Argentina bipolar. Las Expectativas Futuras subieron un 0,44% en agosto, mientras que las Condiciones Presentes se desplomaron un 3,18%.
Es el clásico ‘mañana será mejor’ del argentino resignado, ese reflejo condicionado por décadas de crisis. La Situación Macroeconómica creció un 3,06%, el dólar quieto, la inflación en baja, el déficit controlado, pero la Situación Personal se derrumbó un 3,31%.
¿Qué quiere decir esto? Que la gente mira los titulares de los diarios y ve estabilidad cambiaria, pero mira su bolsillo y siente que se hunde. Es la misma grieta de siempre, solo que ahora no divide peronistas de antiperonistas: divide a los que leen el balance del Banco Central de los que tienen que llegar a fin de mes.
Y si miramos por regiones, el desastre tiene geografía propia. El Interior del país sufrió una caída del 3,79% en su confianza, mientras que CABA y GBA crecieron levemente.
El Interior sigue teniendo el índice más alto (43,82), pero es una confianza que se desinfla rápido. Es como si el campo y las provincias del norte hubieran creído en la recuperación por un segundo, y ahora empiezan a darse cuenta de que el modelo las dejó afuera de nuevo.
🏠 El país de las dos velocidades
Además, el informe de la UTDT revela una fractura de clase que duele. Los hogares de ingresos altos vieron caer su confianza un 1,76%, pero todavía se mantienen en 42,68 puntos. Los de ingresos bajos, en cambio, tuvieron un repunte del 2,13% que los deja en 36,76.
La diferencia es abismal. Es la misma brecha que se ve cuando Scentia reporta que el e-commerce creció un 41%: los que compran online no son los que hacen cola en el supermercado del barrio.
Y en el rubro Bienes Durables e Inmuebles, la caída fue generalizada: -4,03% a nivel nacional, con el componente de Automóviles y Casas cayendo un 5,1%.
Es decir: la gente no solo no tiene plata, sino que dejó de creer que alguna vez la va a tener. Cuando un argentino deja de soñar con la casa propia, algo se rompió para siempre.
🔗 La cuenta que nunca cierra
El gobierno de Milei tiene derecho a defender sus números. La inflación bajó, el déficit fiscal está controlado, el riesgo país mejoró. Pero la verdad es que, en la calle, esos indicadores suenan a música de ascensor: de fondo, mientras la vida pasa. La industria se desangra, el consumo no levanta, la pobreza vuelve a crecer y el desempleo se estanca. Y el índice de confianza, ese termómetro anónimo de la UTDT, marca 40 grados de fiebre que no bajan.
Una vez más, el esfuerzo colectivo parece discurrir hacia los mismos de siempre. El que tiene acceso al crédito hipotecario, al dólar ahorro, al e-commerce premium. El resto, el 30% pobre, el 44,2% informal, los jubilados que perdieron contra la inflación, sigue en la vereda de enfrente, mirando cómo la macroeconomía aplaude mientras la microeconomía llora.
Y vos, lector, ¿en qué vereda estás? Si llegaste hasta acá, probablemente en la de los que todavía piensan. Y eso, en este país, ya es un acto de resistencia.
‘Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copias a sus amigos: nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad. Derrote el terror. Haga circular esta información’.
RODOLFO WALSH – AGENCIA CLANDESTINA DE NOTICIAS
