Pocas veces dos hechos sucedidos en paralelo en dos ámbitos políticos tan dispares tienen tanto en común como los que ocurrieron el pasado jueves, como unidos por un hilo invisible exponen que, más allá de la jurisdicción o el poder en el que ocurren, hay un patrón de comportamiento común que los vincula y que exhibe un proceder nacional que excede cualquier situación particular, que va más allá de dónde, cuándo o con quien se producen, y este proceder es la búsqueda de la imposición del pensamiento propio por encima del ajeno, la negación del otro, la anulación de la disidencia. El sentimiento de autócrata.
Quizás tenga que ver, aunque cada vez menos vigencia tiene esta teoría, con tantos años de dictadura que hicieron de un modelo de organización y, fundamentalmente de práctica política, la razón de ser del accionar nacional. Quizás tenga que ver con la necesidad de garantizar la ejecución de políticas propias sin dar lugar a la discusión política que nutra dichas políticas. Quizás tenga que ver con una lógica absolutista que niega la crítica, aunque en lo discursivo se la tolere y hasta se admita, y se busque una versión moderna del L’État, c’est moi del absolutismo francés.
Los hechos acontecidos fueron en el Concejo Deliberante de Zárate el discurso pronunciado por el concejal Marcelo Torres que, a grandes rasgos, venía a decir nosotros somos la mayoría y como tenemos el aval electoral podemos actuar como queramos… esto es al margen de la ley. Y en nivel nacional el anuncio presidencial de no acatar el fallo de la Corte Suprema de Justicia, posición defendida por varios argumentando que cuatro jueces no pueden tener más poder que los millones que eligieron al Presidente y su vice. Argumento que cae por su propio peso y lo único que busca es justificar el poder por el poder mismo. Autoritarismo puro.
Pero hay un error argumental profundo en ambas tesituras, puesto que no es una cuestión numérica para ver quién tiene razón, sino cuáles son las razones que lo asisten a uno para actuar como actúa de acuerdo a la normativa vigente. Si queremos vivir en sociedad y no en forma tribal, debemos aceptar las reglas de juego y entre ellas las más importantes respeto a la Constitución, nacional y provincial, y Ley Orgánica de las Municipalidades.
En un partido de fútbol hay un juez que, acompañado de asistentes, aplica el reglamento, pero a ningún jugador se le ocurriría desobedecer un fallo del árbitro por entender que aplicó mal las normas. Un equipo no puede jugar al margen de la ley porque son muchos jugadores. El apoyarse en mayorías circunstanciales para ‘hacer lo que se quiere’ sin respetar normas que rigen el propio funcionamiento en sociedad, atenta contra dicha convivencia. Lo curioso es que apelan a algunas normas, las que les convienen, para cuestionar otras, las que no les convienen, el paso hacia el desgobierno y la lucha fraticida para que cada uno busque imponer su propio pensamiento está a la vuelta de la esquina.
La mayoría decide, pero la mayoría no impone. La mayoría debe actuar ajustado a la ley, no puede actuar según antojo, porque si así no fuera hasta la propia mayoría corre peligro. Quizás sean reminiscencias absolutistas producto del origen, surgido en movimientos al margen de la ley, o quizás sean movimientos acomodaticios del presente, pero en ningún caso se justifica el accionar ilegal.
Pero no es solo el proceder de quienes pretenden imponer su opinión, la realidad nos interpela a todos como sociedad.
¿Vamos a permitir que cual matones avancen sin respetar las reglas del juego? Volviendo al fútbol, ¿Seguiremos jugando si el otro equipo mete goles con la mano, contraviniendo el reglamento? ¿Hay juego posible en esas circunstancias? Porque lo que está en discusión, en última instancia es el propio juego.
Cuando era chico y jugaba al rugby me enseñaron que para poder jugar tenía que tener compañeros en mi equipo, pero también jugadores en el otro equipo y un árbitro, si faltaba alguno de ellos no podía jugar, y la convivencia democrática es igual. Cada uno tiene su pensamiento, pero puede ejercer su ciudadanía en tanto la pueda ejercer el vecino de al lado, y ambos en el marco de lo que establece la ley. Y si la ley no nos gusta, procurar modificarla, pero siempre respetando las reglas del juego.
El Concejo Deliberante de Zárate y el Presidente de la Nación Argentina actuaron el jueves al margen de la ley, y como ciudadanos no podemos hacer como que no pasó nada… porque pasó mucho.
Y no nos podemos acostumbrar a la imposición del más fuerte, como dijera Salvador Allende ‘Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza. ¡La historia es nuestra y la hacen los pueblos!’
De eso se trata, de seguir construyen la historia, nuestra historia. Pero ajustado a derecho, porque ninguno individualmente es el Estado, pero todos lo somos… y lo tenemos que construir entre todos y en beneficio de todos.
