El 8 de julio de 2026, con la misma naturalidad con la que uno tacha un ítem de la lista del supermercado, el intendente Marcelo Matzkin firmó el Decreto Nº 228/26 y vetó por completo la Ordenanza Nº 5352, sancionada apenas veinte días antes por el Honorable Concejo Deliberante de Zárate. La excusa oficial, copiada con el ctrl+c de siempre: ‘superposición normativa’, ‘redundancia técnica’, ‘dificultades para la aplicación uniforme de las políticas públicas’. La verdad, mucho más sencilla y mucho más peligrosa: Matzkin no quiere que nadie le revise el código fuente del poder.
Y es que, para entender este veto, hay que remontarse unos meses atrás. En noviembre de 2025, el mismo Matzkin había firmado el Decreto Nº 532/25, una joyita que convirtió a Zárate en el primer municipio de Argentina en designar formalmente a una inteligencia artificial como funcionaria: ZARA, un chatbot bautizado ‘Directora General de Atención al Vecino No Humana’, con facultades para emitir actos administrativos válidos y vinculantes. Sí, leyeron bien: un algoritmo con poder de firma. Un bot que, según el propio decreto, resolvería reclamos, tramitaría expedientes y firmaría resoluciones las 24 horas del día, sin café, sin sindicato, sin licencia por maternidad y, lo más importante para el Ejecutivo, sin posibilidad de pedirle explicaciones en una sesión del Concejo Deliberante.
La pregunta que deberíamos hacernos no es si ZARA funciona bien o mal… de hecho aún no funciona pese al tiempo transcurrido de su lanzamiento. Lo dijimos en noviembre del año pasado, Zara no existe. La pregunta es: ¿quién controla a ZARA? Y la respuesta, hasta el 18 de junio de 2026, era simple y demoledora: nadie. Solo Matzkin.
⏰ Un detalle que no cierra: ¿cuándo notificaron al Ejecutivo?
Antes de entrar en el fondo del asunto, detengámonos un segundo en algo que parece menor pero que no lo es. El Artículo 108, inciso 2º del Decreto-Ley 6769/58, Ley Orgánica de Municipalidades de la Provincia de Buenos Aires, establece entre las ‘atribuciones y deberes en general del Departamento Ejecutivo’ lo siguiente: ‘Promulgar las Ordenanzas o en su caso vetarlas dentro de los diez (10) días hábiles, contados desde su notificación. Asimismo dar a publicidad en el Boletín Oficial Municipal, las disposiciones del Concejo y las Ordenanzas’.
Fíjense bien: diez días hábiles, contados desde su notificación. No desde la sanción. Desde la notificación al Ejecutivo.
La Ordenanza 5352 fue sancionada el 18 de junio de 2026. El veto fue firmado el 8 de julio de 2026. Entre esas dos fechas hay 14 días hábiles (contando desde el 19 de junio, excluyendo sábados y domingos). Si Matzkin cumplió con la ley y vetó dentro de los 10 días hábiles desde la notificación, eso significa que la notificación al Ejecutivo no pudo haber ocurrido antes del 24 de junio de 2026, es decir, al menos 4 días hábiles después de la sanción.
¿Por qué importa esto? Porque si el Concejo Deliberante demoró cuatro días hábiles en notificar al Ejecutivo una ordenanza que regulaba algo tan sensible como la inteligencia artificial municipal, ¿qué clase de urgencia le dio el propio Concejo a un tema que, según sus propios considerandos, era de ‘interés público y urgente’? O, peor aún: ¿fue el propio Ejecutivo quien demoró en reconocer la notificación para ganar tiempo? La verdad es que no lo sabemos. Y eso, en sí mismo, ya es un problema. Porque cuando el control del tiempo se vuelve opaco, el control del poder se vuelve absoluto.
🤖 La Ordenanza 5352: un intento de ponerle freno a la máquina
El 18 de junio de 2026, el Concejo Deliberante de Zárate sancionó la Ordenanza Nº 5352, un marco normativo local para la adopción de inteligencia artificial en el municipio que, lejos de ser una ‘transcripción textual’ de nada, introducía mecanismos de control que la normativa provincial simplemente no podía, ni debía, alcanzar. Entre otras cosas, la ordenanza creaba:
- Un Programa Municipal de Innovación y Gobernanza en IA (Art. 4°)
- Un Registro Municipal de Sistemas de IA de acceso público (Art. 6°)
- Un Comité de Ética y Gobernanza de IA con participación del HCD (Art. 17°)
- Una Evaluación de Impacto Algorítmico específica para sistemas de alto riesgo (Art. 7°)
- La prohibición expresa de designar IA como funcionario o autoridad (Art. 13°)
- La prohibición de firma automática de actos administrativos (Art. 14°)
- El derecho del vecino a solicitar derivación a un agente humano (Art. 12°)
- Un Informe Anual de Gestión de IA (Art. 18°)
- Y, crucialmente, un régimen específico para ZARA que limitaba sus funciones a orientación y derivación, prohibiéndole emitir decisiones con efectos jurídicos (Art. 15°)
En otras palabras: el Concejo Deliberante intentó ponerle un cinturón de seguridad a un auto que Matzkin había puesto a funcionar a 200 km/h sin frenos. Y Matzkin, obviamente, se negó.
🎪 El argumento del veto: una comedia de errores jurídicos
En los considerandos del Decreto 228/26, Matzkin sostiene que la Ordenanza 5352 es ‘una reproducción del modelo normativo impulsado por la Coalición de Ciudades por la IA en Argentina (CIIAR)’ y que ‘no introduce aspectos que no sean ya alcanzados por la reglamentación que este Departamento Ejecutivo ha producido con base en la Resolución 9/2025’. Dicho de otra forma: ‘ya lo hice yo, no hace falta que lo hagan ustedes’. El problema es que eso es, técnicamente, falso.
La Resolución Nº 9/2025 de la Subsecretaría de Gobierno Digital de la Provincia de Buenos Aires, aprobada el 14 de noviembre de 2025, es una norma de rango reglamentario con alcance exclusivamente provincial. Establece principios generales —neutralidad tecnológica, centralidad de la persona humana, transparencia, trazabilidad, responsabilidad— y crea un Registro Provincial de IA, pero no puede regular la organización interna del municipio, ni crear comités de ética locales, ni limitar las funciones de ZARA, ni establecer derechos ciudadanos específicos como el canal humano o la revisión de decisiones automatizadas.
La CIIAR (Coalición de Ciudades por la Inteligencia Artificial en Argentina), por su parte, es una red de gobiernos locales, Córdoba, Rosario, Mendoza, Neuquén, Pilar, Escobar, entre otros, que busca promover el uso ético y colaborativo de la IA en la gestión pública. Que la Ordenanza 5352 se inspire en estándares de la CIIAR no la invalida; por el contrario, la acredita como una norma que responde a parámetros internacionales de gobernanza digital. El argumento de Matzkin es como decir que no hace falta una ordenanza local de tránsito porque ya existe el Código Nacional: es absurdo, y lo peor de todo es que lo sabe e igual lo impulsa.
🏛️ Tres distorsiones democráticas en un solo decreto
El veto de Matzkin no es un ejercicio técnico de racionalización normativa. Es un veto político que utiliza la retórica de la ‘eficiencia administrativa’ para deshabilitar la participación del Concejo Deliberante y de los ciudadanos en la gobernanza de una tecnología que afecta derechos fundamentales. Y lo hace a través de tres distorsiones que no podemos pasar por alto:
Primera: la centralización unilateral del control. Al eliminar el Comité de Ética y Gobernanza de IA, con participación del Concejo Deliberante, y el Registro Municipal de acceso público, Matzkin concentra toda la gobernanza de IA en su Departamento Ejecutivo. Sin contrapesos. Sin auditoría. Sin rendición de cuentas. ZARA sigue siendo suya, y solo suya.
Segunda: el debilitamiento de la fiscalización. La ordenanza exigía un Informe Anual de Gestión de IA y un Registro público de sistemas. El veto impide que el Concejo y los vecinos sepan qué sistemas de IA opera el municipio, con qué datos, y con qué impacto. En un municipio donde ya se designó a un chatbot como funcionaria, ¿no deberíamos saber al menos qué otras ‘funcionarias no humanas’ están por llegar?
Tercera: la inmunidad institucional de ZARA. La ordenanza regulaba específicamente al asistente virtual, limitando sus funciones a orientación y derivación, y prohibiendo que emita decisiones con efectos jurídicos. El veto deja a ZARA regulado únicamente por el Decreto 532/25 del propio Intendente, sin contrapeso normativo del Concejo. Un bot que firma actos, sin ley que le ponga límites. ¿Suena a modernización o a distopía?
🎯 La verdadera motivación: miedo a perder el control del algoritmo del poder
Veamos las cosas como son. Matzkin no vetó la ordenanza por ‘redundancia técnica’. Los argumentos técnicos son pretextos. La verdadera motivación es mucho más clara y mucho más preocupante:
- Evitar que el Concejo Deliberante tenga incidencia en la gobernanza de IA. La ordenanza creaba un Comité de Ética con participación del HCD y exigía informes anuales. Esto habilitaba al Concejo a fiscalizar las decisiones del Ejecutivo en materia de contratación, implementación y uso de IA. Y eso, en la lógica de Matzkin, es inaceptable.
- Preservar la discrecionalidad del Ejecutivo en contrataciones con IA. La ordenanza establecía cláusulas mínimas contractuales, auditoría, prohibición de entrenamiento con datos de vecinos, notificación de incidentes, que limitaban la libertad del Ejecutivo para contratar sin controles.
- Evitar la ‘reserva de humanidad’ y la ‘revisión humana’ como derechos ciudadanos. La ordenanza convertía en derechos la supervisión humana y la revisión de decisiones automatizadas. El veto elimina estos derechos, dejando la supervisión como mera política interna del Ejecutivo. El vecino deja de ser sujeto de derechos y pasa a ser objeto de política.
- Proteger a ZARA de regulación legislativa. El asistente virtual fue creado por decreto del Intendente. La ordenanza lo regulaba como Asistente Virtual Municipal con límites claros. El veto evita que el Concejo Deliberante limite las funciones de una herramienta creada unilateralmente por el Ejecutivo. ZARA sigue siendo intocable, porque Matzkin quiere que siga siendo intocable.
🔮 ¿Y ahora qué?
Zárate está en una encrucijada. Podemos seguir por el camino de la ‘modernización’ sin controles, donde el Intendente es el único árbitro de una tecnología que afecta derechos fundamentales, donde un chatbot firma actos administrativos sin que nadie sepa cómo funciona, donde la oposición es un decorado y el Concejo Deliberante una formalidad burocrática. O podemos construir algo distinto.
Construir una alternativa política en Zárate no es solo elegir otro candidato. Es elegir otro modelo de gobierno. Es decir que no alcanza con cambiar de color de partido si no cambiamos la lógica del poder. Es entender que la tecnología no es neutral, que los algoritmos no son objetivos, y que una IA sin control democrático es solo una herramienta más de concentración de poder.
La Ordenanza 5352 era un paso en esa dirección. No era el paso definitivo, pero era un paso. Y Matzkin lo vetó. No porque fuera mala, sino porque le daba el control a los ciudadanos. Y eso, en su lógica, es lo único realmente inaceptable.
Así que la pregunta que le dejo a los vecinos de Zárate, y a los que sueñan con un Municipio diferente, mejor, es esta: ¿queremos seguir siendo gobernados por algoritmos que no podemos revisar, o queremos construir una democracia donde la tecnología sirva a la gente y no a la vanidad de quienes creen que el poder les pertenece exclusivamente a ellos?
Porque ZARA no duerme. Pero los que deberíamos estar más despiertos somos nosotros.
‘Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copias a sus amigos: nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad. Derrote el terror. Haga circular esta información’.
RODOLFO WALSH – AGENCIA CLANDESTINA DE NOTICIAS
