En el mes de julio el gobernador de la Provincia de Buenos Aires, en una de las conferencias que las autoridades daban para explicar el porqué de la continuidad de la cuareterna y los datos epidemiológicos que la sustentaban, emitió una definición que para mí no estaba equivocada. Si bien muchos de esos datos eran falsos, por lo tanto mentían, y habiendo quedado claro que fueron falseados para fundamentar la toma de ciertas decisiones, hubo una definición de Axel Kicillof que entonces fue tomada en broma y hecha viral y se le pretendió dar una interpretación diferente a lo originalmente expresado.
Dijo el Gobernador que ‘Un estudio que se hizo en Estados Unidos muestra que aquellos que mueren por coronavirus lo hacen antes de lo que les iba a tocar… por la estadística […] Hay un número que a mí me impactó muchísimo: aquellos que murieron por coronavirus perdieron en promedio 11 años de vida. Si no los hubiera agarrado esta enfermedad, hubieran podido, tal vez con dificultades de salud, tal vez… alguno con una edad avanzada, pero en perfecto estado de salud, la edad no es indicador de enfermedad… y murieron de coronavirus’. El mensaje era claro, quienes fallecían por COVID-19 lo hacían bastante antes de la edad promedio a la que fallecen las personas con características parecidas, comparada la edad promedio de los fallecidos con la esperanza de vida, se calculaba que ésta se recortaba 11 años en promedio.
El gobernador dijo otras muchas burradas, pero esto fue una definición precisa. Veamos el caso de Zárate para ver porqué sostenemos esto.
Según los datos oficiales durante la primera ola fallecieron 168 vecinos de Zárate por COVID-19, y en la segunda fallecieron 198 vecinos más, aunque afortunadamente en franca caída tras haber superado el pico de varias semanas atrás, aunque algunos ‘periodistas’ quieran instalar, con la complicidad oficial, que la cantidad de fallecidos ‘llamativamente se mantiene’.
Cuando se hace la apertura por grupo etario, en las primeras 55 semanas de pandemia, la mayor cantidad de fallecidos se concentró en aquellos vecinos que tenían entre 80 y 89 años e iba decreciendo, década a década, con el intercalamiento de quienes tenían 90 o más años que eran el cuarto grupo etario con mayor porcentual de muertes.
Ahora bien, cuando se analizan los fallecidos en las 15 semanas siguientes, cuando la segunda ola se instaló en el país, el grupo etario con mayor participación en el total de fallecidos fue el inmediato anterior, registrándose una brusca caída en la participación de los grupos etarios mayores.
Cuando se analiza cada grupo etario, queda mucho más claro esta realidad.
Ahora bien, lo que cabe analizar, entonces, es qué tipo de tratamiento recibieron los fallecidos, y al respecto es llamativo que solo una minoría pasó por sala de cuidados intensivos, pese a que más del 99% de los casos murieron en nosocomios, y también fue bajo el porcentaje de utilización de asistencia respiratoria, pese a que en el Distrito se repetía hasta el hartazgo que se estaba al límite.
Esta es la graficación de los fallecidos que estuvieron internados en salas de cuidados intensivos:
Y ésta la de quienes requirieron asistencia respiratoria:
¿Qué hubiera pasado si el Estado Municipal hubiera invertido dinero en camas de terapia intensiva en lugar de haber gastado dinero en un polideportivo que no es prioridad para Zárate?
¿Qué hubiera ocurrido si el Estado Municipal hubiera invertido dinero en respiradores en lugar de gastar dinero en un equipo profesional de básquet?
¿Qué hubiera pasado si el Estado Municipal hubiera invertido en Salud las ingentes sumas de dinero que destinó a proyectos fantasmas?
No se trata de historia contrafáctica sino de entender qué se podría haber hecho y no se hizo.
Cierto es que con camas de terapia intensiva ni con respiradores alcanza, ya que el bien más preciado es el capital humano y no se puede formar en los tiempos que era necesario hacerlo, pero tampoco se le dio al personal de salud el trato y el reconocimiento que merecían y merecen.
Mientras las autoridades de salud municipales se tomaban licencia, éstas les eran negadas al personal de salud.
Mientras las autoridades de salud, sus familiares y sus amigos, eran vacunados, el personal de salud no era prioridad en el plan de vacunación municipal.
Mientras las autoridades de salud cobraban en tiempo y forma, el personal de salud cobraba tarde y mal.
Si las autoridades municipales hubieran hecho lo que tenían que hacer, quizás hubiera estado equivocada la descripción del gobernador Kicillof, el Intendente con su proceder le dio la razón porque no hizo todo lo necesario para evitar muertes por coronavirus en el Distrito.






