🎭 El gran teatro del Concejo
Hay que reconocerle algo a la dirigencia zarateña: la constancia. Sesión tras sesión, año tras año, el show no falla. Discursos encendidos, miradas que podrían cortar el vidrio, palabras que suenan a ruptura histórica. Y después, el cuarto intermedio. Ahí, cuando las cámaras siguen grabando pero nadie se da cuenta, la realidad se cuela sin pedir permiso.
La última sesión del Concejo Deliberante dejó una de esas escenas que valen más que diez columnas de opinión. Leandro Matilla, actual Presidente del Cuerpo, bajó de su estrado para tomar la palabra como concejal. No es algo que pase todos los días. Lo hizo con energía, con tono confrontativo, apuntando al gobierno municipal. Matilla sabe que ese gesto tiene peso simbólico: él, que preside el Concejo, abandonando su lugar para sumarse al debate es, en el lenguaje de la política local, una declaración de guerra.
O eso quería parecer.
🔥 Unrein al ataque… con condiciones
Cuando Matilla terminó, tomó la palabra Walter Unrein, su antecesor en la presidencia del Cuerpo y, para los que siguen la política local, indiscutible ‘pata’ del intendente Matzkin en el Concejo. El discurso de Unrein fue duro. Fue directo. Fue, según él, necesario. Le recordó a Matilla que gran parte de la realidad que hoy critica fue construida, ladrillo por ladrillo, durante el gobierno anterior, del que el propio Matilla fue parte activa. No mintió, pero sorprendió el planteo público.
Pero al final de su intervención, Unrein hizo algo llamativo. Se disculpó. ‘Perdón si elevé la voz’, dijo, más o menos, ‘pero es que las palabras de Matilla faltaron a la verdad.’ Es decir: lo llamó mentiroso. Sin llamarlo mentiroso. Con todas las letras excepto las que importan. Ese tipo de valentía a medias que tanto abunda en los recintos donde se supone que se debate en nombre de la ciudadanía.
La verdad es que hay algo fascinante, y un poco deprimente, en esa dinámica. Unrein encontró la manera de lanzar el insulto más grave que se le puede hacer a un político (decirle que miente) envuelto en un pedido de disculpas preventivo. Elegancia criolla, le dicen.
🎬 El momento que lo dice todo: el cuarto intermedio
Y entonces llegó lo bueno. Lo que ningún comunicado de prensa va a mencionar, lo que ningún periodista oficialista va a subrayar.
Se llamó a cuarto intermedio. El video sigue grabando, como esos cortes publicitarios de la televisión en vivo donde los conductores se relajan y dicen lo que piensan. Unrein se acerca al estrado. Le ‘pide disculpas’ a Matilla. Pero el tono ya no es el de la sala. Ya no hay tribuna. Ya no hay micrófonos abiertos ni ciudadanos escuchando. El Unrein que se acerca a Matilla no es el mismo que acaba de hablarle con dureza desde su banca: es un tipo que sonríe, que gesticula con naturalidad, que le dice, en el fondo, ‘che, lo tenía que decir, no te lo tomes a mal.’
Y Matilla, imperturbable, le responde que no hace falta que le explique nada.
Ninguno de los dos parece especialmente enojado. Ninguno de los dos parece que acaba de protagonizar un encontronazo político de los que dejan marca. Parecen, más bien, dos colegas que pactaron, acaban de actuar en una obra de teatro y se sacan el maquillaje juntos entre bastidores.
Ya nos preguntábamos en ¿Quién manda en el Concejo? si la supuesta rivalidad entre Unrein y Matilla no sería, en el fondo, más actuada que real. ‘¿Será todo una puesta en escena y quienes son tan rivales en realidad no lo son tanto?’, escribíamos. La última sesión no es una respuesta definitiva, claro. Pero es una pista bastante elocuente.
🔎 La grieta que no existe (o que conviene que exista)
La narrativa nacional lleva años hablando de la grieta como si fuera una fuerza de la naturaleza, algo inevitable, casi geológico. Y sí, en muchos sentidos, las diferencias ideológicas son reales. Pero a nivel local, en municipios como Zárate, donde todos se conocen, donde el transfuguismo de un espacio político a otro son moneda corriente, la grieta muchas veces es más una herramienta económica y de marketing que una realidad profunda.
La grieta sirve para explicar por qué ‘el otro’ es el problema. Sirve para movilizar votos. Sirve para justificar por qué no se puede hacer nada.
Lo que no sirve, lo que ningún dirigente parece interesado en cultivar, es la transparencia real, la rendición de cuentas genuina, la posibilidad de que un ciudadano común mire lo que pasa en el Concejo Deliberante y entienda, sin esfuerzo, de qué lado está cada uno y por qué.
En Zárate llevamos mucho tiempo esperando eso.
Mientras tanto el pedido de disculpas quedó grabado.
La cámara lo vio. Nosotros también.
‘Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copias a sus amigos: nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad. Derrote el terror.’
RODOLFO WALSH – AGENCIA CLANDESTINA DE NOTICIAS
