Corría el año 1993 y por fin llegaba un gran momento en mi vida, iba a votar por primera vez. Para quien siempre se sintió atraído por la política, desde un tiempo atrás militaba orgánicamente en la Unión Cívica Radical y había empezado a estudiar Ciencia Política, era un momento de euforia, bien podríamos decir que, así como a algunos le generaban éxtasis las cajas de metal que se llenan de dólares, a mí me lo generaba las cajas de cartón que se llenan con votos.
Por aquel entonces militaba en la Juventud Radical y nuestro candidato a Primer Diputado Nacional era Federico Storani, quien se enfrentaba a Alberto Pierri, quien era candidato por el peronismo.
Aprovechando el clima que había generado entre los jóvenes el estreno de la película Tango Feroz, desde la Juventud Radical encaramos la campaña con una frase de la película, ‘No todo se compra, no todo se vende’.
En términos personales, y a mi juicio como sociedad también, el golpe fue duro. El peronismo ganó por 23 puntos de diferencia sobre el radicalismo y, por si fuera poco, en tercer lugar y habiendo logrado ingresar legisladores a la Cámara de Diputados, finalizó el golpista y antidemocrático Movimiento por la Dignidad y la Independencia.
Muchos fueron los aprendizajes de esas elecciones, pero hay uno que aunque con un razonamiento lineal y poco ortodoxo fue el más concreto en mis juveniles 18 años, si nosotros decíamos que ‘No todo se compra, no todo se vende’ y perdimos por 23 puntos, significa que para la mayoría de la sociedad todo se compra y todo se vende.
Con el paso del tiempo fui matizando esta apreciación, pero solo un poco. Sigo convencido que para gran parte de la sociedad casi todo se compra y se vende, y la diferencia es que faltan financistas, como dijera Ricardo Darín en la película Nueve Reinas.
¿Y a qué viene este recuerdo 27 años después? A que días atrás comenzó a circular una versión de que un vecino zarateño tuvo que pagar más de $70.000 por la transfusión de plasma para su tratamiento contra el COVID-19 en una clínica zarateña.
No escribimos sobre el tema porque no teníamos la documentación que lo acreditara, y esa es una de las premisas que respetamos a rajatabla, y por supuesto la otra es proteger las fuentes.
Pero todo cambió ayer en la tarde. Nos hicieron llegar lo que parece ser un recibo por dicho tratamiento por un monto de $74.778.
Dada la gravedad del asunto intentamos contactar a los supuestamente involucrados pero no obtuvimos respuesta por privado por lo que hacemos públicas las consultas.
¿Este es un recibo oficial de la Clínica?
¿Es real que se cobra $74.778 por un tratamiento de plasma?
¿Este tratamiento correspondió a un paciente infectado por COVID-19?
Si es así, ¿no estaría incumpliendo el artículo 4 de la ‘Ley de Sangre’ que estipula ‘Prohíbese la intermediación comercial y el lucro en la obtención, clasificación, preparación, fraccionamiento, producción, almacenamiento, conservación, distribución, suministro, transporte, actos transfusionales, importación y exportación y toda forma de aprovechamiento de la sangre humana, sus componentes y derivados’?
¿Las autoridades sanitarias están en conocimiento de esta situación? ¿Se ha iniciado alguna investigación sobre el caso?
En una situación grave como la que vivimos se debe tomar al toro por las astas y cortar el rumor, si se trata sólo de un rumor, o accionar legalmente como corresponde si no lo es.
En tiempos de tanta incertidumbre es necesario generar certezas.
Demostremos como sociedad que no todo se compra, que no todo se vende.


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