“Nunca he participado de esa idea de que en política se hace lo que se puede y no lo que se quiere. Para mí hay una tercera fórmula que es la verdadera. En política, como en todo, se hace lo que se debe, y cuando lo que se puede hacer es malo, ¡no se hace nada!”
Leandro Alem está a la altura de las grandes figuras de la política nacional y si bien no ocupó cargos ejecutivos, en un país tan adepto a reconocer figuras personales, nadie duda que su accionar marcó claramente la historia de nuestro país.
Nació en Buenos Aires en 1842 y su espíritu fue marcado desde pequeño puesto que su padre murió ahorcado por pertenecer a las fuerzas rosistas de la Mazorca, así pues, y buscando diferenciarse cambia su apellido originario Alen, por Alem.
Tras recibirse de abogado luego de participar como voluntario en la Guerra del Paraguay, se dedica a defender a los más desfavorecidos, y comienza a participar en política en el seno del Partido Autonomista comandado por Adolfo Alsina, por el cual es elegido legislador provincial y nacional.
Sin embargo, tras el acuerdo del Partido Autonomista con el Partido Nacional comandado por Bartolomé Mitre, que da lugar al surgimiento del Partido Autonomista Nacional, y tras una breve participación interna como opositor a este acuerdo, decide, junto a otros dirigentes, fundar el Partido Republicano.
Este acuerdo no tuvo larga duración y, tras su ruptura, el Partido Republicano desparece y Alem regresa a las filas del Partido Autonomista, por el cual es electo Diputado Provincial en 1879 ocupando una banca de esta Honorable Cámara.
Es desde este sitio que se opone fuertemente al proyecto de federalización de la Ciudad de Buenos Aires y recordados son sus discursos que, por varios días, enjuiciaban el proyecto oficial de declaración de la Ciudad Capital de la República. Pese a éstos, que el tiempo demostró que se componían de hipótesis que más tarde se convirtieron en realidades, la postura de Alem fue minoritaria.
Entonces, tras ver que sus ideas eran derrotadas Leandro Alem decide retirarse de la política y dedicarse a su actividad profesional y no regresa a estas lides sino hacia 1889, que en el mitin del Jardín Florida se dirige a la juventud reunida exhortándola a organizarse y a participar activamente en las cuestiones públicas.
Esta juventud lo ve como un referente y decide reconocerlo como uno de los líderes de la Unión Cívica de la Juventud que se forma, aunque esto no se concretizará efectivamente hasta un año más tarde en que a los sectores juveniles se suman otros sectores y decide conformarse la Unión Cívica, de la cual el Dr. Leandro Alem es ungido como Presidente.
Desde esta posición Alem fustigó el gobierno de Juárez Celman y organizó una revolución procurando desplazarlo del poder. Así pues, el 26 julio de 1890 se desarrolla en inmediaciones de la Plaza Lavalle de la Ciudad de Buenos Aires la Revolución del Parque.
Por desaveniencias internas y traiciones personales, la revolución fracasa y es derrotada, pero como dijera el Senador por Córdoba Manuel Pizarro, “La revolución está vencida, pero el gobierno está muerto”. Y así fue, puesto que tras su sofocamiento el presidente Juárez Celman decide renunciar a la Presidencia, asumiendo en su lugar el vicepresidente Carlos Pellegrini.
Tras la derrota militar Alem vuelve a la arena política y un año más tarde es electo Senador nacional.
Pero una vez más, y en una posición que denota claramente su accionar a lo largo de su vida, Alem debe enfrentarse a traiciones personales que ponen por encima del interés colectivo de la formación política el interés individual. Roca negocia con Mitre un acuerdo de cara a las elecciones presidenciales de 1892 y la Unión Cívica se fractura.
Dijo entonces Alem frente a las acusaciones roquistas de intransigencia y radicalismo “…Yo no acepto el acuerdo, soy radical en contra del acuerdo, soy radical intransigente…”, y el 26 de junio de 1891 nace la Unión Cívica Radical.
Desde el nuevo Partido Alem procura acabar con el fraude que imperaba en el país y si bien no descuida los cauces institucionales, puesto que en 1895 es electo nuevamente como Diputado nacional, lo complementa con el accionar revolucionario. A lo largo de los siguientes años, entonces, fomenta y participa de diversos alzamientos que no llegan a buen puerto y acumula un revés tras otro.
Cuestionado políticamente, derrotado militarmente y sin su histórico compañero Aristóbulo del Valle que había muerto el año anterior, en 1896 Leandro Alem no vislumbraba un futuro promisorio, y decide poner fin a su vida.
El 1 de julio de ese año, 1896, reúne a sus amigos en su casa y tras anunciarles que regresaría en breve decide emprender viaje al Club del Progreso en un carruaje, donde decide dispararse un tiro en la sien.
Al llegar al Club y ser recogido por manos amigas tal como él lo esperaba, se halló entre sus ropas una de las mayores y mejores lecciones de civismo y decálogo de accionar público que puede recibir un ciudadano. Decía Leandro Alem en su testamente político “Yo mismo he dado el primer impulso, y, sin embargo, no puedo continuar. Mis dolencias son gravísimas, necesariamente mortales. ¡Adelante los que quedan! ¡Ah, cuánto bien ha podido hacer este partido, si no hubiesen promediado ciertas causas y ciertos factores! ¡No importa! Todavía puede hacer mucho. Pertenece principalmente a las nuevas generaciones. Ellas le dieron origen y ellas sabrán consumar la obra: ¡deben consumarla!”, dejando en claro una vez más que todos los proyectos deben ser colectivos y a largo plazo.
De ese hecho se cumplen hoy 120 años.
Por todo esto es que recordamos hoy la figura un hombre de la talla de Leandro Alem.
Porque fue un profesional que supo defender a los más necesitados, porque su causa fue la causa de los desposeídos.
Porque fue un legislador que supo defender los intereses de sus representados, aun siendo una exigua minoría en la Cámara legislativa.
Porque fue un líder político que demostró en cuestiones concretas que lo que se pregona en el discurso debe plasmarse en los hechos.
Porque fue un hombre de bien que a su hijo le escribió, al momento de morir, “Te doy un beso en la frente para que la conserves pura. Esa es tu herencia.”
Por todo eso, y por lo que excede estas pocas líneas que le hemos dedicado, como dice el tango, “soy del partido de todos y con todos me la entiendo, pero váyanlo sabiendo, soy hombre de Leandro Alem”.
Publicado en El Debate, Zárate.

5 comentarios
Que buena nota,!.. importante dar a conocer parte de la historia de la argentina y saber que hombres asi dieron todo por nuestra patria.
No sabía q había formado parte de un levantamiento contra la demicracia
No fue contra la democracia, fue peleando por la democracia y la república.
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