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    Galeano, ¡afuera!

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    By principedelmanicomio on 7 noviembre, 2025 Artículos periodísticos

    Cuando ser funcionario público es un negocio y no un servicio

     

    El cuento del horario laboral: cuando la excusa es la misma pero los protagonistas no ⏰

    Tanto en el caso de Alejo Moreno como en el de Julieta Galeano la explicación fue la misma, los hechos de los que se los acusan fueron realizados ‘fuera del horario laboral’. Sin embargo, la situación -más allá de la acusación- no es para nada la misma. Y ahí es donde la cosa se pone interesante, o mejor dicho, donde se cae la careta.

    Alejo Moreno, acusado del secuestro y muerte de Eduardo De Francesco, caso del que ya casi nadie habla, ni siquiera era empleado público, apenas era un proveedor estatal que le facturaba al Estado Municipal a cambio de unos servicios que le brindaba. Porque aunque dicen -con la cara más seria del mundo- que no aumentan la plantilla municipal, la realidad es que sí la amplían pero de manera engañosa. Monotributistas, proveedores, ‘colaboradores externos’… llámelo como quiera, el negocio es el mismo: agrandar el Estado mientras se venden como los adalides del achique. Una contradicción que haría sonrojar hasta al mismísimo Maquiavelo.

    Julieta Galeano, en cambio, es funcionaria pública. Y como lo señalamos tiempo atrás: Ser funcionario público es mucho más que marcar tarjeta. 💼

    ‘Ser funcionario público es mucho más que ocupar un lugar en un organigrama municipal, por eso ser funcionario es mucho más que un trabajo. Para ser funcionario público no basta la capacidad, que sin dudas se debe tener, hace falta un plus que no todos tienen y que, además y fundamentalmente, no todos quieren tener.

    Porque para ser funcionario público no hay horario de trabajo, porque no es un lugar de trabajo. No se marca tarjeta.

    Porque para ser funcionario público no hay privacidad, todo cuanto se hace es público, porque se hace con dinero público.

    En un trabajo privado o un trabajo público al que se llegó por oposición de antecedentes uno cuenta con el respaldo de cierta reglamentación que establece límites al accionar, en el caso de los funcionarios estos límites son muchos más laxos. No hay horario que registrar, aunque, en Zárate, se pague un fraudulento presentismo que no es más que un sobresueldo encubierto. No hay régimen vacacional, no hay médico laboral que certifique enfermedades, no hay nada de lo que hay en un trabajo… porque ser funcionario público no es un trabajo.’

    Y acá viene lo sustancioso del asunto. La academia -esa que tanto molesta cuando dice verdades- lo tiene clarísimo. Paul du Gay, en su obra fundamental ‘In Praise of Bureaucracy’ (2000), recuperando a Max Weber, sostiene que el ethos burocrático implica una dedicación al interés público que trasciende el mero cumplimiento de tareas. No es un empleo, es un servicio. No es un horario, es una responsabilidad permanente. Weber mismo estableció que los funcionarios públicos deben actuar ‘sine ira et studio’ -sin ira ni pasión-, con imparcialidad y sin consideración de personas.

    Pero claro, esto es incómodo cuando lo que se busca es transformar la función pública en un negocio personal.

     

    El discurso del ‘vecino más’: cuando Matzkin juega a ser Mujica (pero sin el rigor) 🎭

    Aunque Matzkin pretenda mostrarse como un trabajador más con otra responsabilidad, la realidad es que no es un trabajador más, y no tiene horario de trabajo. El discurso del ‘soy un vecino más’ es tan viejo como conveniente. Pero hay un pequeño detalle: el único con la autoridad moral de decirlo, porque efectivamente lo ponía en práctica, era José Mujica. El resto, chito la boca.

    Hagamos un ejercicio mental: ¿Cómo se vería si el Intendente, fuera de su ‘horario laboral’ se emborracha en un bar? ¿Se entendería como una acción del ámbito privado? ¿Estaría en condiciones de ser Intendente si actuara así?

    Y si cambiamos al protagonista del ejemplo y pensamos en un cirujano, ¿nos operaríamos con alguien que tenga ese accionar?

    Y si fuera alguien que cuida niños, ¿pondríamos en sus manos a nuestros hijos?

    La respuesta es obvia. Los funcionarios públicos no dejan de serlo cuando dan vuelta la llave de la puerta de la oficina. Como bien establece James P. Pfiffner (1999) en su análisis sobre la ética del servicio público, ‘una ‘ética del servicio público’ implica más que solo comportamiento ético en el trabajo; también conlleva una dedicación al interés público y un compromiso con el cumplimiento de la misión’. No es negociable. No es optativo. Es la condición sine qua non del cargo.

    Los funcionarios públicos, además de su capacidad, comparten valores de gestión. Si un funcionario se aparta de ellos, debe dar un paso al costado… o se le debe obligar a darlo. No se puede promover la limpieza ciudadana y el reciclaje de 7 a 14 y a partir de entonces ensuciar la vía pública… porque no se deja de ser funcionario público a las 14 horas.

    Ese es un verso de quienes quieren hacernos creer que son un vecino más con un trabajo diferente. Spoiler: no lo son.

     

    El caso Galeano: cuando la multa es el premio consuelo 💸

    Y esto adquiere otro valor -y otra dimensión de cinismo- tras las acusaciones contra la Directora de Castraciones, la no doctora Julieta Galeano, quien según trascendió será multada por su accionar.

    Julieta Galeano fue filmada arrojando basura en la vía pública, al frente de la casa de una vecina, y aún no dio las explicaciones del caso.

     

    Acá va la verdad que duele: Galeano no debe ser multada, Galeano debe ser echada.

    ¿Por qué? Porque una parte central del proceder de un funcionario público es poder ser ejemplo para los conciudadanos. Anne Mette Møller y colaboradores (2022), en su trabajo sobre el ethos burocrático en el servicio público, sostienen que ‘el ethos del burócrata no se basa en convicciones personales o lazos extra-oficiales, sino que está guiado por los deberes específicos, obligaciones y normas éticas necesarias para integrar reglas y discreción de manera casuística’. En criollo: si no podés ser ejemplo, no podés ser funcionaria.

    Pero no, el Municipio informó que se elevarán las actuaciones al Juzgado de Faltas. ¿A cuál? ¿Al N° 1 comandado por Mariano Graciarena quien también incumple la normativa vigente y no presentó la Declaración Jurada? Ah, la ironía. Es tan gruesa que podría usarse como material de construcción.

     

    El patrón del doble discurso: una tradición zarateña 🎪

    El problema no es (solo) Galeano, el problema es una forma de actuar que dice una cosa y hace otra, que promociona el respeto a la ley y la transparencia y se actúa al margen de las normas y en la opacidad. Es el modus operandi perfeccionado. Es el manual de supervivencia política zarateña.

    Veamos el prontuario:

    • Lo hizo Matzkin con su viaje a Paris y el uso de un vehículo oficial. Turismo con fondos públicos, pero total, ¿quién se va a enterar?
    • Lo hizo Fernández, quien fue relevado del cargo sin nunca explicar las razones. El misterio más grande desde la desaparición del arca perdida.
    • Lo hizo Iglesias cuando viajó a Colombia y no explicó quién pagó el viaje. ¿Habrá sido el ratón Pérez? Nunca lo sabremos.
    • Lo hace Pastore cuando ni siquiera cumple el horario laboral. Porque las reglas son para los demás, obviamente.

    Lo hacen muchos, pero guay que lo haga un ciudadano. Ahí sí, todo el peso de la ley. La Justicia zarateña tiene una memoria curiosamente selectiva.

    Como señalan García-Villegas y colaboradores (2016) en su estudio sobre integridad académica y comportamiento ético laboral -perfectamente aplicable al ámbito del funcionariado-, existe una relación directa entre la cultura de quebrar reglas y la devaluación de la integridad como valor. Cuando los que deben dar el ejemplo son los primeros en incumplir, se genera una ‘cultura de pobre civismo’ que se refleja en todas las actividades ciudadanas y organizacionales. En otras palabras: el pescado se pudre por la cabeza.

     

    Mileístas de paladar negro: cuando el discurso se come la realidad 🦅

    Las normas deben ser parejas para todos, y quién no las cumple, ahora que son mileístas de paladar negro, ¡afuera!

    Ah, la belleza de la retórica liberal. ‘Afuera los ñoquis’, ‘afuera los vagos’, ‘afuera los que no producen’. Pero cuando el que no cumple es funcionario, cuando el que viola las normas está del lado ‘correcto’ del mostrador, entonces aparecen los matices, las explicaciones, las ‘actuaciones elevadas a Juzgado de Faltas’ que no llevan a ningún lado.

    Møller y Pedersen (2022) son contundentes al respecto: el ethos burocrático weberiano se fundamenta en virtudes transversales como equidad, igualdad, justicia y legalidad. No son valores opcionales según conveniencia política. No son principios que se aplican solo cuando la cámara está mirando. Son -o deberían ser- el ABC del funcionariado público.

    Pero claro, eso requeriría coherencia. Y la coherencia, en Zárate, es un bien escaso. Más escaso que las explicaciones sobre el destino de los fondos públicos.

     

    El negocio del funcionariado: cuando servir es facturar 💰

    Acá está el meollo del asunto, lo que realmente incomoda: se ha transformado el servicio público en un negocio. El cargo no se ocupa para servir a la comunidad sino para servirse de la comunidad. La función pública dejó de ser una vocación para convertirse en una franquicia.

    Y cuando alguien como Galeano -o cualquiera de los mencionados- mete la pata, la solución no es la remoción sino la multa simbólica, el ‘expedientito’ que se archiva en algún cajón, la palmadita en la espalda con el susurro cómplice: ‘la próxima andá con más cuidado’.

    Pfiffner (1999) advertía sobre esto: cuando el gobierno se empeña en ‘parecer más pequeño’ mediante tercerizaciones y contrataciones externas, se dificulta enormemente asegurar que el ethos del servicio público permee todas las organizaciones e individuos involucrados en la ejecución de las leyes. ¿Les suena? Es exactamente lo que pasa cuando se infla la planta de proveedores ‘para no aumentar la planta’ oficial. El truco de magia perfecto: agrandás el Estado mientras mentís que lo achicás.

     

    La traición de la propuesta en beneficio del negocio 🎯

    Y acá llegamos al punto crucial: la traición de la propuesta electoral en beneficio del negocio personal. Prometieron transparencia y entregan opacidad. Prometieron austeridad y practican el despilfarro. Prometieron cambio y perpetúan las peores prácticas de siempre.

    Como establece Winrow (2015) y lo citan múltiples estudios posteriores: existe una relación directa entre quienes hacen trampa en lo académico y el comportamiento poco ético en el lugar de trabajo. Si trasladamos esto al ámbito político-administrativo, la conclusión es devastadora: quienes mienten en campaña, quienes prometen una cosa y hacen otra, quienes traicionan sus propuestas en beneficio del negocio personal, inevitablemente trasladarán esa falta de ética a su gestión pública.

    No es casualidad. No es ‘un error’. Es el sistema.

    Galeano debe irse. Pero Galeano es apenas un síntoma de una enfermedad mucho más profunda: la degradación de la función pública en Zárate. Una degradación que se viste de ‘gestión moderna’, que se maquilla con discursos ‘libertarios’, pero que en el fondo no es más que el viejo curro de siempre con packaging nuevo.

     

    ¿Quién vigila a los vigilantes? 👁️

    La pregunta que planteaba Juvenal hace dos mil años sigue vigente en Zárate 2024: Quis custodiet ipsos custodes? ¿Quién vigila a los vigilantes? Cuando los que deben controlar son los mismos que incumplen, cuando los que deben sancionar son los mismos que violan las normas, ¿qué nos queda?

    Nos queda la indignación selectiva, las multas simbólicas, los expedientes que se pierden en la burocracia, y -sobre todo- nos queda la certeza de que en Zárate el funcionariado no es servicio público sino negocio privado con fondos públicos.

    Galeano debe irse. Y con ella, todos los que creen que ser funcionario es un trabajo con horario, que la función pública es un botín a repartir, que las normas son para los demás.

    Pero para eso haría falta algo que brilla por su ausencia en el Palacio Municipal: vergüenza personal.

    ‘Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copias a sus amigos: nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad. Derrote el terror. Haga circular esta información’.

    RODOLFO WALSH – AGENCIA CLANDESTINA DE NOTICIAS

    Alejo Moreno Anne Mette Møller Castraciones James P. Pfiffner José Mujica Juan Manuel Iglesias Julieta Galeano Marcelo Matzkin Marcelo Pastore Mariano Graciarena Max Weber Municipalidad de Zárate Paul du Gay Zárate
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