El mensaje contundente de las urnas
El pasado domingo 8 de septiembre, los zarateños enviaron un mensaje cristalino al intendente Marcelo Matzkin: la lista respaldada por el jefe comunal sufrió una durísima derrota, quedando en segundo lugar con apenas el 32,97% de los votos, mientras que Fuerza Patria se impuso con casi el 40% de los sufragios. Este resultado no fue casual ni producto únicamente de la polarización nacional, sino la consecuencia directa de veintiún meses de gestión cuestionable y opaca.
Obviamente que un revés electoral no puede significar un cambio de 180° en el accionar gubernamental, puesto que eso significaría que no se hace lo que se cree sino lo que genera rédito electoral y eso no está bien, pero sí debiera provocar el ajuste de ciertas cuestiones en lo que se está haciendo porque evidentemente no se hace todo lo bien que los vecinos esperan.
La negación de la realidad
A diferencia de lo que mencionó el Intendente Matzkin tras los comicios, cuando intentó minimizar la derrota argumentando que se trató de un voto nacional sin componente local, estamos convencidos que sí hubo un componente local importante en el voto del pasado domingo, y estuvo fuertemente condicionado por la mala gestión durante los primeros veintiún meses de gobierno.
Esta negación de la realidad es sintomática de una administración que prefiere la autocomplacencia antes que el autocrítica. Los números hablan por sí solos: Zárate es de los pocos distritos gobernados por el PRO en los que el oficialismo municipal perdió, lo que demuestra que la ciudadanía zarateña evaluó la gestión local y la encontró deficiente.
Sergio Agostinelli: el símbolo de la ineficiencia costosa
El proceder de Sergio Agostinelli, Secretario de Obras, Mantenimiento y Servicios Públicos, es de los más cuestionados por las ciudadanía puesto que se gasta muchísimo dinero y no se ven mejoras sustanciales concretas. Y por si esto fuera poco, el proceder es sumamente opaco y oscuro, lo cual no ayuda a confiar en su accionar.
Lo dijimos el lunes tras las elecciones: el Intendente debiera oxigenar su gabinete demostrando haber escuchado a los ciudadanos, y Agostinelli debiera ser uno de los primeros en ser despedidos. Sin embargo, Matzkin eligió profundizar este modelo de gestión cuestionado y cuestionable, enviando una señal preocupante sobre su capacidad de lectura política y su compromiso real con el cambio.
La respuesta post-electoral: más de lo mismo
En el primer Boletín Oficial publicado tras los comicios se incluyó el Decreto N° 443/25 que es, a la sazón, el primer Decreto firmado por Matzkin tras las elecciones y elige hacerlo con el citado Agostinelli, lo cual dice mucho sobre las prioridades y la mentalidad del intendente.
Un caso paradigmático: el Decreto 443/25 y sus curiosidades
Contratación Directa y Amiguismo Empresarial
El texto en cuestión valida ‘la contratación a celebrar con el Sr. GOMEZ MANUEL (D.N.I. N° 28.714.219) para la realización de obra pública, por medio de la firma de un contrato de ‘Extracción de árboles y Reparación de veredas’’ y se sustenta ‘en relación a la peligrosidad que representa una posible caída de la arboleda pública ubicada en calle Andrade N° 230, Rivadavia N° 441 y Esmeralda N° 927 de la ciudad’.
De más está decir que la contratación es directa y que la empresa contratada es una vieja conocida de Agostinelli puesto que es la misma a la que, también por contratación directa, le dieron el mantenimiento de algunos espacios verdes del Distrito gracias a su experiencia previa… alquilar vallas para desfiles.
Este patrón de contrataciones directas a empresas sin la experiencia técnica requerida evidencia un sistema de favoritismo que perjudica tanto la calidad de las obras como al erario público.
La incompetencia administrativa admitida
Pero además el texto tiene la curiosidad de tener entre sus considerandos: ‘Que, se solicitó a la Subsecretaría de Mantenimiento y Servicios Públicos, que informe acerca que, si cuenta con la capacidad operativa para realizar dichas tareas, lo cual recibió una respuesta negativa’.
Aquí surge una pregunta fundamental: ¿a qué se dedica el Jefe de la División de Poda y Desmonte Walter Hereñú si cuando solicitan una poda dicen no tener la capacidad operativa para hacerlo? Esta admisión de incompetencia operativa en áreas básicas del funcionamiento municipal es inadmisible y demuestra una desorganización estructural más que preocupante.
El escándalo de las direcciones inexistentes
Sin embargo, lo más llamativo es lo relativo a los lugares en los que se dice se realizarán los trabajos: ‘Andrade N° 230, Rivadavia N° 441 y Esmeralda N° 927 de la ciudad’.
Tras una verificación elemental, pudimos constatar que:
- En Rivadavia N° 441 hay efectivamente un árbol añoso que, hasta para legos como nosotros, aparece como un riesgo
- En la calle Esmeralda N° 927 no hay ningún árbol
- La dirección de Andrade N° 230 no existe
33% de efectividad: el balance demoledor
33% de efectividad. Es decir que de las tres obras planteadas hay dos de dudosa certidumbre. ¿Será un nuevo error? Esta cifra es devastadoramente simbólica de una gestión que falla en dos de cada tres intentos, que gasta recursos públicos en direcciones inexistentes y que mantiene estructuras administrativas que admiten su propia incompetencia.
Este nivel de ineficiencia no es solo un problema administrativo, es un insulto a los honestos contribuyentes zarateños que financian con sus impuestos una gestión que no puede ni siquiera verificar las direcciones donde pretende trabajar.
El problema de la opacidad: la transparencia como slogan vacío
Gran parte de estos problemas se eliminarían si los autoproclamados campeones de la transparencia realmente transparentaran la gestión e hicieran públicos los expedientes… aunque eso quizás genere el fin de ciertos negocios turbios.
La falta de transparencia no es accidental, es sistemática y deliberada. Permite que se perpetúen las contrataciones directas, que se asignen obras a empresas sin experiencia técnica, y que se mantenga un círculo vicioso de amiguismo y favoritismo político que beneficia a pocos y perjudica a la mayoría.
La complicidad del Concejo Deliberante: el silencio ensordecedor
Esto que nosotros vemos… ¿no lo ven los concejales? ¿Eligen cerrar los ojos para no verlo? ¿O directamente Se hacen los boludos?
El Concejo Deliberante de Zárate se ha convertido en un ente decorativo, un organismo que abdica de su función de control y se transforma en cómplice silencioso de una gestión deficiente.
Los concejales, tanto oficialistas como opositores, tienen la obligación constitucional de ejercer el control de legalidad sobre los actos del Ejecutivo. Sin embargo, pareciera que han optado por una actitud pasiva y complaciente que permite que se perpetúen estas irregularidades.
El control que no controla
¿Dónde están las citaciones a Agostinelli para que explique las contrataciones directas? ¿Dónde están los pedidos de informes sobre la efectividad de las obras? ¿Dónde está la auditoría sobre el cumplimiento de los contratos?
El silencio del Concejo no es neutralidad, es complicidad activa con un sistema de gestión que desprecia el dinero público y la confianza ciudadana.
El costo político y social de la ineficiencia
La gestión Matzkin-Agostinelli no solo fracasa en términos administrativos, sino que genera un costo político y social elevadísimo. Cada contratación irregular, cada dirección inexistente, cada peso mal gastado, contribuye a la desconfianza ciudadana en las instituciones democráticas y alimenta el hartazgo social.
Los zarateños no solo merecen que se gaste bien su dinero, merecen una gestión que respete su inteligencia y no los tome por ignorantes. Merecen funcionarios que sepan las direcciones de las calles donde pretenden trabajar y un Concejo que cumpla con su función de control.
¿Hasta Cuándo?
¿Hasta cuándo tendrán que aguantar los zarateños a esta banda de incompetentes e inútiles en el gobierno municipal? Esta no es solo una pregunta retórica, es un llamado a la reflexión política profunda sobre el funcionamiento de nuestras instituciones locales.
El mensaje de las urnas del 7 de septiembre fue claro y contundente. Los ciudadanos zarateños dijeron ‘basta’ a una gestión que prometía cambio y entregó más de lo mismo, copia del caffarismo. Los ciudadanos dijeron ‘no’ a la opacidad, al amiguismo y a la incompetencia disfrazada de gestión moderna.
La encrucijada institucional
Zárate se encuentra en una encrucijada institucional. Por un lado, un Ejecutivo que ignora los mensajes electorales y profundiza un modelo de gestión fracasado. Por el otro, un Concejo que abdica de sus responsabilidades de control y se transforma en comparsa de la mediocridad.
En este contexto, la ciudadanía organizada emerge como el único actor capaz de exigir la transparencia y la eficiencia que las instituciones formales han abandonado. Los zarateños no pueden resignarse a ser espectadores pasivos de su propio deterioro municipal.
El imperativo del cambio
La gestión municipal de Zárate no necesita ajustes menores, necesita una transformación radical en sus métodos, en su personal y en su filosofía de gestión pública. Se trata de cumplir las normas y ser claros en los procedimientos y decisiones. Los ciudadanos zarateños han demostrado en las urnas que no están dispuestos a tolerar más improvisación, más opacidad y más desprecio hacia sus recursos.
El 33% de efectividad del Decreto 443/25 es solo la punta del iceberg de una crisis de gestión más profunda que requiere respuestas urgentes y contundentes. Matzkin tiene la oportunidad histórica de escuchar el mensaje ciudadano y cambiar de rumbo.
Si elige continuar por el mismo camino, los zarateños sabrán qué hacer en las próximas elecciones.
‘Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copias a sus amigos: nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad. Derrote el terror. Haga circular esta información’.
RODOLFO WALSH – AGENCIA CLANDESTINA DE NOTICIAS
