Días atrás, y producto de la inteligencia artificial que hace que las diferentes aplicaciones del teléfono nos ofrezcan productos a la venta similares a los que buscamos en internet, o que hablamos con amigos, o videos que nos pueden gustar, por ejemplo, me topé con un video de Julio Velasco, quien entre otras cosas fue entrenador del seleccionado argentino de vóley.
Es muy interesante, y hasta reconfortante, escucharlo, puesto que una persona que vive de ganar pone en entredicho la noción absolutista de ganador. Decía Velasco, entre otras cosas, que ‘muchas veces se piensa que ganar… es solamente derrotar al adversario. Mientras que ganar, significa también superar tus propios límites. Ésta es la primera victoria que hay que obtener. […] Ahora nos dicen: “Sea el mejor, coma tal Marca de pasta”, “Gane en la vida, use tal auto”. La vida no es un campeonato.’
Y es una noción revolucionaria para esta época en la que solo triunfan quienes ganan. La realidad es que esta noción capitalista del sueño americano es falsa, porque la forma piramidal en que se organiza la sociedad hace que solo uno alcance la cúspide, el tema es pensar si él o ella solamente ganan. Es necesario recuperar la noción de triunfo compartido, de triunfo colectivo. No sostener que solo uno triunfa y el resto pierde.
Días después que Raúl Alfonsín ganó las elecciones de 1983, el Radicalismo difundió un afiche en el que decía ‘Ganamos, pero no derrotamos a nadie’ en la que se pretendía generar la noción de pensar el triunfo como algo que excede a obtener algo más que derrotar al adversario, imponiendo una lógica en la que todos, en su forma y en su medida, pueden ganar.
Obviamente que el triunfo no es el mismo para todos, los argentinos recuperábamos la democracia, y por ende ganábamos todos, pero solo algunos ejercerían el poder, con lo cual no todos triunfaban de igual manera, pero de todas maneras todos triunfaban porque se recuperaba la democracia.
Por eso es importante la noción de pensar siempre las cuestiones como un juego de suma positiva en el que colaborativamente todos aporten al triunfo general y todos puedan ser parte del mismo. Esa es la construcción que nos hace falta como sociedad.
Como dijera Velasco dirigiéndose a los jóvenes dirigidos ‘Ustedes tienen que intentar ganar todo lo que puedan. Pero no crean en ésos que les dicen… que el mundo se divide entre ganadores y perdedores. El mundo, para mí, se divide entre buenas y malas personas, ésta es la división más importante. Luego entre las malas personas habrá, lamentablemente, ganadores… y entre las buenas personas, claro, habrá quien pierda también.’
Y muchas veces las malas personas ocupan lugares que no debieran ocupar y aplauden obras faraónicas, inútiles e innecesarias, mientras a pocas cuadras de allí la gente debe caminar cuadras y cuadras para conseguir un balde de agua, porque luchar para tener agua potable en sus casas, que es una necesidad básica insatisfecha, es una quimera, y sin embargo se hacen llamar solidarios.
Por eso el desafío de la hora es construir entre quienes quieren actuar bien sin juntarse con quienes quieren actuar mal, aunque lo disimulen o lo escondan.
La diferencia no es ideológica, es de valores. Es entre quienes se preocupan por el bien mayor en desmedro del mal menor. Entre quienes entienden que todos vivimos mejor si cada vez más tenemos acceso a mejores oportunidades en detrimento de quienes quieren hacer sus negoci(ad)os personales.
Entre quienes estamos convencidos de la necesidad de construir un Zárate Grande antes que priorizar Zárate Chico.
Zárate es más que una ciudad y mucho más que una Costanera, es un distrito con 150.000 habitantes donde muchos de ellos luchan todos los días para acceder a las cuestiones básicas de convivencia.
Pero para construirla hay que volver a Velasco y tener en claro que ‘para ganar hay que hacer las cosas bien, hay que sacrificarse, hay que ser eficiente y hay que darle importancia… a las cosas importantes y a las cosas menos importantes… aunque el precio a pagar sea muy costoso. Pero sirve también para aprender a perder.’
Pero perder es no intentar construir la sociedad que soñamos y nos merecemos.
Para eso es imprescindible pararse del lado Velasco de la vida…
Ese es el secreto y el reclamo de esta hora.



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