Históricamente se mencionaba a quienes ocupaban cargos de responsabilidad en el Estado como parte de la clase política, pero desde la irrupción del partido izquierdista Podemos en España, hace ya una década, se comenzó a hablar de casta política en la discusión electoral ibérica. Pablo Iglesias, su líder ‘no utiliza la forma tradicional de atacar directamente la ideología o el programa político de los partidos, sino que surge frente a un modelo de hacer política instalado en los partidos con capacidad de gobierno, cuyos dirigentes detentan el poder en su propio beneficio y sin tener en cuenta para nada los intereses de los ciudadanos a los que representan’.
Como señala Luis González, Podemos sigue ‘la tesis de la “Ley de Hierro de las Oligarquías” sustentada por Robert Michels en su obra Partidos Políticos. Un estudio sociológico de las tendencias oligárquicas en los partidos modernos que sostiene que en todos los partidos políticos se producen tendencias oligárquicas, es decir, las elites o cuadros dirigentes se creen indispensables y confunden sus intereses con los del partido, de tal forma que tienden a evitar todo tipo de democracia interna real que pueda quitarles sus cargos de decisión y preeminencia, para así poder beneficiarse de las prebendas que se consiguen en la detentación de cargos políticos, es decir, cuando se convierten en clase gobernante real, léase la “clase política” de la que nos habla Gaetano Mosca. Es este proceso oligárquico excluyente dentro de los partidos lo que convierte la “clase política” en “casta política”. La “casta” restringe en todo lo posible el acceso de otros a disfrutar de sus posiciones de privilegio y solamente permite que el inevitable relevo generacional se produzca mediante el sistema de cooptación. La cooptación busca siempre preservar un cierto control y ascendiente de las antiguas elites sobre las nuevas.’
Esta idea de casta la importó a Argentina de forma masiva Javier Milei, quien utiliza este concepto en los términos de Mitchels, acción por la cual es muy criticado por ‘meter a todos en la misma bolsa’, pero la realidad es que son pocos los casos en los que quienes detentan posiciones de poder no se alían para garantizar su propia supervivencia. Ya no importa la ideología, importa el mantenimiento del status quo, su status quo.
Algo de esto, a menor escala ocurre en Zárate.
El sábado pasado te contamos las irregularidades y los delitos cometidos en el seno del Concejo Deliberante en el proceso de pedido de licencia de Walter Unrein y Norberto Toncovich. Llamativamente ni los concejales ni las autoridades del Departamento Deliberativo se pronunciaron al respecto.
Todos son conscientes de lo ocurrido, y sin embargo nadie hace nada. ¿Por qué? Porque funcionan como casta. Cuando uno conoce un delito y no hace nada al respecto es cómplice de él. Y los concejales saben qué el pasado jueves se falsearon documentos públicos y que esta tarea fue realizada, o en connivencia, por funcionarios públicos. ¿Por qué callan entonces? Porque quieren seguir disfrutando de sus posiciones de privilegio.
¿Cómo es que puede presentar licencia como concejal alguien que no es concejal y no ocurra nada?
¿Cómo es que se pueden quitar o poner documentos de un expediente con total desparpajo e impudicia?
¿Por qué nadie asume las responsabilidades del caso? Todos cometemos errores y se deben corregir si así fuera el caso, pero el fin no justifica los medios, y no se puede cometer un delito para subsanar un error, y después no se puede desandar el camino, el delito ya se cometió y por lo tanto los funcionarios públicos tienen la obligación de denunciarlo. ¿Por qué no lo hacen? ¿Por qué eligen ser cómplices de un ilícito en lugar de hacer lo que se debe hacer?
Los delitos no se corrigen, se denuncian.
Marcelo Matzkin, Natalia Blanco, Leandro Matilla, Juan Carlos Doti D’Acosta son abogados, ¿no saben que es un delito eliminar partes de un documento público como es un Expediente legislativo? ¿No saben que para corregir la situación no hay que devolver lo quitado?
¿Esto se hizo bajo el conocimiento y la responsabilidad de ustedes? Si no fue así, y no tengo nada para imaginar que así haya sido, ¿por qué no formulan la denuncia correspondiente para que se investigue? ¿Por qué se actúa como casta?
Si están dispuestos a actuar así ante una licencia de concejal, ¿qué están dispuestos a hacer ante una licitación millonaria?
No hay medias tintas en esto, no hay grises. Al delito se lo combate o se es cómplice.
Pero ¿Qué hacen quienes dicen querer combatir estas prácticas de casta? Hacen lo mismo, callan. Cabe preguntarse si lo que quieren es combatir la casta o hacerse un huequito para permanecer en ella. Los hechos tienden a hacernos creer que van por la segunda opción. Como la mayoría de quienes militan en los diferentes partidos políticos de actuación local, siguen una lógica gallineril en la que se aguantan las cagadas de quien está en la cima del palo esperando el momento de ser ellos mismos quienes ocupen ese lugar.
No es la forma.
Decía Leandro Alem que ‘Nunca he participado de esa idea de que en política se hace lo que se puede y no lo que se quiere. Para mí hay una tercera fórmula que es la verdadera. En política, como en todo, se hace lo que se debe, y cuando lo que se puede hacer es malo, ¡no se hace nada!’, es hora de actuar en consecuencia.
Así actuamos.
‘Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copias a sus amigos: nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad. Derrote el terror.’
RODOLFO WALSH – AGENCIA CLANDESTINA DE NOTICIAS
