Nadie entendió, o no quiso entender, la metáfora. Porque es más sencilla la crítica que el análisis, y entonces en lugar de debatir la idea se lo denostó al hombre.
La pregunta no es si Milei va a caer. La pregunta es qué hay del otro lado cuando caiga.
Si la Ordenanza que aprueba el Presupuesto es la hoja de ruta, y el Ejecutivo puede modificarla a voluntad en cualquier momento, sin límite de veces, sin necesidad de aprobación legislativa, ¿para qué sirve el Concejo Deliberante en materia presupuestaria? La respuesta es incómoda.
Weber lo explicó hace más de un siglo. Cuba lo está demostrando hoy. Cuando un sistema deja de ser creído y pasa a ser simplemente tolerado, lo que entra en crisis no es solo un gobierno, sino la base misma de su autoridad.
Como dijera Arturo Jauretche, lo importante no es cambiar de collar sino dejar de ser perro. En Zárate ni siquiera se cambió de collar, solo por un rato hay otro paseador, que sigue los mismos pasos, ¿terminará en el mismo destino?
Cuando la política se convierte en inversión, la pregunta deja ser quién gobierna, para ser quién capitaliza.
No es un error de tipeo ni un descuido burocrático puntual. Es la consecuencia directa de una gestión que hace del desorden institucional su marca registrada.
Es necesario que todos alcemos la voz para decir Nunca Más. No una vez al año, no solo el 24 de marzo, sino cada vez que alguien relativice, cada vez que alguien equipare, cada vez que alguien proponga ‘cerrar la grieta’ a costa de enterrar la verdad.