al final del día, la política bonaerense es eso: una escalera caracol donde todos suben pensando que van hacia arriba, pero en realidad solo están dando vueltas en el mismo lugar. Y Ranzini, con su nuevo cargo en el BAPRO, acaba de completar una vuelta más. ¿Cuántas le quedarán? El tiempo lo dirá. Pero apostamos a que muchas. Porque en este circo, los que saben hacer malabares con sus convicciones siempre tienen trabajo.
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En Zárate ganó Fuerza Patria el 7 de septiembre y ganó Fuerza Patria el 26 de octubre, los números así lo reflejan, pero si a este análisis cuantitativo sumamos la variable cualitativa, además perdió Marcelo Matzkin.
La política debe servir para unir, no para dividir. Para fortalecer el tejido social, no para desgarrarlo. Para construir en común, no para promover el egoísmo individual.
La derrota electoral de septiembre no fue casualidad ni producto de fuerzas externas. Fue la consecuencia lógica de una gestión que prometió cambio y entregó continuismo, que habló de renovación pero practicó el reciclaje político.
Había un reglamento que cumplir, y La Libertad Avanza pretendía violarlo. Pero en la Argentina de los últimos años, donde las instituciones son más sugerencias que normas, cumplir un reglamento parece casi un acto revolucionario.
Matzkin repite promesas, recicla candidatos y Zárate sigue sin gestión ni rumbo.
La ultraderecha impone agenda y la centroizquierda pierde rumbo jugando en su cancha.
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Olivera denuncia el populismo… aliándose con Milei. No entiende, pero igual tuitea.
La UCR zarateña perdió el rumbo: cargos, silencio y traiciones disfrazadas de estrategia.