🎭 Un viernes de precintos, un martes de vergüenza
Pasó el viernes 14 de agosto, una de esas noches frías de invierno zarateño donde lo único que querés es un trago, una banda en vivo y que no te jodan. Pero en Zárate, parece que disfrutar de la cultura local es un delito de lesa municipalidad. Porque a la noche llegaron los muchachos del operativo de inspección, en un inusual procedimiento que incluyó múltiples patrulleros y vehículos municipales que, obviamente, no estaban cuidando a los zarateños, y le pegaron las fajas de clausura a Mauris Bar, el espacio cultural de Dorrego 745 que hace rato viene siendo uno de los pocos lugares donde la música en vivo, el arte y la cultura, no es un lujo, sino una resistencia.
La noticia saltó rápido. Como saltan las cosas donde un operativo municipal en un bar cultural genera más revuelo que una sesión del Concejo Deliberante (lo cual, admitámoslo, no es tan difícil).
Según contó Impacto Local el 15 de agosto, la clausura fue ‘preventiva’ y se enmarcó en un procedimiento de inspección. Pero acá empieza lo divertido: ¿preventiva de qué? ¿De que la gente se divierta? ¿De que haya cultura sin permiso del palacio municipal? ¿O preventiva de que alguien, en algún momento, pueda pensar distinto? Nadie lo explicó.
📋 La versión oficial: un comunicado que huele a naftalina
El Municipio, obviamente, salió a despejar dudas. O al menos eso intentó. El secretario de Protección Ciudadana Juan Manuel Iglesias salió a dar la cara. Y la verdad es que Iglesias ya tiene experiencia en esto de salir a explicar cosas que no se entienden.
Según Iglesias, el procedimiento del 14 de agosto estuvo relacionado con ‘cuestiones de inspección y fiscalización’. El Municipio difundió un comunicado en el que aseguró que la clausura ‘no tuvo relación alguna con el contenido artístico, cultural, político o ideológico’ de las actividades del lugar.
El texto oficial agregó que existían ‘antecedentes de actuaciones y requerimientos anteriores’ y que durante la inspección del 14 de agosto se registraron ‘dificultades para desarrollar normalmente el control’. Las circunstancias quedaron documentadas, se dispuso la clausura preventiva, y todo fue remitido al Juzgado Municipal de Faltas.
Claro. Porque cuando un municipio quiere cerrarte, siempre hay ‘antecedentes’. Siempre hay ‘dificultades’. Y siempre, pero siempre, queda todo ‘documentado’.
🎤 La versión de Bonuccelli
Mauris Bonuccelli, el propietario del bar, dio su versión de los hechos. Y no necesitó un comunicado institucional para hacerlo. Cuestionó el accionar municipal y vinculó lo sucedido con las actividades culturales que se desarrollan en el espacio.
Y acá es donde el asunto empieza a oler raro. Porque si el Municipio dice que no fue por censura, pero el dueño del lugar dice que sí se sintió apuntado por la cultura que alberga, ¿a quién le creemos? ¿Al que tiene la Hilux municipal y el sueldo asegurado, o al que arriesga su plata todos los meses para que haya un escenario en Zárate donde toquen bandas que en otros lados no consiguen ni fecha?
⚖️ El Juzgado de Faltas levanta la clausura: ¿y ahora quién se hace cargo del papelón?
Acá viene el giro de tuerca que transforma esta nota de un simple episodio de prepotencia municipal en una demostración de incompetencia institucional.
Según información difundida en redes sociales, porque no hubo comunicado oficial municipal, el Juzgado de Faltas dispuso el levantamiento de la clausura de Mauris Bar. El juez Mariano Graciarena estableció un plazo de 30 días para que el comerciante presente documentación que manifestó tener: libretas sanitarias, certificado antisiniestral, constancias de ARBA y ARCA, Formulario 931, nómina de empleados y contrato de locación o escritura de titularidad.
¿Leíste bien? El Juez levantó la clausura. Le dijo a Bonuccelli: ‘Abrí el bar. Después presentame la documentación. Tenés 30 días.’
Si el Juzgado de Faltas considera que el local puede seguir abierto mientras se regulariza la documentación, ¿por qué el Municipio lo cerró? ¿Por qué Unrein, como Intendente Interino, permitió que un operativo policial precintara un local que, según el órgano de control jurisdiccional, no tiene por qué estar cerrado?
La resolución judicial, además, planteó avanzar en una mesa de diálogo con la Secretaría de Gobierno para que los espectáculos se informen y se incorporen a la grilla de seguridad. Es decir: no hubo peligro inminente, no hubo razón para cerrar. Solo hubo una falta de papeles que se puede resolver en 30 días mientras el negocio funciona.
Entonces, ¿por qué el Municipio actuó como si estuvieran desactivando una bomba? ¿Por qué el operativo del viernes a la noche? ¿Por qué los precintos? ¿Por qué el escándalo?
💰 El lucro cesante que nadie quiere pagar
Vamos a ser claros. Una clausura preventiva, aunque dure solo un fin de semana, te deja sin ingresos. Te deja con proveedores que te cobran, con empleados que necesitan su sueldo, con artistas que cancelan, con una reputación que se desgasta. Te deja con el cagazo de no saber si mañana te vuelven a cerrar.
El Municipio, en su comunicado del 15 de agosto, aclaró que una clausura preventiva ‘no constituye una sanción definitiva’.
Qué lindo. Qué reconfortante. ¿Y quién le explica eso al bolsillo de Bonuccelli? ¿Quién le paga los días que estuvo con la persiana baja? ¿Quién le compensa por los shows que tuvo que cancelar, por las entradas que tuvo que devolver, por la cerveza que se le calentó en los barriles?
En Zárate, parece que el Municipio puede actuar con la liviandad de quien juega al SimCity con comercios reales. Cierra, abre, multa, clausura. Y si después resulta que el Juez dice que no había tanto problema, ‘bueno, era preventiva, no te hagas el doliente’.
Pero el doliente, en este caso, es un laburante. Un tipo que puso su plata, su tiempo, su esfuerzo. Y que ahora tiene que ver cómo le explica a su familia que el municipio le cerró el negocio ‘por las dudas’, para que después un juez diga que no había ninguna duda.
🤔 Las preguntas que el Municipio no responde (y que alguien debería hacerle en voz alta)
Vamos a lo concreto. El Municipio dice que clausuró porque había ‘dificultades para desarrollar normalmente el control’. Que había antecedentes. Que la documentación no estaba en regla. Que no se cumplían las condiciones de seguridad.
Pero si el Juez de Faltas levantó la clausura y permitió que el bar abra mientras presenta la documentación en 30 días, entonces:
- ¿Cuáles eran exactamente las ‘dificultades’ para inspeccionar?
¿El dueño no abrió la puerta? ¿No tenía la libreta sanitaria a mano? ¿El inspector no le gustó la playlist? Porque ‘dificultades’ puede ser desde que te negaron el acceso hasta que te pidieron que esperen cinco minutos porque estaban en medio de un show. Sin el acta de inspección pública, no podemos saberlo. Y el Municipio, por supuesto, no la publicó.
- ¿Por qué justo ese viernes, bajo la intendencia interina de Unrein?
Mauris Bar funciona hace años. Los antecedentes que menciona el Municipio, ¿de cuándo datan? ¿Hubo requerimientos previos? ¿Se les dio plazo para regularizar? ¿O el operativo del 14 de agosto fue la primera notificación formal? Porque si venías ‘controlando’ desde antes y nunca hiciste nada, ¿por qué justo ahora, con Unrein de interino? ¿Acaso se agotó la paciencia municipal de un día para otro? ¿O hay algo que Unrein necesitaba demostrar mientras Matzkin estaba de licencia?
- Si el Juez dice que puede abrir, ¿por qué el Municipio cerró?
Esta es la pregunta del millón. Si el Juzgado de Faltas, el órgano que debe controlar la legalidad de estos procedimientos, considera que el local puede seguir funcionando mientras se presenta la documentación, ¿qué autoridad tenía el Municipio para cerrarlo en primer lugar? ¿O acaso en Zárate el Ejecutivo municipal se cree por encima del Juzgado de Faltas?
- ¿Por qué el Municipio no publica el acta de inspección?
Si todo fue tan transparente, si no hubo censura, si solo se trataba de fiscalización rutinaria, ¿por qué no mostrás el acta? ¿Por qué no contás qué documentación faltaba? ¿Por qué no explicás cuáles eran las condiciones de seguridad que no se cumplían?
La transparencia no se declara en un comunicado. Se demuestra con hechos. Y acá, los hechos brillan por su ausencia.
🎬 Conclusión: cuando el Juez te corrige y el Municipio hace la vista gorda
La clausura de Mauris Bar es un episodio más de una gestión municipal que confunde el poder con la prepotencia, y la normativa con el garrote. ¿Qué buscaba el Municipio al clausurar Mauris Bar?
¿Unrein hace el trabajo sucio para Matzkin? La pregunta queda flotando en el aire zarateño, como tantas otras que nadie se anima a responder.
El Municipio, a través de Iglesias, cerró un bar. Dijo que fue por inspección. Dijo que no fue censura. Dijo que había antecedentes. Dijo que todo quedó documentado. Dijo que el Juzgado de Faltas decidirá.
Y el Juzgado de Faltas decidió. Decidió que el bar podía abrir. Que no había razón para mantenerlo cerrado. Que la documentación podía presentarse después.
Entonces, ¿por qué el Municipio lo cerró? ¿Quién se hace cargo del daño producido? ¿Quién le paga a Bonuccelli los días perdidos?
Y Matzkin, mientras tanto, sigue en su licencia confundiendo a San Martín con Belgrano producto del caballo blanco… como dijeran en las redes sociales, menos mal que el Zorro tiene caballo negro.
‘Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copias a sus amigos: nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad. Derrote el terror. Haga circular esta información’.
RODOLFO WALSH – AGENCIA CLANDESTINA DE NOTICIAS
