Sobre el video de Leandro Matilla, la patria chica como argumento de campaña y el proyecto que nadie se anima a nombrar.
📹 El video que lo cambia todo (o no)
Ayer, el presidente del Partido Justicialista de Zárate y presidente del Concejo Deliberante, Leandro Matilla, publicó un video en sus redes que hay que ver para creer.
Con tono pausado y gesto de estadista, Matilla explicó que en Zárate hay ‘muy buenos vecinos, mujeres y hombres que realmente están muy capacitados’, y que por eso ‘no queremos repetir esta experiencia del gobierno de Matzkin que termina teniendo funcionarios que no son de nuestro distrito’. Y remató: ‘No podemos permitir que vengan de afuera a decirnos qué empresas pueden venir y cuáles no, que vengan de afuera a decirnos qué tenemos que hacer con nuestra costanera, que vengan de afuera a decirnos qué tenemos que hacer con nuestra seguridad’. Su conclusión, solemnísima: ‘Nos tenemos que preparar para poder gobernar entre nosotros.’
Hermoso. Conmovedor. Casi se le aguza el ojo al espectador. Enhorabuena que se haya dfado cuenta tres años más tarde y nunca haya hablado sobre los sucesivos gabinetes municipales.
Porque Matilla no nombró a Agustina Propato en ningún momento, y sin embargo el video es, de punta a punta, sobre ella. Aunque nombre a Matzkin y su gobierno, el metamensaje es claro. Matilla hablaba de Propato sin mencionarla. Matilla hace el trabajo sucio para Matzkin sin reconocerlo.
Matilla, por si quedaban dudas de que esto no es análisis geopolítico sino precampaña, ya manifestó públicamente sus aspiraciones a competir por la intendencia de Zárate, el mismo puesto al que aspiró tres años atrás… y que ocupó Agustina Propato. O sea: el video no es un aporte al debate filosófico sobre la identidad zarateña. Es un aviso de intenciones con banda sonora emotiva.
🗺️ ¿Qué es ser de Zárate? La pregunta incómoda
El argumento de Matilla se sostiene sobre una premisa que vale la pena examinar con lupa: que hay una ‘zarateñidad’ que se mide por el DNI y el domicilio, y que quien no la posee no puede gobernar.
Apliquemos esa vara con honestidad, algo que rara vez se pide en política.
Si ser de Zárate es haber nacido en Zárate, Propato no nació en Zárate. Marcelo Matzkin tampoco… y el propio Leandro Matilla tampoco.
Si ser de Zárate es haber vivido siempre acá, también tenemos problemas. Porque la política zarateña está llena de trayectorias con escalas: en Avellaneda, en Campana, en Buenos Aires, en Las Flores. Y no pasa nada. O no debería pasar nada.
¿Y si ser de Zárate es trabajar por Zárate? Ahí la cosa se pone interesante, porque esa vara es común a todos y cada uno tiene su propio criterio. ¿Alcanza? Para unos sí, para otros no, según el calendario electoral.
¿Qué es ser de Zárate entonces? En nuestra opinión el trabajar por la sociedad zarateña. Y sin dudas que, con las diferencias que tenemos con cada uno de ellos, tanto Agustina Propato, como Marcelo Matzkin o Leandro Matilla son de Zárate. Como lo fue Ricardo Ferreyra, quien sin ser siquiera bonaerense fue el legislador provincial que más hizo por Zárate desde el retorno de la Democracia en apenas cuatro años, muchos de los Jardines de Infantes de Zárate, entre otras cosas, son una cabal prueba de ello. ¿Alguien podía dudar de la ‘zarateñidad’ del ‘Chango’?
Todos ‘de Zárate’. Nadie ‘de Zárate’. La categoría se ajusta como un ratón de biblioteca: sirve para morder al rival y se guarda cuando toca mirarse al espejo.
🏠 Vecinos de ocasión, límites sagrados
Matilla denuncia que ‘funcionarios que no son de nuestro distrito’ deciden sobre la costanera, la seguridad y las empresas. Y tiene razón en el diagnóstico, aunque no en la medicina.
Porque el gobierno de Matzkin tiene, efectivamente, un problema de arraigo. Lo dijimos antes que iniciara su derrotero y cuando muchos, Matilla entre ellos, callaban.
Pero sí, Matilla tiene razón en que hay funcionarios que no conocen Zárate, no se comprometen con Zárate y se van a ir de Zárate una vez que termine el conchabo municipal. El problema es que él confunde la enfermedad con el síntoma. El problema de Juan Manuel Iglesias no era su código postal: era que desconocía la idiosincrasia local, como quedó expuesto cuando habló del ‘Barrio de Fox’ en lugar de Villa Fox. El problema de los funcionarios foráneos no es de dónde salieron sino para qué vinieron: a sumar una línea al currículum, no a un proyecto de Distrito.
Y ahí Matilla comete el error, o comete el cinismo, que en campaña es casi lo mismo, de medir la zarateñidad en kilómetros en lugar de medirla en compromiso. Porque si el límite del Partido fuera el límite de la pertenencia, habría que revisar cuántos dirigentes de Zárate mandan a los hijos a estudiar a Campana, cuántos viven en barrios cerrados interactuando limitadamente con el Distrito, cuantos tienen de zarateños solo su domicilio en el documento.
La ‘zarateñidad’ como requisito de ingreso es un invento del siglo XIX, de la época en que los límites políticos definían identidades. Hoy la identidad no la da el partido de nacimiento. La da el proyecto.
Y ese es el proyecto del que nadie habla.
🕳️ El proyecto que nadie nombra
Presten atención a esta parte, porque es la que el video de Matilla trabaja activamente para ocultar.
Matilla dice: ‘Nos tenemos que preparar para poder gobernar entre nosotros.’ ¿Entre quiénes? ¿Con quiénes? ¿Para hacer qué? Silencio sepulcral.
En Zárate, la política local tiene una tradición milenaria: discutir el DNI del rival en lugar del destino del Distrito. Es más cómodo. Es más barato. Y sobre todo, es más útil para esconder que no hay proyecto.
¿Por qué nadie habla del proyecto? Porque hablar del proyecto obligaría a responder preguntas incómodas.
Hablar de ‘zarateñidad’ es gratis. Hablar de proyecto cuesta. Cuesta decir de dónde van a salir los recursos, qué tasas se van a cobrar, cuáles van a bajar, cuáles van a subir, qué obras se van a hacer, qué funcionarios se van a echar y cuáles se van a mantener aunque sean ‘de afuera’ porque resulta que son los que sirven.
Aquí hemos dicho una y otra vez, por ejemplo cuando documentamos el intento de convertir a Zárate en el basural regional, que hace falta una alternativa política real y creíble, no más de lo mismo con otra cara. Que Zárate necesita que se sumen los mejores a un proyecto de Zárate Grande, vengan de donde vengan y vivan donde vivan, pero que compartan objetivos comunes y se queden a rendir cuentas.
Ni Matzkin con sus funcionarios de paso, ni Matilla con su ‘zarateñidad’ al palo, están ofreciendo eso. Uno trae currículums, el otro trae certificados de nacimiento. A la ciudad, lo que le sobra en los dos casos es la ausencia de plan.
🎭 El trabajo sucio, siempre con guantes de gala
Hay un último detalle del video que merece mención aparte, porque es el sello de la casa. Matilla nombra a Matzkin pero dispara para el otro lado. Es una técnica antigua: el tiro por elevación, el mensaje con destinatario solapado. No es la primera vez que se usan intermediarios para decir lo que no se quiere decir en primera persona, y mientras tanto el propio Matilla, en su rol de presidente del Concejo, sigue administrando, la mayoría de las veces, los tiempos del oficialismo con esa ‘aritmética flexible’ que ya le recriminaran sus propios compañeros en la sesión del Concejo Deliberante realizada el 3 de septiembre.
Así funciona: el que gobierna se hace el liberal de boquilla mientras firma decretos regalando la ribera, y el que quiere gobernar se hace el guardián de la identidad mientras elude decir concretamente qué va a hacer.
🏁 Conclusión: la zarateñidad no está en el DNI
Ser de Zárate no es haber nacido en el hospital local. Es conocer sus problemas de memoria: la costanera que se negocia de noche, el agua que escasea, la inseguridad que no se resuelve con funcionarios que aprenden el mapa en el cargo, la basura que quieren traer de otros distritos porque acá sale más barato enterrarla y tantos otros temas que resultan necesario abordar si queremos realmente el progreso de Zárate.
Ser de Zárate es hacerse cargo, y hacerse cargo incluye decir para qué se quiere el poder. Matilla, en su video, dijo para qué no: para no repetir ‘funcionarios de afuera’. Bien. Pero el ‘no’ no gobierna. El ‘no’ no pavimenta, no ilumina, no brinda seguridad, no llena la heladera.
El desafío, para él y para todos los que aspiran a dirigir este distrito, es uno solo: dejar de medir la zarateñidad en el palo y empezar a medirla en el proyecto. Mientras eso no pase, seguiremos con la misma obra de teatro: elenco rotativo, cartelera vieja, y la ciudadanía actuando de extras.
Como siempre, los de siempre, siguen jugando con las fichas del tablero sin que nadie les pida rendir cuentas.
‘Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copias a sus amigos: nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad. Derrote el terror. Haga circular esta información’.
RODOLFO WALSH – AGENCIA CLANDESTINA DE NOTICIAS
