La vieja consigna de los años ’40, ‘alpargatas sí, libros no’, no murió: se recicló. Cambió de pared descascarada a feed de Instagram. Antes era un grito pintado por los que reclamaban un lugar en la mesa; hoy es la filosofía no escrita de más de un intendente que prefieren repartir dádivas rápidas antes que animarse a debatir un presupuesto en serio.
Hoy la consigna es ‘pelotas sí, libros no’.
Además, la consigna mutó: hoy no es ‘alpargatas’, es ‘likes’. No es ‘libros’, es ‘críticas’. Antes se elegía entre cultura popular y universidad; ahora se elige entre una emisión en vivo en redes lleno de corazoncitos y una ciudadanía que pregunta por qué se pagan bonificaciones ilegales o licitaciones infladas. ¿Y adiviná qué eligen siempre? Exacto: el camino corto, el que no molesta.
La lógica del embrutecimiento sistemático
Y es que la lógica de fondo sigue siendo la misma: cuanto menos piense la gente, mejor. Porque un pueblo que piensa empieza a unir cabos, a cuestionar: que los subsidios no tienen trazabilidad, que los concejales aprueban a libro cerrado, que los fondos se evaporan sin control. Y ahí sí que se complica la selfie feliz.
La verdad es que ‘alpargatas sí, libros no’ nunca fue solo una frase de época. Es una manera de gobernar. Antes se escribía con tiza en una pared; hoy se escribe en los expedientes del municipio, en cada partida inflada, en cada prioridad torcida. Y mientras tanto, los libros siguen esperando, juntando polvo, como si fueran un lujo inútil… cuando en realidad son la única herramienta que podría cambiar las reglas del juego. Pero, ¿a quién le interesa?
El caso emblemático: cuando la imagen vale más que la educación
Ayer se esperaba una nueva tormenta épica, por ello en la mañana de aquel día las escuelas del Distrito recibieron un correo en el que se comunicaba la suspensión de clases durante el turno tarde. Dadas las consecuencias de la gran tormenta anterior, esto podía resultar previsible, lo que no era previsible es que mientras esto ocurría la Secretaria de Deporte y Recreación, y candidata mileísta a ser concejal como es ahora, pero sin serlo, promocionaba en las redes sociales que había un entrenamiento abierto para las escuelas en la tarde del martes en el Polideportivo.
Sí, no se podía dictar clases dada la situación climática, pero sí se podía hacer una práctica abierta de voley en el Polideportivo para recreación de los escolares, pese a la situación climática.
Parece un chiste pero es la triste realidad.
Instagram versus educación: las verdaderas prioridades del poder
La cuestión es que la actividad deportiva es instagrameable, mientras que la educativa no, y en plena campaña electoral lo que necesitan es mostrar cosas en las redes, se hagan o no, no cambiar la realidad. Esta política del ‘parecer antes que ser’ no es casual: responde a una estrategia deliberada de priorizar lo mediático por encima de lo sustancial.
Mientras a los niños de Zárate le suspendían las clases Rodríguez Schatz los invitaba a participar del entrenamiento abierto de la selección argentina de vóley, porque la prioridad es lo que se muestra. El contraste es brutal: por un lado, una decisión educativa responsable ante el mal tiempo; por el otro, una decisión deportiva irresponsable que expone a los mismos chicos que supuestamente se proponían proteger.
Mientras el pueblo se inunda, el poder se divierte
Mientras el Barrio Irigoyen, el Barrio El Gauchito, el Barrio 6 de agosto se inundaban, una vez más y Sergio Agostinelli se dedicaba a hacer posteos en las redes, la Secretaria Rodriguez Schatz estaba codeándose con los jugadores de la selección nacional de vóley en el Polideportivo. Esta imagen resume con crudeza el estado actual de la política zarateña: funcionarios que viven en una burbuja mediática mientras los vecinos padecen las consecuencias de una gestión que no planifica, que no progama, que no previene, que solo reacciona y muchas veces mal ante los hechos consumados.
Están claras las prioridades del gobierno municipal. No son los niños zarateños, no son los vecinos zarateños, son sus propios intereses y su campaña electoral. Cada decisión se mide en términos de rédito político inmediato, no de beneficio social a largo plazo.
El Concejo Deliberante: cómplice silencioso de la mediocridad
En este panorama desolador, el Concejo Deliberante zarateño juega el papel que más le gusta, el de cómplice silencioso. Mientras la gestión Matzkin despliega sus shows mediáticos y sus prioridades torcidas, los concejales permanecen mudos, ausentes del debate que la ciudadanía necesita. Como señalamos en reiteradas oportunidades, se observa una tendencia sistemática donde ‘el Concejo aplaude’ decisiones cuestionables del Ejecutivo, evidenciando una falta absoluta de control democrático y discusión crítica. Muchas veces se aprueba sin leer porque lo envía o hace el Ejecutivo.
Los 20 concejales que componen este órgano deliberativo parecen haber olvidado su función de contrapeso institucional. En lugar de fiscalizar, de preguntar, de exigir explicaciones sobre las irregularidades en el gasto público, se conforman con ser testigos mudos de una gestión que privilegia el marketing político por sobre las necesidades reales de los zarateños.
De hecho mientras esto ocurría en Zárate el Concejo Deliberante sesionaba para aprobar los proyectos que envió el Intendente y, para disimular, un proyecto de Resolución. Da vergüenza ajena ver el Orden del Día del Concejo, no tenían en tratamiento ningún proyecto con despacho de Comisión, lo cual expresa muy claramente la falta de trabajo de los concejales. Era solo hacer de partenaire del Ejecutivo previo acting de cuarto intermedio para ‘analizar y debatir’ los proyectos en cuestión.
Solo les interesa pasar por caja a fin de mes.
La herencia del marketing político: de Cáffaro a Matzkin
El triunfo electoral de Marcelo Matzkin en 2023, representaba para muchos vecinos la esperanza de un cambio después de los años nefastos de la gestión de Osvaldo Cáffaro. Sin embargo, el cambio de collar no implicó un cambio de perro.
La nueva gestión ha demostrado que puede ser incluso más hábil en el arte del espectáculo político, pero igualmente deficiente en la gestión de los problemas estructurales del distrito. Las mismas prácticas, los mismos vicios, solo que ahora con mejor producción audiovisual.
Ochenta años después: la continuidad del proyecto antipopular
Ochenta años después cambió la consigna, hoy es pelotas sí, libros no, pero el objetivo es el mismo: embrutecer a la población, porque un pueblo educado es más cuestionador y difícil de manejar. Y en Zárate, este proyecto parece estar funcionando a la perfección.
Cada suspensión de clases por precaución seguida de cada evento deportivo con marketing es una pequeña victoria del proyecto embrutecedor. Cada sesión del Concejo donde se aprueban gastos y proyectos sin debate es otra victoria. Cada medio que calla ante las irregularidades es otra victoria más.
La ciudadanía pierde por goleada.
La responsabilidad del periodismo independiente
En este contexto tenemos la obligación de quebrar el cerco informativo que el poder local intenta imponer con el pago de dádivas y pautas publicitarias. Sin esta voz crítica, sin esta mirada incómoda para el poder, la oscuridad sería total.
El terrorismo informativo del que hablaba Rodolfo Walsh no se construye solo con la violencia física, sino también con el silencio cómplice, la autocensura, la renuncia a preguntar lo que incomoda. Zárate necesita más voces que pregunten, que molesten, que no se conformen con el relato oficial.
El futuro que viene: entre la resignación y la resistencia
Mientras los libros juntan polvo y las pelotas rebotan en los gimnasios, Zárate se debate entre dos futuros posibles: la resignación ante un modelo de gestión que privilegia la imagen sobre la sustancia, o la resistencia ciudadana que exija transparencia, debate y políticas públicas serias.
La próxima vez que vean a un funcionario suspendiendo clases pero habilitando eventos deportivos, la próxima vez que vean al Concejo aplaudiendo sin preguntar, la próxima vez que vean recursos públicos destinados a marketing antes que a soluciones reales, recuerden: no es casualidad, es la consigna.
‘Pelotas sí, libros no’ no es solo una frase: es un programa de gobierno. Y como todo programa, puede ser cambiado. Solo si los zarateños deciden decir basta de espectáculo que es hora de exigir gobierno.
La educación no se puede postergar indefinidamente en favor del marketing.
Los libros siempre vencen a las pelotas cuando el pueblo decide que es hora de pensar.
‘Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copias a sus amigos: nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad. Derrote el terror. Haga circular esta información’.
RODOLFO WALSH – AGENCIA CLANDESTINA DE NOTICIAS

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