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    Matzkin, el hombre que no sabe perder

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    By principedelmanicomio on 19 julio, 2026 Artículos periodísticos

    El intendente de Zárate convocó a los medios en pleno asueto municipal, que él mismo decretó, para lanzar una diatriba contra el Concejo Deliberante. Lo que pretendía ser una muestra de firmeza terminó siendo un retrato fiel de un gobernante que no entiende que es la democracia: no acepta que perdió las elecciones, no tolera la discrepancia y confunde gobernar con mandar.

     

    🎤 La conferencia que nadie pidió

    El pasado 16 de julio, mientras buena parte de los empleados municipales disfrutaba del asueto que el propio Marcelo Matzkin había decretado, el intendente se sentó frente a los micrófonos con una misión clara: quejarse. Y no de cualquier cosa. Su blanco fue el Concejo Deliberante de Zárate, donde la ‘oposición’, mayoritaria desde las últimas elecciones, según él, no le aprueba los proyectos que él quiere, cuando él quiere, como él quiere.

    La escena, para quien la observe con atención, es reveladora. Un hombre que llegó al ejecutivo con mayoría propia en el legislativo local, y que perdió las elecciones municipales de medio término y la mayoría en el Concejo Deliberante como consecuencia de ello, y que además vio cómo Zárate era uno de los pocos distritos bonaerenses donde la alianza entre el PRO y La Libertad Avanza perdieron las últimas dos elecciones, ahora pretende dar cátedra de cómo se gobierna. La ironía, claro, se le escapa por completo.

     

    🏗️ Cuatro edificios y una obsesión

    Matzkin puso sobre la mesa, literalmente, en la mesa de conferencia, dos proyectos que, según él, el Concejo ‘traba’ sin motivo. El primero: la recompra de un edificio del programa PROCREAR frente al circuito de Zárate, para licitarlo luego a un privado y con esos fondos dar créditos a vecinos de San Javier, un barrio que se inunda recurrentemente. El segundo: la devolución de un terreno en la costanera que el municipio ocupó ilegalmente en 2014, durante la gestión de Osvaldo Cáfaro, y que ahora debe restituirse a su dueño con la zonificación original.

    ‘Hace dos meses que está en el Concejo, hace casi cuatro que lo hablo con un sector de la oposición’, se quejó Matzkin, como si el tiempo de gestación de un proyecto fuera garantía de aprobación automática.

    Lo que el intendente no dice, no comprende o no quiere entender, es que en una democracia los proyectos se discuten, se cuestionan, se modifican. No se aprueban por decreto emocional. Pero Matzkin no está acostumbrado a eso. Su lógica es la del Ejecutivo que manda y el Deliberativo que obedece. Cuando eso no ocurre, el problema, siempre, es del otro.

     

    🎭 ‘Voten por sí o por no, pero voten’

    La frase que más repitió durante la conferencia fue, precisamente, esa: ‘Voten por sí o por no, pero voten’. Suena razonable, hasta que uno escucha el tono. Porque Matzkin no está pidiendo un debate. Está exigiendo una rendición. Quiere que el Concejo levante la mano para darle la razón, y si no se la dan, que al menos le den el gusto de la derrota explícita.

    ‘Si no les gusta, voten negativo. Pero no sin votar’, insistió, como si la abstención o el aplazamiento no fueran también formas válidas de deliberación.

    La verdad es que Matzkin no tolera la incertidumbre del diálogo. Necesita que todo se resuelva en su término, en su tiempo, bajo sus reglas y a su favor. Y cuando eso no ocurre, estalla. En esta conferencia, estalló durante casi veinticinco minutos seguidos, con una mezcla de victimismo, autoritarismo y una dosis considerable de desprecio hacia quienes piensan distinto.

     

    🤝 El arte de no construir consensos

    Gobernar en minoría, o sin mayoría propia en el Deliberativo, no es fácil. Pero tampoco es imposible. Lo que requiere, eso sí, es una habilidad que Matzkin parece haber dejado en el camino: la de construir acuerdos. No imposiciones disfrazadas de diálogo. No reuniones donde diez funcionarios van a ‘explicar’ durante cuatro horas para que después el otro levante la mano como si nada. Acuerdos de verdad, donde ambas partes ceden y conceden algo.

    ‘Fuimos más de 10 funcionarios del municipio a hablar 4 horas explicando algo que de la lectura del expediente podría surgir’, se jactó, sin darse cuenta de que estaba confesando el problema: para él, explicar es imponer. Y si el otro no se convence, es porque ‘no entiende’ o porque ‘hay una interna del PJ’.

    Ahí está el mecanismo favorito de Matzkin: patologizar la discrepancia. No es que los concejales tengan dudas legítimas sobre la zonificación de la costanera, o que quieran revisar los números del acuerdo con Nación, o que prefieran esperar a tener más información. No. Según el intendente, todo se reduce a una ‘interna del peronismo’ que se dirime ‘a costa de los vecinos’.

    Es cómodo, desde luego. Le permite evitar cualquier autocrítica. Le permite seguir creyendo que él tiene la verdad absoluta y que el único obstáculo son las mezquindades ajenas.

     

    ⚖️ La Ley Orgánica de Municipalidades, ese detalle molesto

    Lo que Matzkin parece haber olvidado, o nunca haber aprendido, es que la Ley Orgánica de Municipalidades de la Provincia de Buenos Aires establece una división clara de responsabilidades. El Intendente propone, el Concejo Deliberante dispone. No es un trámite. Es un control, un contrapeso, una instancia de deliberación que existe precisamente para evitar que el ejecutivo actúe como monarca.

    En Zárate, esa división funciona. O al menos, funciona para molestar a Matzkin. Porque la oposición, que representa a la mayoría de los votantes en las últimas elecciones, no le regala nada. Y eso, para un hombre que parece entender la política como una extensión de su voluntad personal, es insoportable.

    ‘Cuando yo fui concejal y tenía que votar en contra de Cáffaro, levantaba la mano y lo votaba en contra’, recordó, como si eso le diera alguna virtud moral superior. Lo curioso es que no se detuvo a pensar que, precisamente, su propia experiencia como opositor debería enseñarle algo: que el Deliberativo no existe para aplaudir al Ejecutivo. De hecho él mismo no votó todos los proyectos presentados por el Ejecutivo durante sus seis años como concejal, muchos quedaron en el camino.

     

    🎪 El espectáculo del 9 de julio y la fiesta del fútbol

    La conferencia no arrancó con quejas. Arrancó con autobombo. Matzkin quiso mostrarse como el gran organizador de los festejos por el triunfo argentino en el Mundial, como si la conducta de los zarateños, que él mismo calculó en ‘más de 10.000, seguro’, fuera mérito suyo. Habló de los operativos, de la grasa en los postes para evitar que la gente se subiera, de las cámaras de seguridad, de la coordinación con la policía provincial.

    ‘Podría haber salido con algún incidente ayer. Sí, podría haber salido, pero minimizamos los riesgos’, dijo, como quien juega a la ruleta rusa y celebra haber sobrevivido.

    Lo cierto es que el operativo funcionó. Pero la necesidad de Matzkin de apropiarse de ese éxito, de presentarlo como una gestión personal, habla de algo más profundo: una inseguridad política que intenta compensar con exhibiciones de control. Control sobre los festejos, control sobre los medios, control sobre la narrativa. Control que se le escapa, a veces, en el Concejo Deliberante.

     

    🚰 Funcionarios leales, no competentes

    Cuando un periodista le preguntó por el despido de Alejandro Falcó, ingeniero ambiental de Aguas de Zárate que había cuestionado el proyecto de relleno sanitario, Matzkin no dudó. Lo defendió con una frase que resume su filosofía de gobierno: ‘El funcionario cobra primero para actuar con profesionalidad […] y segundo para estar de acuerdo con lo que nosotros hacemos’.

    Ahí está, sin eufemismos. Para Matzkin, un funcionario no debe ser leal a la ley, ni a la técnica, ni al bien público. Debe ser leal a él. Y si no lo es, se va. Punto. Que Falcó haya mentido, según el intendente, o que haya ‘desconocido la ley de protección del medio ambiente’, también según él, es casi secundario. Lo importante es que no estaba ‘de acuerdo con la línea’.

    Esta es la misma lógica que aplica al Concejo Deliberante. No importa si los concejales tienen argumentos. No importa si sus dudas son técnicas, legales o políticas. Lo que importa es que no están ‘de acuerdo con la línea’. Y eso, para Matzkin, es (casi) un delito.

     

    🏠 San Javier: la herramienta emocional

    El barrio San Javier aparece una y otra vez en el discurso de Matzkin como su carta de triunfo moral. ‘Se van a inundar’, advierte. ‘La única solución es que vayan a otro lugar’. Y como el Concejo no aprueba su proyecto, la culpa es de la oposición. Siempre de la oposición.

    Pero hay algo que Matzkin no menciona y que los vecinos del barrio San Javier siguen pidiendo. No se presentó ningún estudio hidrográfico que sustente las palabras del Intendente Matzkin. Por eso el Intendente prefiere focalizar en cuestiones políticas y no técnicas. Cuando un periodista le tiró un centro y teorizó que la obstrucción en el Concejo Deliberante tuviera que ver con no querer hacerse cargo de un error histórico del peronismo, Matzkin no lo descartó. De hecho, lo alimentó: ‘Puede ser’, admitió, para inmediatamente seguir con su diatriba.

    Lo que no hizo fue reflexionar sobre su propia responsabilidad. Porque si el problema de San Javier es tan urgente como dice, ¿por qué no buscó consensos antes? ¿Por qué no convocó a los concejales de manera individual, en privado, sin cámaras, sin funcionarios de apoyo, sin el aparato propagandístico? ¿Por qué no aceptó que quizás el proyecto necesita ajustes, que quizás hay otras alternativas, que quizás, solo quizás, él no tiene todas las respuestas? ¿Qué hizo él como concejal sobre esta situación que reconoce es vieja?

    La respuesta es simple: porque no sabe hacerlo. Porque para Matzkin, gobernar no es construir. Es imponer. Y cuando no puede imponer, se victimiza.

     

    🎲 La apuesta electoral

    En algún momento de la conferencia, Matzkin dejó entrever lo que realmente le preocupa: el tiempo. No el tiempo de los vecinos de San Javier, ni el del dueño del terreno de la costanera, ni el de los trabajadores de la construcción. Su tiempo. El tiempo político.

    ‘Si nos van a tener así de acá hasta el año que viene, que se prepare el zarateño porque no va a salir ni el presupuesto ni nada’, amenazó, como si el bloqueo legislativo fuera una fatalidad meteorológica y no una consecuencia de su propia incapacidad para negociar.

    Y luego, la joya: ‘Si todo lo van a ver como un triunfo político mío, no va a salir nada’.

    Ahí está, al desnudo. Matzkin no puede concebir que alguien vote a favor de un proyecto suyo sin que eso sea un ‘triunfo político’ para él. Y como no puede garantizar que la oposición no se lleve algún crédito, prefiere que no pase nada. Es la lógica del niño que rompe el juguete para que no se lo presten: si no es mío, no es de nadie.

     

    🎭 La oposición ‘constructiva’ que nunca existió

    Matzkin exige una ‘oposición constructiva’. Pero ¿qué entiende por eso? Que la oposición vote lo que él propone, cuando lo propone, sin preguntas, sin modificaciones, sin condiciones. Eso no es oposición constructiva. Eso es oposición inexistente.

    La oposición real, la que existe en democracias maduras, cuestiona, propone alternativas, negocia, acuerda, rechaza cuando debe rechazar. Y el gobierno, si es inteligente, aprende a convencer, a ceder, a encontrar puntos de encuentro. Matzkin no hace eso. Matzkin ordena, y si no le obedecen, grita.

    ‘No me voy a callar más’, prometió, como si el silencio fuera su problema y sin explicar por qué calló hasta ahora. Su problema, en realidad, es que habla demasiado y escucha muy poco.

     

    🔚 Conclusión: el hombre que no aprendió a perder

    Marcelo Matzkin llegó a la intendencia de Zárate con mayoría propia en el Concejo Deliberante y la hizo valer durante dos años sin escuchar a la oposición, impuso su forma de pensar incluso actuando al margen de la ley… pero perdió las elecciones locales. Y en lugar de interpretar esas señales, de que algo en su forma de hacer política no conecta, de que la ciudadanía no le dio un cheque en blanco, eligió el camino del agravio.

    Su conferencia del 16 de julio no fue una muestra de fortaleza. Fue un llanto político, una exhibición de impotencia disfrazada de firmeza. Un intendente que no entiende que en democracia no siempre se gana, que no siempre se tiene la razón, y que gobernar, de verdad, implica aceptar que el otro también existe.

    Quizás algún día entienda que saber gobernar también es saber perder. Que la democracia no es una extensión de la voluntad del ejecutivo. Y que quien no aprende a construir acuerdos, por más proyectos que tenga en el cajón, termina gobernando para la nada.

    ‘Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copias a sus amigos: nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad. Derrote el terror. Haga circular esta información’.

    RODOLFO WALSH – AGENCIA CLANDESTINA DE NOTICIAS

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