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    La política del éxito es el fracaso de la política

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    By principedelmanicomio on 10 agosto, 2021 Artículos periodísticos

    Decía el ex técnico de la selección nacional de fútbol Carlos Salvador Bilardo que ‘El segundo es el primero de los perdedores’, por lo que en su opinión el éxito es un momento determinado y no la culminación de un proceso en el que se van obteniendo pequeños logros que van cimentando el éxito final. De hecho, hay casos en los cuales el éxito también es del segundo, por ejemplo en la clasificación a un mundial de fútbol, para seguir en la misma tónica.

    Lamentablemente son muchos los bilardistas que, de manera explícita o solapada, hacen de esta frase de Bilardo una premisa en su vida, el Intendente Osvaldo Cáffaro por ejemplo. Amante de los juegos de suma cero demuestra en los hechos, más allá del discurso, que el éxito es individual y no colectivo, no pueden ser varios los que ganan, en su opinión uno gana y el otro pierde, aunque el uno en cuestión se pueda constituir por varias personas. Y el ejemplo se vio en los últimos Juegos Olímpicos.

    Por el contexto en que se hicieron, que incluyó la postergación de un año, los últimos Juegos Olímpicos desarrollados en Tokio fueron especiales, aunque no solo por el COVID-19, tuvieron varios condimentos especiales.

    El retiro de Simone Biles privilegiando su entereza mental por sobre la gloria deportiva, incluso porque el intentar alcanzarla ponía en riesgo su integridad física y psíquica.

    El caso del italiano Gianmarco Tamberi y el catarí Mutaz Essa Barshim, quienes renunciaron a seguir saltando en alto aun teniendo la posibilidad de alzarse en solitario con la medalla de oro y decidieron compartir el primer puesto con su contrincante.

    La enseñanza de Delfina Pignatiello, que reconoció que no había alcanzado sus objetivos deportivos en Japón pero que para ella había sido un gran aprendizaje su participación en los Juegos, y que ello la impulsaba a esforzarse por mejorar en el futuro.

    Pero lamentablemente no todos piensan así.

    El intendente alentó a aquellos que obtuvieron éxito en sus incursiones olímpicas. Así entonces saluda que el equipo nacional de básquet haya pasado a cuartos de final pero nada se dice tras su derrota en dicha instancia, celebra que el equipo de vóley haya obtenido la medalla de bronce pero ni se menciona a las Panteras, nuestro equipo femenino de vóley. Parece ser que ellas no lo dan todo, para utilizar las palabras de Cáffaro. O se agradece a las Leonas el ‘representar con tanto orgullo a la Argentina’, pero no se dice lo mismo de los Leones, ¿Será que su falta de medalla no nos enorgullece?

    El reconocimiento, para el Intendente, tiene relación directa con el éxito, y en un Juego Olímpico está dado por la obtención de una medalla. Mal ejemplo se da a la juventud pese a que en un posteo se enumere que ‘Zárate Basket Baloncesto no solo es un equipo del torneo federal es la siembra del deporte para futuras generaciones’, siembra que se demoró más de tres años y que lejos está de ser parte del proceso que alumbró el nacimiento de ‘su’ equipo de básquet.

    No, el deporte no es eso, de hecho son más las veces que se pierde que las que se gana, y el ejemplo es otro.

    Ejemplos son los casos del ecuatoriano Claudio Villanueva o la uruguaya María Pía Fernández, quienes lesionados decidieron seguir compitiendo para demostrar que uno puede y debe sobreponerse a las dificultades y seguir adelante.

    Ellos no obtuvieron medallas, pero ellos triunfaron. Ellos demostraron a sus compatriotas que nunca hay que darse por vencidos y que hay que luchar por lo que uno cree, y que el éxito está en dejar todo para intentar lograrlo y no en un circunstancial triunfo.

    Como cantara Baglietto, la lucha es de igual a igual contra uno mismo, y el triunfo es haber sido la mejor versión posible de uno mismo, porque ‘No siempre podés ganar. Pero ganar no es solo el resultado, sino dejar todo en la preparación’, tal como dijera Carlos Retegui.

    Por eso es importante aprender de estos ejemplos para la construcción de la sociedad. Porque lo importante es dejar todo para ser cada vez mejores, aportando lo mejor de cada uno y el resultado no necesariamente debe medirse por ‘triunfar’ o no. Si conseguimos que un vecino viva mejor, ya es un triunfo y si en cambio teniendo la posibilidad de cambiar la vida de muchos se elige tan solo cambiar la propia y la de la camarilla que hace la claque como focas aplaudidoras, aún ‘triunfando’ se fracasa.

    En lugar de estar tan preocupados en etiquetar a Retegui o Hernández en las publicaciones sería más interesante que escucharan las reflexiones que hacen. En lugar de postear fotos de Scola sería más loable que sigan sus enseñanzas. En lugar de creer que el éxito personal se cimenta sobre la derrota de quien compite con nosotros sería más oportuno recuperar ese espíritu olímpico que tanto primó en la mayoría de los atletas que participaron en Tokio, que demostraron que los proyectos que valen la pena siempre son colectivos y a largo plazo, y no importa el color de la medalla, ni siquiera la medalla, lo que realmente importa es haber hecho el mayor esfuerzo posible en pos de ese sueño.

    Pareciera que esto está lejos de nuestra realidad cotidiana, pero está mucho más cerca de lo que pensamos. Está en nosotros pensar que el segundo es el primer perdedor o si más allá del puesto que se ocupe circunstancialmente en un momento determinado, el haber dejado todo en las pruebas deportivas tiene que satisfacer a quien lo hace. Uno no es mejor o peor por ganar o perder, tan solo obtuvo un mejor o un peor resultado en un momento preciso.

    Antes que compitiera Evelyn Silvestro todo eran loas para ella, tras no haber alcanzado un puesto en la final, ya nadie habló de ella, pero su mayor triunfo es haber podido estar en Tokio y competir pese a todas las dificultades que tuvo para hacerlo y de las que nadie se acordó oportunamente.

    Ojalá aprendamos como sociedad y llevemos a la práctica lo que tanto pregonamos en el discurso, porque parafraseando a Ricardo Balbín, ‘importa quien lleva el palo, pero lo más importante es la bandera’.

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    Soy Eduardo Rivas, 50 años, casado, 2 hijos.
    Estoy convencido que los mejores proyectos son los colectivos y a largo plazo, y de todos los posibles, el de tratar de construir un mundo mejor, para todos, que merezca ser vivido, es el fundamental.
    En esta página comparto algunas ideas para intentar entenderlo, que es el paso previo para cambiarlo.
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