‘El Radicalismo no es una etiqueta que se coloca sobre un hombre como sobre un frasco en una droguería. Es un contenido. Quien no alienta pasión de justicia y a su influjo gobierna su vida, no es radical por más que así se titule y por alta que sea su ubicación en el escalafón partidario. Radicalismo no es una mera adscripción a un partido. Cual la democracia, es una norma de conducta, un estilo de vida.’.
MOISÉS LEBENSOHN
El sueldo, esa brújula infalible
Ya lo analizamos en este espacio, con otros protagonistas pero el mismo patrón: hay una diferencia enorme entre creer en el Radicalismo y tener una ficha de afiliación. En Zárate esa brecha hace rato que dejó de ser anécdota.
El antiperonismo, en la UCR zarateña, funciona como anestesia ideológica. Adormece la crítica, relaja los principios y, con el tiempo, te deja en posiciones que no habías planeado ocupar. Si el peronismo local está del lado de la universidad pública, entonces hay que buscarle la vuelta para no quedar parado en la misma vereda. Aunque eso implique abstenerse de defender una ley que el propio Radicalismo histórico habría abrazado sin dudar.
La pregunta que nunca se hace en voz alta es simple: ¿qué pasa si te peleás con el gobierno local? La respuesta también es simple, y por eso nadie la pronuncia. Los poliezny, esos especialistas en acomodarse al poder de turno a cambio de comodidad, son una especie muy adaptable. Cambian de discurso sin despeinarse. Lo que no cambian, nunca, es el instinto de supervivencia. Seguir cobrando.
El silencio de los que deberían gritar
Tan grave como la abstención de las concejales es el silencio de la conducción de la UCR local. Ningún comunicado. Ninguna palabra. Ninguna señal de que alguien en la estructura partidaria encontró problemático que sus representantes en el Concejo se negaran a repudiar el vaciamiento de la universidad pública.
Y más grave aún: el mutismo de la Juventud Radical. Ese espacio que debería ser, por definición, el más sensible a la cuestión universitaria. El que tendría que haber salido a pedir explicaciones, a recordar la Reforma del 18, a señalar que abstenerse en ese voto es una contradicción con todo lo que el Radicalismo construyó en los claustros. Nada. Silencio. La Juventud Radical zarateña, tan activa cuando se trata de señalar al peronismo, encontró de repente que no tenía nada para decir sobre esto. En definitiva avaló lo que sus concejales sostuvieron en el Concejo.
No es casualidad. Es prioridad. Y las prioridades, cuando se las observa con atención, revelan cosas que ningún discurso de apertura de sesión podría confesar.
Como señalamos en esta nota reciente, a veces el Concejo Deliberante hace lo que tiene que hacer. Esta vez, dos de sus integrantes eligieron no hacerlo. Y la diferencia entre los que votaron y las que se abstuvieron no es ideológica: es de coraje.
Seamos claro, como lo dice Franja Morada, ‘No seremos la generación que deje morir la Universidad Pública’… Gallea y Berot, sí.
📜 Epílogo con nombre propio
El proyecto de Fuerza Patria era sencillo, claro, sin trampa: expresar preocupación y rechazo ante la no aplicación de la Ley de Financiamiento Universitario. Solicitar al Ejecutivo Nacional que transfiera los fondos. Enviar copias al Ministerio de Capital Humano y al Consejo Interuniversitario Nacional. Lo firmaron diez concejales. Diez. No era un manifiesto revolucionario. Era lo mínimo que un cuerpo deliberativo puede hacer frente al vaciamiento de la educación pública.
Y aun así, dos concejales afiliadas a la UCR no quisieron sumarse. Prefirieron la abstención envuelta en retórica, el gesto ambiguo que no compromete, la posición que permite decir ‘yo no estuve en contra’ mientras tampoco se estuvo a favor de nada. Al estilo del Intendente, que cuando le consultaron sobre su posición respecto a la educación pública dijo estar a favor… y propuso discutir violar la Constitución Nacional.
Moisés Lebensohn lo dijo hace décadas y sigue sonando hoy: el Radicalismo no es una etiqueta. Es un contenido. En Zárate, ese contenido viene siendo vaciado con más eficacia que las propias universidades nacionales. Y lo peor es que nadie en el partido local parece escandalizarse demasiado.
Yrigoyen, que hizo posible la Reforma del 18, y Alfonsín, que devolvió las universidades a la democracia, no solo tenían ficha de afiliación. Tenían convicciones radicales. Esa es la diferencia.
‘Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copias a sus amigos: nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad. Derrote el terror. Haga circular esta información’.
RODOLFO WALSH – AGENCIA CLANDESTINA DE NOTICIAS
