(Y no parece tener mapa ni brújula)
El radicalismo zarateño: del Ateneo al hall del Municipio
Alguna vez -hace mucho, cuando los comités tenían olor a café batido y no a expediente húmedo-, la UCR de Zárate fue una usina de debate, de cuadros políticos, de esos que discutían hasta por el tono del himno. Hoy, en Zárate, lo que queda es poco más que un cartel con letras descascaradas, un comité con las persianas bajas y una dirigencia que mira para otro lado mientras negocia ‘todo lo que se puede’.
Porque esa es la consigna que rige hace rato: “hacemos lo que se puede… mientras haya algo que rascar.”
En 2023, un sector de la UCR -encabezado por María Elena Gallea y amparado en el novel Ateneo Arturo Illia– encontró en el PRO local algo más que un socio electoral. Encontró un refugio cómodo. Un pasadizo directo al poder sin necesidad de andar peleando internas. ¿Para qué militar si se puede negociar?
La jugada fue simple y efectiva: a cambio de un lugar en la lista para Gallea como candidata a concejal, el PRO mostraba amplitud y podía recoger algunos votos de afiliados radicales descontentos con el funcionamiento partidario, que bajo la férrea mano de Sandra Paris, había negado la discusión, el debate y el propio funcionamiento orgánico.
Cuando los acuerdos vienen con moño y con manual de obediencia
Claro que el acuerdo tenía letra chica. No escrita, pero sí entendida. Algo así como: ‘te abrimos la puerta, pero venís con la cabeza gacha’. Y lo cumplió. De entrada, sin chistar. Así fue como Gallea llegó a la presidencia del Comité Radical local, con el impulso invisible de recursos oficiales y el respaldo discreto del poder que ya gobierna.
Hasta ahí, todo bien. Al menos para ella. Pero ahora… ahora la cosa se complica.
De afiliada díscola a presidente incómoda
Porque una cosa es entrar al juego como ‘outsider’ partidaria. Y otra muy distinta es ser la autoridad institucional del radicalismo local. Ahora, Gallea no puede mirar para otro lado. Es, en términos formales, la que debe defender la organicidad del partido, las decisiones provinciales, y esa cosa antigua llamada ‘línea política’.
Y la verdad es que se le viene la noche.
Porque mientras el Comité Provincia de la UCR lanza con bombos y platillos la construcción de #SomosBuenosAires -una coalición que promete amplitud, sensatez y distancia de los extremos-, acá en Zárate el radicalismo sigue durmiendo en el sillón de Marcelo Matzkin, cuyo acuerdo con La Libertad Avanza es ya un hecho consumado.
Sí, leyeron bien: la UCR provincial quiere alejarse del extremismo… y en Zárate sus dirigentes duermen la siesta entre libertarios, caffaristas reciclados y militantes del PRO. Un cambalache que ni Discépolo imaginó.
Milei como límite (hasta que hay un cargo de por medio)
Gallea alguna vez dijo que su límite era Milei. Pero, claro, los límites en política son como los conos naranjas en una obra vial: están ahí, pero se corren si viene alguien con sirena y cara de importante.
Y es que la tentación del poder tiene esa capacidad mágica: vuelve borrosas las convicciones, flexibiliza la memoria y convierte principios innegociables en anécdotas de sobremesa.
El intendente Matzkin ya fue clarito: más allá del resultado electoral, los cargos están garantizados para todos los aliados. Afiliados radicales, PRO, mileístas, independientes… incluso para algún que otro sobreviviente caffarista que ahora se pasea por el palacio municipal con aires renovados.
¿Y entonces? ¿Qué puede hacer la UCR local?
Veamos. Hay cuatro caminos posibles. Todos complicados. Ninguno brillante.
🔹 Opción 1: Hacerse los distraídos
No presentar lista local de Somos Buenos Aires. Hacer silencio. Dejar ‘en libertad de acción’ a los afiliados, como quien dice ‘nos lavamos las manos y que dios reparta’. El problema es que, si un puñado de afiliados decide presentar lista igual, la farsa se cae como castillo de naipes.
🔹 Opción 2: La doble jugada (versión zarateña)
Presentar una lista propia, hablar de la ética radical, de la República y la Constitución… y por abajo militar para la boleta de los libertarios. Ya lo hicieron. Más de una vez. Votaron con el oficialismo, avalaron expedientes dudosos, justificaron lo injustificable y hasta defendieron bonificaciones que olían a truchada. Por algo en la proclama de la UCR Somos Buenos Aires dice claramente ‘sin mirar al pasado’. Obviamente, no conviene.
No sería raro.
🔹 Opción 3: Romper todo y abrazar el violeta
La más brutal. Pero también la más honesta, si se quiere. Jugar abiertamente para Milei, meter candidatos radicales en las listas libertarias y terminar de convertir al Comité en una sucursal del Ministerio de Capital Humano. Sí, es escandaloso. Pero a esta altura… ¿a quién le sorprendería?
🔹 Opción 4: Hacer lo que se debe (sí, claro)
La opción que implica tener dignidad. Presentar lista dentro de Somos Buenos Aires, respetar las definiciones partidarias, cortar con la dependencia del Ejecutivo, volver a ser partido y no apéndice. ¿Posible? Técnicamente sí. ¿Probable? No. Es como que Gallea cite a Alem al hablar de la historia de la UCR.
El precio del silencio elegante
Lo que está en juego no es una elección. Es algo más profundo: el rol de la UCR en la vida política de Zárate.
Porque hoy por hoy, la UCR no construye nada. La UCR está desanclada de la realidad zarateña. Es un sello de goma que se basa en su antigüedad como partido político para seguir existiendo, como nombre y sin el antiguo arraigo en la sociedad.
Solo acompaña.
Es un partido satélite.
Un apéndice útil, funcional, bien portado.
El Comité dejó de ser una usina de ideas para convertirse en una sala de espera para futuros funcionarios.
Y mientras tanto, los vecinos… miran. Y toman nota.
Cambiaron las caras, no las prácticas
Ya lo dijimos muchas veces desde www.principedelmanicomio.ar: en Zárate no se trata solo de quién gobierna, sino de quiénes lo sostienen en silencio.
Los discursos de ‘renovación’ son solo eso: discursos.
Las prácticas son las mismas de siempre. En la práctica nada cambia, solo se trata de ser un poquito más prolijo que su antecesor. Y a veces ni siquiera eso, solo se fomenta un cambio de nombres.
Cambian los colores, los slogans, los logos. Pero el fondo es igual. ¿O acaso no es afiliada radical la que vota sin discusión partidaria previa? ¿No es afiliado radical el que se calla cuando el oficialismo reparte subsidios sin criterio y sin control? ¿No son afiliados radicales los que se acomodan según sople el viento?
¿Serán radicales o solo afiliados a la UCR y antiperonistas?
Ya no alcanza con recordar a Alem, ni con colgar la boina en la pared.
Hay que actuar.
Y actuar no es acompañar en silencio, ni negociar lugares a cambio de docilidad.
Porque como decía ese viejo dirigente -que probablemente hoy no tendría lugar en el Comité-: ‘En política, como en la vida, se hace lo que se debe. Y cuando lo que se puede hacer es malo… no se hace nada.’
Y sin embargo, acá se hace de todo. Menos lo que se debe.
La Unión Cívica Radical de Zárate está ante una encrucijada, de como lo resuelva podrán salir las líneas del futuro del Partido, que hace ya mucho tiempo perdió su norte y se guía por intereses personales de quienes lo lideran, real o fácticamente, y la claque que los rodea cirucunstancialmente.
Hoy se pagan las consecuencias de esas políticas.
Cambiaron los nombres pero no las prácticas.
¿Cambiarán?
¿Serán Radicales?
‘Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copias a sus amigos: nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad. Derrote el terror. Haga circular esta información’.
RODOLFO WALSH – AGENCIA CLANDESTINA DE NOTICIAS
