Como en aquellos dibujitos animados que mirábamos cuando éramos chicos, el bien siempre triunfa. El coyote nunca atrapa al correcaminos, Popeye siempre vence a Brutus y se queda con Olivia, Pierre Nodoyuna nunca alcanza la victoria a partir de sus trampas, todos los que crecimos mirando la tele en la década del ‘80 nos formamos bajo esa premisa, el bien siempre triunfa.
Y como era de esperar, mi generación buscó llevar esos valores a su vida personal y profesional, ya sea en el ámbito personal o en el político partidario, que para muchos era el mismo que el familiar.
Y Zárate sabe mucho de partidos familiares. Nuevo Zárate, además de ser un partido vecinal es un partido familiar, donde las relaciones de primer grado, tanto horizontal como vertical, son moneda corriente y en el que el caso de Osvaldo Cáffaro y Patricia Moyano es el mayor, aunque no único exponente. Pero no es Nuevo Zárate el único ejemplo de partido familiar, quien más cabalmente representa esta idiosincrasia de construcción política es el moranismo, pero no el de Oscar Felipe sino el de Gustavo Aldo, quien supo construir, con diferentes fachadas y máscaras, un verdadero partido familiar en el que las principales candidaturas se reparten entre él y su hija Micaela, la nena.
Desde hace una década acaparan los mejores lugares que el frente Renovador, o como se llame oportunamente, tiene en Zárate o en representación del Distrito. Así el pater familia fue candidato a Intendente, compitiendo con Osvaldo Cáffaro, y a concejal, donde terminó acompañando a Osvaldo Cáffaro sin sonrojarse ni explicar su cambio de opinión, que no necesariamente fue un cambio de pensamiento, ya que así como el bien siempre triunfa, el poder todo lo puede.

La nena, por su parte fue electa concejal en 2015, y en mitad de mandato ya se estaba candidateando a Diputada Provincial en reconocimiento a su labor como edil (¿?), reconocimiento que también le dieron los zarateños al otorgarle la posibilidad de reelegir como concejal en 2019, aunque asumió y en la misma sesión de asunción pidió licencia una vez que quien encabezaba la lista de diputados seccional, que hasta entonces había ejercido el cargo, Lisandro Bonelli, pidió licencia para fungir como Jefe de Gabinete del Ministro de Salud Ginés González García y, según las denuncias presentadas en la Justicia, coordinar el vacunatorio VIP en el Ministerio, para ejercer entre 2019 y 2021 como diputada provincial. Una verdadera saltimbanqui de la política, tanto en lo que respecta a cargos como en lo concerniente a fuerza política.
Dada su labor como legisladora provincial fue reconocida nuevamente (¿?) y propuesta como candidata a Diputada Nacional por el Frente de Todos, cargo para el que no resultó electa pero quedó en las postrimerías de asumir si hay un movimiento de legisladores a puestos del Ejecutivo Provincial o Nacional, es decir, podría volver a beneficiarse de un movimiento entre poderes y asumir como Diputada Nacional, mientras tanto volvió a ejercer su concejalía, de la que se había licenciado en 2019.
Durante sus años como diputada provincial presentó 27 proyectos de ley, muchos sobre declaración de personalidades, pocos sobre cuestiones de relevancia para los bonaerenses y ninguno sobre la temática de transporte, y ¿Por qué focalizamos en este tema? Porque ayer salió publicado en el Boletín Oficial el Decreto 61/2022 que en su artículo 1 señala ‘Desígnase a la abogada Micaela MORAN (D.N.I. N° 31.409.736) en el cargo de Subsecretaría de Planificación y Coordinación de Transporte de la SECRETARÍA DE PLANIFICACIÓN DE TRANSPORTE del MINISTERIO DE TRANSPORTE.’ (sic). Desconocemos si hizo un curso acelerado de cuestiones de transporte entre diciembre y enero o si, como sospechamos, aceptó un puesto sin tener ni la menor idea de la temática que lo involucra.
Una verdadera paracaidista.
Lo que no desconocemos es que Micaela Morán no pidió licencia en su labor como concejal, que cierto es que legalmente no debe pedirla, aunque éticamente cuesta entender cómo le dan los tiempos para desarrollar cabalmente ambas tareas, algo que por cierto realizan la mayoría de los concejales zarateños, que no suspenden sus tareas anteriores sino que suman el rol de concejal al que dedican parte de su tiempo libre… lo cual, queda claro, no es como se debe desarrollar la tarea de concejal. Pero ya sabemos que la ética no se legisla. ¿Qué hará? ¿Pedirá licencia o siguiendo el ejemplo de papá acumulará tareas y, en caso de tener que dejar de ser concejal por una ‘urgencia’ abandonará como lo supo hacer en plena pandemia mintiéndole a sus pares y a los vecinos zarateños? De hecho actualmente ostenta los dos cargos y así se presenta en sus redes sociales… aunque aclara que su concejalía es ad honorem, porque para ella es un problema de dinero, no de valores.
Sí hay que reconocerle a Micaela Morán que en silencio supo conseguir lo que Cáffaro no, un lugar en el gobierno nacional, ya que Cáffaro pese a anunciar el 2 de diciembre pasado que ‘he sido convocado a formar parte del Gobierno Nacional en el Ministerio de Desarrollo Territorial y Hábitat’ aún sigue esperando su nombramiento.
Como en aquellos dibujitos de los ’80, el bien siempre triunfa, y una buena concejalía (¿?) la catapultó a una diputación provincial, su buena gestión (¿?) como legisladora bonaerense la proyectó como candidata a diputada nacional, y el perder las elecciones y tener que volver al Concejo Deliberante zarateño alertó al Ministro Alexis Guerrera para no perder semejante ‘cuadro político’ del moranismo local.
Triunfó el bien, el bien personal de garantizarse un conchabo desde el que poder exponerse y tener mejores ingresos a fin de mes. El bien de la política familiar para pocos. El bien de ir tras un cargo.
¿Cuál será el próximo salto?

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