Según la Clínica Mayo ‘el trastorno bipolar, antes denominado «depresión maníaca», es una enfermedad mental que causa cambios extremos en el estado de ánimo que comprenden altos emocionales (manía o hipomanía) y bajos emocionales (depresión)’, y bien podríamos asimilar este concepto a la política municipal de cara al COVID-19.
Pretendiéndose comportar como el mejor alumno de la clase en cada paso que daba, el gobierno local buscó ser el más policíaco de los Estados a la hora de controlar el cumplimiento del aislamiento cuando los casos eran pocos, al punto de decidir colocar empleados municipales para que cual vigilantes, pidieran información de los vecinos y vigilaran como en plena dictadura militar si concurrían donde habían declarado concurrir. De hecho, el Intendente firmó el Decreto 254 con fecha 3 de abril, y conocido el 22 de junio por algunos concejales, en el que facultaba ‘a partir del 1 de abril del corriente año, a todos los funcionarios que prestan servicio para la Municipalidad de Zárate, a ejercer funciones de inspección con competencia multidisciplinaria, con atribuciones para controlar, fiscalizar y/o inspeccionar, realizar revisiones de rutina, tendientes a verificar el cumplimiento de las normas vigentes, y, en caso de constatar contravenciones, labrar las actas de infracción que correspondan’.
Sí, el 3 de abril autorizaba a hacer cosas que se venían haciendo de manera ilegal desde tiempo antes, y lo explicita en un decreto. Increíble. Es increíble que el Concejo Deliberante haga la claque sin siquiera sonrojarse por incumplir su tarea básica, que es la de controlar el accionar del Departamento Ejecutivo municipal. Pareciera que con haber aprobado el decreto de emergencia sanitaria el Concejo Deliberante se despreocupó de lo que ocurre en el Distrito y a partir de entonces no hizo nada, con la única salvedad de la aprobación de la Rendición de Cuentas, que ya deberán explicar ante el Tribunal de Cuentas lo realizado.
Así entonces, con funcionarios haciendo de vigilantes, con la implementación de una aplicación foránea que poco tiene que ver con la realidad zarateña, el gobierno local fue transitando la primera etapa del aislamiento, teniendo como cobertura legal el Decreto provincial que mencionaba que Zárate era parte del AMBA, y en consecuencia realizaba acciones que más tenían que ver con el primer cordón del conurbano que con la cotidianeidad local.
Pero todo comenzó a cambiar cuando se excluyó a Zárate, junto a otros distritos, del citado AMBA, y se le reconoció características de semi ruralidad. Tras esto, los números diarios locales comenzaron a cambiar y a tomar un rumbo diferente de lo informado por las autoridades nacionales. Pese al cambio, la política local se mantuvo incólume pretendiendo implementar el sistema no nato ZáraTE Cuida, pidiendo protocolos a los comerciantes (luego devenido en protocolos de grupos de comerciantes) e impidiendo el funcionamiento de actividades autorizadas por el gobierno provincial y que en Zárate ‘desconocían’ (guiño guiño) su habilitación.
Sin embargo todo cambió tras el anuncio de la ‘cuarentena intermitente’, puesto que el gobierno local sintió que le soltaron las manos y, muy a su pesar, cambiaban de fase al Municipio y lo ‘obligaban’ a abrir actividades que hasta ahora aparecían vedadas y que, claramente, el gobierno local no tenía ningún interés en abrir. Nota al margen, entre las actividades que comienzan a funcionar ¿Se encuentra el Concejo Deliberante o para eso habrá que seguir esperando?
Con el cambio provincial llegó el cambio municipal. Tras la manía inicial de pretender controlar todo como en un Estado policial, la actitud municipal mutó hacia una pasividad impresionante. Se habilitaron bares y restaurantes que nadie controló si cumplían la normativa vigente, ni siquiera los funcionarios habilitados por el Decreto 254. Se prohibió ‘la permanencia en parques y espacios verdes, así también como la utilización de juegos y la práctica de deportes’ puesto que no estaban habilitados los espacios verdes como el Parque Urbano, Paseo de la Ribera, Velódromo, plazas, etc., pero nadie se preocupó en garantizar que eso efectivamente sea así. De hecho fue mucha la gente que se acercó a caminar a la Costanera y familias enteras las que se congregaron en el viejo cañadón del Urquiza. La realidad es que si no hay control cada uno hace lo que mejor le parece.
Tras el mensaje del Intendente Municipal en el que mencionaba su labor cuidando a la ciudadanía y su pedido de responsabilidad ciudadana, y pese a mencionar que el Estado seguiría estando presente, pareciera que el Municipio está procurando un crecimiento en el número de casos positivos, aunque después no se condiga con la información oficial, que permita forzar un retroceso en la siguiente fase. Para que tras esta etapa de depresión municipal, vuelva la manía por el control.
Mientras tanto, las calles siguen rotas y la inseguridad campea por todo el Distrito. Desaparecen vecinos, y aparecen muertos. Pero el COVID-19 tapa todo y nadie explica nada.
¿Cuántas más cosas estarán pasando en lo público mientras nos circunscriben a lo privado? ¿Con qué sorpresas nos encontraremos cuando todo esto pase?
No es la bipolaridad caffarista el camino a seguir. Tampoco lo son los grises, porque como decía Coti, ‘por el camino de los grises se va a ningún lado… si ya no quedan más colores habrá que inventarlos’.
