Las Declaraciones que Exponen una Mentalidad Preocupante
Ya nos hemos referido a las recientes declaraciones del Intendente Municipal Marcelo Matzkin sobre las últimas elecciones y sobre la realidad económica del Distrito, pero no fueron los únicos temas a los cuales dedicó tiempo en su extensa entrevista radiofónica.
Quizás por la extensión del reportaje, quizás por las preguntas de quienes lo entrevistaban o bien por un poco de cada cosa, Marcelo Matzkin también habló de temas a los cuales no suele referirse con asiduidad. Y en esos momentos de espontaneidad, cuando las máscaras del discurso político se desdibujan, es donde emergen las verdaderas concepciones ideológicas que sustentan su gestión.
El caso Oyarzún: cuando la autoridad avala la violencia
En un tramo de la entrevista, consultado por uno de los anfitriones, abordó la cuestión de la seguridad ciudadana, y lo hizo desde un lugar sumamente particular y, cuando menos, polémico, avalando la justicia por mano propia.
En relación al caso de Daniel ‘Billy’ Oyarzún, concejal zarateño del PRO, afirmó que ‘padeció una situación de robo, terminó pasando una desgracia, pero el culpable era él. O sea, vos decís, ‘Che, él estaba laburando en la carnicería, él no estaba haciendo nada.’ Él estaba laburando la carnicería. Él se levantó para laburar, cobrar su sueldo y alimentar su familia. Viene uno, le apunta, le tira un tiro, él sale y termina pasando lo que terminó pasando. Y él es el culpable. Si nadie lo puso a él en la…, él no quiso poner a nadie una situación de peligro. Lo ponen a él.’ hablando con una liviandad pasmosa.
La ‘Desgracia’ que no es desgracia: el eufemismo peligroso
Cuando Matzkin se refiere a ‘terminó pasando una desgracia’, se refiere a que Oyarzún persiguió a los delincuentes, que le habían robado 5.000 pesos en 2016, y a uno ellos lo pasó por encima con su auto. Eso no es una desgracia. Eso es justicia por mano propia. Y Matzkin lo avala, lo cual resulta profundamente preocupante para quien tiene la responsabilidad de conducir los destinos de un municipio.
Cierto es que en el juicio por jurados Oyarzún fue absuelto por un tribunal de 12 ciudadanos que consideraron que actuó en legítima defensa, lo cual no lo exime del hecho, solo que el jurado entendió que no era punible. Sin embargo, Matzkin avala este tipo de proceder como si fuera la solución natural a los problemas de inseguridad, legitimando desde su investidura municipal la violencia como respuesta ciudadana.
El silencio cómplice: lo que no se dice
Quizás por eso nunca se refirió públicamente al hecho protagonizado por los agentes del COZ que denunciamos un año atrás. Cuando la violencia proviene de las fuerzas de seguridad municipales, el silencio es ensordecedor. Pero cuando proviene de un comerciante que ‘se defiende’, el aplauso es estruendoso.
Preocupante. Lo dicho por el Intendente y la falta de reacción política a la barrabasada que dijo. Más preocupante aún es que ningún dirigente político de peso haya salido a cuestionar estas declaraciones que ponen en jaque los fundamentos básicos del Estado de Derecho. Quizás sea porque todos están de acuerdo con lo que manifestó Matzkin.
La recaudación y el discurso anti-solidario
El otro tema abordado es la recaudación municipal, que a priori pareciera no tener nada que ver con lo que venimos analizando, pero ya veremos que tiene mucho en común con la filosofía individualista que subyace en el discurso de Matzkin.
La hipocresía del recaudador deudor
El Intendente se queja de lo que recauda, pero él mismo es deudor de tasas municipales y provinciales, del impuesto inmobiliario por ejemplo, por lo que carece de autoridad moral para hablar sobre el tema. Esta contradicción entre el discurso público y la conducta privada no es menor: ¿cómo puede exigir a los vecinos lo que él mismo no cumple?
Pero a mayores de ello, se refiere al dinero que percibe el Municipio en concepto de coparticipación federal y provincial, revelando una concepción profundamente egoísta del funcionamiento del Estado.
El ‘Dubai zarateño’: la fantasía del rico individualista
Al respecto, Matzkin afirma: ‘el municipio genera más riqueza que la que la provincia le da. Con las empresas que tiene, si el municipio pudiese recaudar como impuestos, seríamos Dubai con las empresas que tenemos, pero recibimos menos’.
Evidentemente Matzkin desconoce el concepto básico de los impuestos y por ende el principio solidario que rige la organización social en cualquier sistema democrático que se precie de tal. Si cada jurisdicción recibiera únicamente en función de lo que genera, el individualismo campearía por doquier y las desigualdades territoriales se profundizarían hasta niveles insostenibles.
Aplicando el concepto esgrimido hacia adentro del distrito cada barrio debería recibir en contraprestación de acuerdo a lo que aporta al erario municipal. Nos exime de más comentarios.
Fácil verlo así desde un barrio cerrado. Ya lo decía Rodríguez ‘desde un amable festín, se suele ver “combatir”’.
La peligrosa concepción anti-estatal
Más preocupante es que este concepto se vierta desde quien conduce los destinos del Ejecutivo municipal, porque el Estado debe estar para intentar equiparar esa balanza, para dar más a quienes menos tienen, para procurar colaborar a que se reduzca la diferencia de partida que marca la vida de cada ser humano.
Obviamente que Zárate recibirá menos que lo que produce, porque es uno de los distritos más ricos de la Provincia, por la misma razón que la Provincia de Buenos Aires también recibe menos que lo que genera a nivel nacional.
A nivel local es como si el barrio Centro se quejara de obras que se realicen en los barrios más necesitados.
Si así no fuera, lo que se generaría serían islas de alto crecimiento en medio de mares de restricciones cada vez mayores.
La incoherencia argumental: criticar lo que se practica
Lo más curioso es la incoherencia de su argumento, puesto que se vanagloria de, por ejemplo, de poseer escuelas deportivas municipales cuyo objetivo declarado es contener a los más desfavorecidos y procurar darles herramientas para valerse mejor a futuro. Es decir, él con esta política hace lo que critica en el gobierno provincial: redistribuir recursos para generar oportunidades más equitativas.
Esto es lo que hacen todos los gobiernos conscientes de su responsabilidad social, puesto que la solidaridad es un valor básico en la construcción política sea en el ámbito que sea. Criticar el principio redistributivo mientras se lo aplica en el ámbito local revela una profunda contradicción conceptual o, peor aún, una calculada demagogia política.
El hilo conductor: el individualismo como política de Estado
¿Y qué tienen en común ambos temas? Ambos ponen sobre el tapete la solución individual, el salvarse solo, el sálvese quien pueda como filosofía de gestión pública. Esta concepción atomizada de la sociedad resulta funcional a un modelo donde cada uno debe resolver sus problemas sin esperar nada del Estado.
El espectáculo de la solidaridad privada
Quizás por ello, en lugar de poner el Municipio al servicio de los vecinos, por ejemplo ante las inundaciones producto de las grandes tormentas que últimamente azotaron Zárate, todo se resumió a recolectar lo que otros donaban para repartirlo en bolsas propias, apropiándose de la solidaridad ajena para hacer marketing político barato. Berreta, muy berreta.
Mientras tanto, pasear con zapatillitas blancas por las calles inundadas se convirtió en la imagen paradigmática de una gestión que prefiere la pose mediática por sobre las soluciones estructurales. Otros se hundían en el agua y el barro, pero la foto estaba asegurada.
¿La propuesta? Individualismo puro
La propuesta que subyace en el discurso de Matzkin es clara: individualismo extremo. ¿No tengo seguridad? Justicia por mano propia. ¿No recibo lo que genero? Quejarme para exigir recibir más, sin importar lo que pase con el resto de mis vecinos.
No es por ahí. No se construye así una comunidad ni se consolida una sociedad que debe sostenerse sobre lazos solidarios que hagan de la construcción en común el objetivo compartido de todos sus integrantes.
Las consecuencias de un discurso peligroso
El deterioro del tejido social
Cuando un intendente municipal avala públicamente la justicia por mano propia, está enviando un mensaje extremadamente peligroso a la sociedad. Ya hemos visto casos recientes en La Matanza donde vecinos ataron con sogas a un presunto ladrón y lo arrastraron con una camioneta por 100 metros, evidenciando cómo el discurso de la violencia privada genera imitación y escalada.
¿Es eso lo que queremos para Zárate? ¿Una sociedad donde cada ciudadano se convierte en actor, juez, jurado y verdugo? ¿Dónde el más fuerte impone su ley sobre el más débil?
El vaciamiento del Estado de Derecho
Al promover soluciones individuales por sobre las institucionales, Matzkin está vaciando de contenido al propio Estado que dice representar. Si cada uno debe resolver sus problemas por su cuenta, ¿para qué sirve entonces la gestión municipal? ¿Para repartir bolsas con donaciones ajenas y sacarse fotos en las inundaciones? ¿O para mostrar la imagen de desgobierno que hoy sostienen?
La responsabilidad del liderazgo político
Un líder político tiene la responsabilidad de construir consenso social, de promover la convivencia pacífica, de fortalecer las instituciones democráticas. Cuando desde la máxima magistratura municipal se promueve el ‘sálvese quien pueda’, se está erosionando los cimientos sobre los cuales se asienta cualquier proyecto de comunidad organizada.
Una reflexión final: el Zárate que queremos
La propia gestión de Matzkin es duramente cuestionada por ‘ir atrás de los problemas’, no atender las demandas vecinales y no estar a la altura de lo que Zárate necesita. En febrero de 2025, anunció un Plan de Ampliación de Seguridad y Protección Ciudadana, una iniciativa que ha reforzado la percepción de que las prioridades de su administración no incluyen la prevención de desastres, como las inundaciones que sistemáticamente afectan a los vecinos.
El discurso de Matzkin no es casual. Responde a una concepción ideológica que privilegia lo individual por sobre lo colectivo, que debilita al Estado para justificar su propia inoperancia, que promueve la violencia privada para eludir su responsabilidad en materia de seguridad pública.
Zárate merece estar mejor. Merece un intendente que entienda que la política es la herramienta para construir una sociedad más justa, más segura, más solidaria. No un vocero del individualismo extremo que avala la violencia y promueve el ‘sálvese quien pueda’ como modelo de convivencia.
La política debe servir para unir, no para dividir. Para fortalecer el tejido social, no para desgarrarlo. Para construir en común, no para promover el egoísmo individual.
Es hora de que los zarateños reflexionen: ¿es este el modelo de Municipio que queremos? ¿Es esta la clase de liderazgo que nos merecemos?
Las respuestas las conocemos. Las soluciones también. Pero las autoridades hacen la plancha.
‘Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copias a sus amigos: nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad. Derrote el terror. Haga circular esta información’.
RODOLFO WALSH – AGENCIA CLANDESTINA DE NOTICIAS
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