Estas elecciones, a nivel local, traen aparejada una serie de particularidades en el principal frente electoral opositor, por primera vez se enfrentan en una elección legislativa y sus candidatos serán elegidos a través de elecciones internas y no de un acuerdo entre las fuerzas.
Esto, que a priori puede parecer un paso adelante en términos democráticos, en realidad conspira contra la construcción democrática de la fuerza, ya que a diferencia de las elecciones legislativas anteriores, realizadas hace 4 años, no hay posibilidad alguna de alcanzar equilibrios interno como los de antaño.
En 2017 el PRO encabezó la lista con Julián Guelvenzú y se intercalaron entre este Partido y la Unión Cívica Radical uno y uno, lo que trajo como consecuencia que al ingresar cuatro legisladores, la representatividad haya sido la misma para ambas fuerzas. Hoy esto sería imposible ya que ninguna de las opciones contempladas por el reglamento para la asignación de cargos del frente opositor prevé un intercalamiento de uno en uno.
Pero no es la única cuestión a tener en cuenta, como se han presentado 4 listas en los comicios internos, dos de origen radical y dos de origen PRO, se podría dar el caso, bastante remoto por cierto, que la mayoría y la minoría correspondan a la misma fuerza o que una lista obtenga mayoría y haya dos minorías, lo cual dificultaría mucho más los equilibrios internos.
No queda muy claro, porque no se ha expuesto contrariedad alguna en los escasos proyectos que se conocen de los precandidatos, el porqué de tanta dispersión interna en la oferta electoral.
Y además se suma una situación sumamente paradójica.
En aquella lista que encabezaba Julián Guelvenzú, el segundo lugar lo ocupaba María Elena Gallea y el tercero Marcelo Matzkin, quienes desde diciembre de 2019 participaron de bloques diferentes pese a haber sido electos por la misma fuerza en la misma elección.
Lo curioso es que estos concejales buscan su reelección encabezando, cada uno de ellos, sendas listas locales, con lo cual podría darse el caso, y de hecho es el escenario más probable, que ambos ediles vuelvan a compartir lista. ¿Qué ocurrirá entonces? ¿Volverán a participar de bloques diferentes o compartirán bloque? ¿Cuáles fueron las razones del divorcio político, que nunca se supieron, y cuáles las de la reconciliación, si es que la hay? ¿Cómo harán para acordar un programa común, si ni siquiera pueden formar parte del mismo bloque político en el HCD? Todo apunta que será más de lo mismo.
Tiempo atrás un usuario de Twitter, pretendiendo ser gracioso, le consultó a la Real Academia Española ‘¿Por qué “todo junto” se escribe separado y “separado” se escribe todo junto?’, y recibió una contundente respuesta del ente que regula la lengua castellana, ‘Porque, con independencia de su significado, «separado» es una palabra y «todo junto» son dos.’
Nos preguntamos entonces si más allá del mensaje que quiere darse, ¿No sería oportuno buscar otro nombre para la entente electoral si juntos no hacen nada?, o si lo hacen, reiterar la pregunta de más de un año y medio atrás que aún aguarda respuesta, ¿Cómo se puede construir un proyecto político común con quienes no se quiere construir nada en conjunto?




4 comentarios
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El Dr. Julian Guelvenzu es socio de una empresa de «recupero de deudas» que intenta cobrar deudas prescriptas mediante amenazas telefónicas. Lo conmine a que me iniciará juicio, pero continúa con sus prácticas telefónicas.
Si quieren más hagámenlo sabe
Por último lo desafío a una discusión, de colega a colega, para que fundamente sus reclamos, ya que cambió su número de celular y no responde a los mails que le envío.