Terminó el proceso electoral 2019, y con él los tiempos de especulaciones y cálculos, los números definitivos ya están, los resultados finales del escrutinio zarateño ya están disponibles, y aunque no han sido publicados oficialmente, podemos analizarlos.
Si bien tenemos muchas certezas, no se han evacuado aun todas la dudas. Comencemos por lo que quedó claro.
El Intendente Osvaldo Cáffaro fue reelecto por tercera vez y el próximo 10 de diciembre iniciará su cuarto período al frente del Departamento Ejecutivo municipal, junto a él, y habiendo sido acompañado en la boleta del Frente de Todos, fueron electos concejales Ariel Ríos, Olga Cerato, Javier Yagode, Micaela Morán, Marcelo Torres y Lilian Burroni, porque efectivamente serán 6 los concejales del oficialismo que ingresarán para el período 2019-2023. Esta fue la elección en la que el Intendente obtuvo su mejor performance histórica, algo sin dudas más que elogiable después de 12 años de gestión.
En una elección polarizada, Juntos por el Cambio, aun perdiendo, logró sacar provecho e ingresó al Concejo Deliberante 4 representantes, Walter Unrein, Natalia Blanco, Marcelo Pastore y Lorena Bustos, la misma cantidad que había obtenido en los comicios anteriores, en los que triunfó, aunque en este caso consiguió un 7% menos de sufragios que dos años atrás cuando triunfó.
Tras estas certezas, sigue habiendo dudas llamativas si uno compara los resultados definitivos frente a los provisorios. Por ejemplo se contabilizaron 132 votos más, ¿de dónde salieron esos votos? De los cuales 72 fueron votos en blanco, lo que significa que no creció en demasía la cantidad de votos ‘importantes’, los votos positivos, que son los que cuentan a la hora del reparto de escaños, solo 75 sufragios, aunque pese a ello, no es lo más curioso.
Es llamativo el reparto de los ‘nuevos votos’. Mientras el Frente de Todos, que obtuvo el 60% de los votos positivos, consiguió tan solo el 26,7% de los ‘votos aparecidos’, y en contraste, el Frente NOS, al que acompañó solamente el 1,6% de los votos positivos, en el escrutinio definitivo consiguió el 25,3% de los votos virtuales, algo a todas luces terriblemente curioso, porque para poder alcanzar ese número se debieran haber recontado, al menos, 5 mesas, y en cada una de ellas el Frente NOS debería haber tenido 4 votos más por mesa… pero siguiendo esa lógica, la de las 5 mesas, el Frente de Todos debería haber obtenido 780 votos más en lugar de los 20 que se incrementó su caudal electoral… y entonces otra sería la historia del reparto de bancas. A menos que en el escrutinio provisorio, único momento en el que se abrieron todas las urnas y se contaron todos los votos, haya habido un fraude anti NOS o un fraude pro Frente de Todos, la nueva información no es sostenible.
Curiosamente quien más crece en votos, proporcionalmente, tras el escrutinio definitivo es quien salió último y no participa del reparto de escaños por no haber alcanzado el ‘piso’, es decir, crecieron aquellos votos que no tienen valor para el reparto de cargos, y que esto haya ocurrido cuando estaba en juego la décima banca del Concejo Deliberante, no es un dato menor.
Retomando lo que decíamos de los votos en blanco, mientras en el escrutinio provisorio y en el definitivo la cantidad de votos con esta condición fue del 7,8% del total de sufragios, alcanzó el 54,5% de los votos que se agregaron tras las elecciones… sospechoso.
Son muchas dudas que quitan transparencia al proceso electoral, que bien podrían evacuarse si se pudiera conocer, por ejemplo, ¿cuántas urnas se abrieron? ¿Cuáles fueron esas urnas? ¿Cuál es el escrutinio definitivo de cada mesa electoral? Demasiadas cosas oscuras para hacer claro algo que debiera ser absolutamente transparente.
Ya está el escrutinio definitivo, hay que pensar y evacuar dudas para que existan certezas y, consecuentemente, surja la indubitabilidad que todo proceso electoral exige.
