El pasado jueves 20 de agosto, el presidente Javier Milei se paró frente al Council of the Americas y, entre elogios a Trump y advertencias sobre el comunismo, soltó una frase para provocar: ‘Estamos pagando muy caro la locura de los pañuelitos verdes. Hoy Argentina no llega a una tasa de crecimiento de la población y de natalidad que permite la reposición. Por lo tanto, esa pasión por asesinar niños en el vientre de la madre también nos está costando caro en términos de crecimiento, y ni les cuento en términos de sistema previsional.’.
La verdad es que uno escucha esto y no sabe si reírse, indignarse o pedirle a alguien que le explique al Presidente qué significa ‘tasa de reposición’ antes de que siga dando cátedra.
🍼 La tasa de reposición y el misterio de los 2,1 hijos
Primero, lo básico. La tasa de reemplazo poblacional, esa que Milei menciona como si la hubiera inventado él, es un concepto demográfico estándar: se necesitan aproximadamente 2,1 hijos por mujer para que una población se renueve sin depender de la inmigración. No es un número sacado de un sombrero liberal; es matemática pura, la misma que Milei dice adorar cuando le conviene.
Argentina, según los datos oficiales del INDEC y el Censo 2022, tiene hoy una Tasa Global de Fecundidad de 1,4 hijos por mujer. Algunas estimaciones más recientes, de 2025, la ubican incluso en 1,2. Esto significa que, efectivamente, estamos lejísimos de la reposición. Pero acá viene lo divertido: esta caída no empezó ayer, ni con la legalización del aborto en 2020. De hecho, la curva viene en picada desde hace cuatro décadas, mucho antes de que el Presidente descubriera que el aborto existe.
📉 Cuarenta años de caída: los números que no leen en Olivos
Vamos a los datos, porque en este artículo no venimos a opinar con el corazón. Venimos a citar fuentes, documentos exactos y fechas. Agarrate, Javier.
En 1980, cuando Milei tenía diez años y todavía no sabía que iba a clonar perros, la Tasa Global de Fecundidad en Argentina era de 3,3 hijos por mujer. En 1990, ya había bajado a 3,03. En el Censo 2001, se ubicó en 2,4. En el Censo 2010, en 2,3. Y en 2019, antes de que la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE) siquiera se votara, ya había caído a 1,8. La reducción entre 1980 y 2019 fue del 45,5%.
Es decir: la natalidad se desplomó cayó cuando el aborto era ilegal, clandestino y peligroso. Cayó cuando la Iglesia tenía más poder. Cayó cuando no existía la ley IVE. Y siguió cayendo después.
Según datos de Datosmacro, la tasa de natalidad (nacimientos por cada mil habitantes) pasó de 24,72‰ en 1980 a 11,09‰ en 2024. Es casi la mitad. Y la curva, si la mirás en un gráfico, parece una montaña rusa que solo baja.
Entonces, ¿de qué ‘pasión por asesinar niños’ habla el Presidente? ¿Acaso en los años ochenta, cuando la TGF era 3,3, no había abortos clandestinos? Porque los datos dicen otra cosa. Según un estudio del Ministerio de Salud de 2005, en Argentina se producían anualmente entre 370.000 y 520.000 abortos inducidos, la gran mayoría en condiciones de ilegalidad. En 2016, el aborto era la principal causa de mortalidad materna en el país, con 43 muertes oficiales, y miles más en la clandestinidad. Desde la recuperación democrática en 1983, se estima que más de 3.000 mujeres murieron por abortos inseguros.
O sea: durante toda la época en que el aborto era ilegal, la natalidad igual cayó. Y las mujeres igual abortaban, solo que morían en el intento. La diferencia es que ahora, con la ley IVE aprobada el 30 de diciembre de 2020 y vigente desde enero de 2021, la mortalidad materna por aborto se desplomó. En 2021, hubo solo 13 muertes maternas por aborto; en 2022, 18; en 2023, 18; en 2024, 17. Las internaciones por complicaciones de abortos inseguros también cayeron. Y, para colmo, los embarazos no intencionales en adolescentes de 10 a 14 años bajaron de 935 en 2020 a 626 en 2022.
Pero claro, estos son datos del Ministerio de Salud, de la DEIS, del INDEC. Son la ‘casta’ de los números. Milei prefiere los números que le salen del corazón, o de la médium que le habla con Conan.
🔪 ‘Asesinar niños en el vientre’: el discurso en el Council of the Americas
Volvamos al Council of the Americas. Milei no solo culpó al aborto de la baja natalidad; lo hizo usando su retórica favorita: la de la víctima, la del genocidio silencioso, la de la ‘pasión por asesinar’. Es curioso: un tipo que se define como ‘liberal-libertario’, que dice respetar la libertad individual por encima de todo, que quiere destruir el Estado porque ‘interviene’ en la vida de la gente, de repente se convierte en el máximo defensor de que el Estado obligue a una mujer a gestar. ¿No es una contradicción? ¿O es que la libertad es solo para los hombres que quieren no pagar impuestos, y no para las mujeres que quieren decidir sobre su cuerpo?
Además, la frase tiene un problema de cronología. La ley IVE se aprobó a fines de 2020. La natalidad venía cayendo desde 1980. ¿Cómo explica Milei que entre 1980 y 2020, cuarenta años de aborto clandestino, la TGF pasó de 3,3 a 1,8? ¿Fueron las feministas de los años sesenta? ¿El lobby de los anticonceptivos? ¿La conspiración de las mujeres que decidieron estudiar y trabajar?
La verdad es que la caída de la natalidad es un fenómeno multicausal, y cualquier demógrafo de primer año de la facultad lo sabe. Está el acceso a la educación sexual, la masificación de los anticonceptivos, la incorporación masiva de las mujeres al mercado laboral, la urbanización, el aumento del costo de vida, la inestabilidad económica, el cambio cultural en el que la maternidad dejó de ser un mandato social. En la Ciudad de Buenos Aires, donde la TGF es de 0,9 hijos por mujer, no es que las porteñas abortan más que en Formosa; es que estudian más, trabajan más fuera de casa, y deciden diferente.
Pero Milei, como buen economista que se cree capaz de explicar todo con una sola variable, reduce la demografía argentina a una ecuación de una incógnita: aborto = menos nacimientos. Es tan simple que duele. Y tan falso que indigna.
🏛️ La familia primero: Milei, Karina y Victoria, todos sin hijos
Y acá llegamos al plato fuerte. El Presidente, que nos habla de ‘tasa de reposición’ como si fuera un experto, tiene exactamente cero hijos. Ni biológicos, ni adoptados. Él llama ‘hijos’ a sus cinco mastines ingleses llamados Conan, Murray, Milton, Robert y Lucas, todos clonados del primer Conan, a quien Milei sigue ‘comunicándose’ espiritualmente a través de una médium.
Su hermana, Karina Milei, Secretaria General de la Presidencia, tampoco tiene hijos. Según una entrevista en Gatopardo de octubre de 2024, ella congeló óvulos porque ‘a veces el ritmo de vida te hace pasar eso de largo’, pero hasta el momento no hay registro de descendencia.
Y la Vicepresidente, Victoria Villarruel, tampoco tiene hijos. Estuvo casada durante quince años, se divorció, algo que su familia militar y conservadora ‘nunca le perdonó’, y, según fuentes cercanas, ‘no quiere tener hijos’.
Entonces, repasemos: el Presidente, su hermana y su Vicepresidenta, los tres principales referentes del Poder Ejecutivo, ninguno contribuye con la tasa de reposición. Ninguno cumple con los 2,1 hijos que exige la demografía. Ninguno pone el cuerpo, ni el útero, ni el bolsillo, ni el tiempo, para ‘salvar’ al sistema previsional que tanto preocupa al Jefe de Estado.
¿No es esto, usando la lógica mileista, una forma de ‘asesinato’? ¿No es, parafraseando al Presidente, una ‘pasión por no reproducirse’ que nos está costando caro? ¿O la obligación de tener hijos solo corre otros y otras?
La hipocresía, en este caso, no es un detalle. Es la estructura misma del discurso. Milei quiere que las argentinas tengan más hijos para ‘salvar’ el sistema previsional, pero él no tiene ninguno. Quiere que las mujeres gesten para mantener a los jubilados, pero recorta la Asignación Universal por Hijo, desfinancia los programas de cuidados y elimina el Plan de los Mil Días. Quiere natalidad a la fuerza, pero no da las condiciones para que alguien quiera ser padre en este país.
💰 El sistema previsional: cuando la matemática no es opinable
Milei dijo que la baja natalidad nos cuesta ‘en términos de sistema previsional’. Y acá, por una vez, tiene media razón. Pero solo media.
Es cierto que el sistema de jubilaciones en Argentina, como en casi todo el mundo, funciona con un esquema de reparto: los trabajadores activos aportan para pagarle a los jubilados. Si hay menos jóvenes y más viejos, la ecuación se complica. Según una nota de julio de 2026, la relación aportantes-jubilados ya cayó a 1,8 por cada beneficiario y seguirá bajando.
Pero el problema no se soluciona teniendo más hijos. Eso es un remedio a veinte años, no ahora. Un bebé que nace hoy recién va a aportar al sistema dentro de dos décadas, como mínimo. Y mientras tanto, ¿quién lo mantiene? ¿Quién le paga la salud, la educación, la comida? Porque en Argentina, más de la mitad de los menores de 14 años viven en hogares pobres.
El verdadero problema del sistema previsional no es la natalidad; es la precarización laboral, la informalidad, la evasión de aportes, y el hecho de que el Estado durante décadas usó la ANSES como caja propia. Milei lo sabe. De hecho, su gobierno ya recortó jubilaciones por decreto en 2024. Pero es más fácil echarle la culpa a las mujeres que abortan que reconocer que el sistema se rompió por decisiones políticas, no por decisiones uterinas.
Además, si el Presidente está tan preocupado por el sistema previsional, ¿por qué no empieza por él? ¿Por qué no adopta un hijo? ¿Por qué no incentiva la natalidad con políticas públicas reales, guarderías, licencias parentales dignas, salarios que alcancen, en lugar de recortar todo lo que existe? Es más barato culpar al aborto que construir un Estado que acompañe.
🌍 Aborto legal vs. aborto clandestino: los datos incómodos
Desde la legalización del aborto en enero de 2021, más de 250.000 personas accedieron a una interrupción legal y segura en el sistema de salud público. La mortalidad materna por aborto se desplomó. Los embarazos adolescentes bajaron. Y la natalidad, que ya venía cayendo desde 1980, siguió su curso.
¿Saben qué no bajó? El número de abortos. Porque las mujeres siempre abortaron. La diferencia es que antes lo hacían en condiciones de riesgo, en la clandestinidad, pagando fortunas a médicos sin ética o inyectándose yerba de burro en los baños de una estación de tren. Ahora lo hacen con médicos, con información, con derechos. Y eso, para Milei, parece ser ‘asesinar niños’. Pero las 3.000 mujeres muertas por aborto inseguro desde la democracia, eso no parece importarle tanto.
🎤 Conclusión: la coherencia, ese concepto liberal
Milei tiene el derecho de no tener hijos. Todos lo tenemos. La natalidad es una decisión personal, íntima, que depende de proyectos de vida, de economía, de deseos, de miedos. Lo que no puede hacer es exigirle a las demás, especialmente a las mujeres, que gesten para salvar un sistema previsional que él no quiere reformar de verdad, mientras él mismo no pone un solo hijo sobre la mesa.
Si el Presidente quiere que Argentina tenga más nacimientos, que empiece por dar ejemplo. Que adopte. Que pague guarderías. Que deje de recortar políticas de cuidado. Que deje de hablarle a las mujeres como si fueran fábricas de aportantes jubilatorios. Y que, por lo menos, se tome el trabajo de leer un informe del INDEC antes de salir a dar cátedra de demografía ante empresarios de Wall Street.
Porque la verdad es una sola: Argentina no tiene menos hijos porque el aborto es legal. Tiene menos hijos porque tener hijos en este país es caro, difícil y, para muchas, inviable. Y eso no se arregla con discursos moralistas de ocasión. Se arregla con políticas públicas acá, en la Argentina real, donde la gente vive, trabaja y, a veces, decide no traer una criatura a un mundo que no puede garantizarle ni techo ni comida.
Pero claro, eso requiere algo que Milei parece no tener: empatía. Y un poco de lectura de sus propios datos oficiales.
‘Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copias a sus amigos: nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad. Derrote el terror. Haga circular esta información’.
RODOLFO WALSH – AGENCIA CLANDESTINA DE NOTICIAS
