🧠 Primero, las palabras
Hay una frase que apareció hoy en todos los cables de agencia y que merece detenerse un momento antes de seguir leyendo. El portavoz del Comando Central de Estados Unidos, capitán Tim Hawkins, confirmó que las fuerzas norteamericanas realizaron ‘ataques defensivos’ contra objetivos militares iraníes en el estrecho de Ormuz. Bombardearon embarcaciones, destruyeron sitios de lanzamiento de misiles y atacaron una batería antiaérea en Bandar Abbas. Y todo eso, nos dicen, fue en defensa propia.
Paren. Lean de nuevo.
Un ataque defensivo. Esto, en términos lingüísticos, se llama oxímoron: la unión de dos conceptos contradictorios en una misma expresión… como el helado caliente.
Pero esto no es un accidente retórico. Es una tecnología narrativa perfeccionada durante décadas por el aparato de comunicación del Pentágono y sus satélites mediáticos. Y si uno no tiene el radar calibrado, se la traga sin chistar.
🗺️ El mapa de los eufemismos: un recorrido histórico
La historia del intervencionismo estadounidense es, en buena medida, la historia de sus justificaciones. Cada guerra tuvo su relato. Cada invasión, su causa noble. Y en todos los casos, el tiempo se encargó de demostrar que la causa era, en el mejor de los casos, una exageración, y en el peor, una mentira fabricada en una sala de reuniones de Washington.
Desde la explosión del Maine a la Guerra del Golfo, cuando el secretario de Estado Colin Powell se paró ante el Consejo de Seguridad de la ONU con un tubito de anthrax y fotografías satelitales de supuestos laboratorios de armas biológicas y químicas en Irak. La presentación fue impecable. El argumento fue demoledor. Y era completamente falso. No había armas de destrucción masiva. Saddam Hussein no tenía vínculos operativos con Al-Qaeda. Las fotografías mostraban instalaciones civiles. El resultado: la destrucción de un Estado, más de 100.000 civiles muertos según estimaciones conservadoras, el nacimiento del ISIS como consecuencia directa del vacío de poder, y Powell reconociendo en sus memorias que aquella presentación fue ‘una mancha en su carrera’. Qué alivio para los muertos.
🛢️ La doctrina del ataque preventivo: cuando el agresor se viste de víctima
Tras el 11 de septiembre de 2001, la administración Bush formalizó lo que se conoció como la Doctrina Bush: Estados Unidos tenía el derecho de atacar de manera preventiva a cualquier país o actor que representara una amenaza potencial a su seguridad. No a su seguridad real, inmediata, demostrable. A su seguridad potencial. Es decir: te ataco antes de que me ataques, aunque no haya ninguna evidencia de que ibas a hacerlo.
Esta doctrina fue, en su momento, revolucionaria en el peor sentido posible. Dinamitó el derecho internacional que el propio Estados Unidos había contribuido a construir después de la Segunda Guerra Mundial. Violó la Carta de las Naciones Unidas.
Y funcionó. Durante años, funcionó. Afganistán. Irak. Operaciones encubiertas en Siria, Libia, Yemen. La lógica era siempre la misma: somos tan poderosos que tenemos el derecho de definir unilateralmente qué constituye una amenaza para el mundo, y de eliminarla antes de que se materialice.
Lo que nadie podía anticipar era que esa doctrina iba a necesitar una actualización. Porque el problema del ataque preventivo es que, con el tiempo, te quedás sin pretextos creíbles. La gente empieza a notar el patrón. Empieza a hacer las preguntas incómodas. Y entonces hay que innovar.
🪖 Bienvenidos a la era del ataque defensivo
El pasado 25 de mayo el portavoz del CENTCOM nos explicó que Estados Unidos bombardeó objetivos en territorio iraní en defensa propia. Las fuerzas norteamericanas, que operan en el estrecho de Ormuz detectaron que embarcaciones iraníes intentaban colocar minas en sus propias aguas y respondieron con ataques aéreos y navales.
El estrecho de Ormuz es la salida al mar de Irán. Estados Unidos está ahí con portaviones, destructores, helicópteros de ataque y marines porque considera que tiene el derecho de garantizar la ‘libre navegación’ en una vía marítima que, casualmente, es por donde sale el petróleo que ellos y sus aliados necesitan.
Si un ejército extranjero patrullara el Río de la Plata en nombre de la libre navegación y el gobierno argentino enviara botes a colocar boyas de advertencia, ¿diríamos que ese ejército extranjero tiene derecho a bombardearnos en defensa propia?
La evolución del lenguaje es reveladora. Primero fue el ataque preventivo: te atacamos antes de que nos ataques. Ahora es el ataque defensivo: te atacamos mientras te atacamos, pero en defensa propia. El paso siguiente, a este ritmo, será el ataque pacifista: te bombardeamos para promover la paz.
🧩 La construcción de la realidad paralela
Lo más fascinante, y lo más peligroso, de todo esto no es la mentira en sí. Es la infraestructura que se construye para que la mentira parezca verdad.
No alcanza con decir ‘atacamos en defensa propia’. Hay que crear el contexto. Hay que instalar en la opinión pública, semanas antes, la idea de que Irán es una amenaza existencial para la navegación mundial. Hay que mostrar imágenes de buques mercantes. Hay que hablar de los marineros varados. Hay que mencionar que una quinta parte del petróleo mundial pasa por ahí. Hay que construir, ladrillo por ladrillo, un relato en el que la agresión se convierta en respuesta razonable.
Y los medios ayudan. No por malicia necesariamente, sino porque el sistema funciona así: el Pentágono da el dato, las agencias lo distribuyen, los diarios lo publican, los analistas lo comentan, y en 48 horas la realidad paralela ya está instalada como si fuera la realidad real.
El problema, para ellos, es que el tiempo es el mejor auditor que existe.
Las mentiras de 1898 tardaron décadas en quedar expuestas. Las de 2003 tardaron meses. En la era de internet y de la información descentralizada, el ciclo de vida de una mentira geopolítica se acorta cada vez más. Y los archivos no se borran. Los documentos se desclasifican. Los funcionarios escriben memorias. Los periodistas investigan.
⏳ La historia como espejo
Como decíamos en una nota anterior, los análisis serios no se construyen con retazos unidos caprichosamente, sino con el estudio profundo de toda la información disponible. Eso es lo que diferencia el debate democrático de la operación de prensa. Y la ciudadanía, a esta altura, ya sabe distinguirlo.
O debería.
Porque el patrón es siempre el mismo: hay un recurso estratégico que controlar, hay un actor regional que no acepta las reglas del juego impuestas por Washington, hay una provocación real o fabricada, hay una respuesta ‘defensiva’, y hay un relato que justifica todo ante la opinión pública doméstica e internacional.
El petróleo del Golfo Pérsico es hoy lo que el petróleo venezolano fue ayer, lo que el Canal de Panamá fue antes, lo que las plantaciones de United Fruit fueron antes todavía. El recurso cambia. La lógica no.
🔚 Conclusión (o lo que más se le parece)
No estamos diciendo que Irán es un ejemplo de virtud cívica. No lo es. No estamos diciendo que colocar minas en una vía marítima internacional no es una provocación. Lo es. Estamos diciendo que el problema no es solo lo que hacen, sino cómo lo nombran. Porque las palabras que elegimos para describir la realidad construyen la realidad que percibimos.
Y cuando el más poderoso del mundo llama ‘ataque defensivo’ a lo que objetivamente es un bombardeo sobre territorio de otro Estado soberano, no está cometiendo un desliz semántico. Está ejerciendo el poder más formidable que existe: el poder de definir la realidad.
La historia y su juicio, sin embargo, tiene una mala costumbre: siempre llega. Y cuando llega, no le importa quién tiene los portaviones.
‘Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copias a sus amigos: nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad. Derrote el terror. Haga circular esta información’.
RODOLFO WALSH – AGENCIA CLANDESTINA DE NOTICIAS
